miércoles, 6 de febrero de 2013

Infalibidad monolítica


Publicamos un artículo que ha traducido un amigo de nuestra bitácora. 

Infalibidad monolítica y divergencias entre antimodernistas
1.                   El mundo católico debe mucho al pueblo sencillo que conserva la fe verdadera, tanto como a los escritores y hombres de acción antimodernistas que en los últimos decenios han desarrollado ampliamente doctrinas y acciones en defensa del depósito sagrado de la Tradición. Envariados campos de la teología, especialmente en la eclesiología y en la liturgia, la profundización de los principios tradionales ha sido notable; y, en el terreno práctico de la vida católica, igualmente, los antimodernistas han batallado con un denuedo heroico que en el futuro la Historia de la Iglesia registrará destacadamente.
Divergencias en los medios antimodernistas
2.                  No son pocos, sin embargo, los desacuerdos que han surgido, en la teoría como en la práctica, entre los antimodernistas. Algunos aceptan incondicionalmente el Concilio Vaticano II, otros no. Algunos se denominan tradicionalistas, otros rechazan esa calificación [1]. Algunos dicen que el Papa Honorio fue hereje, otros lo niegan, y análogas divergencias las hay en relación a numerosos hechos de la historia de la Iglesia. Muchos adoptan algunas teorías doctrinales modernistas, estando a punto de apartarse de la ortodoxia, mientras siguen diciéndose tradicionalistas. Y por ahí siguen las diferencias en los modos de ver, llegándose con frecuencia a graves aversiones personales.
3.                  En el actual momento histórico, no parece posible conciliar posicionamientos tan diversos e incluso opuestos entre sí. Es de esperar que, con el tiempo, con la maduración de las ideas, con el influjo de la gracia que no puede abandonar a la Iglesia, las orientaciones de los fieles verdaderos caminen hacia convicciones convergentes y sólidas, y de que, sumisos al Magisterio como manda la ley de la Iglesia, los antimodernistas acaben por armonizar mejor sus posiciones, repetando siempre el viejo principio: in necessariis unitas, in dubiis libertas, in omnibus caritas.
¿Una infalibilidad monolítica?
4.                  Existe un punto doctrinal fundamental al que no se ve que los tratadistas más eminentes del antimodernismo, así como sus seguidores, den la importancia debida. Se trata del principio de que puede haber errores y herejías en documentos del Magisterio pontificio y conciliar no garantizados por la infalibilidad [2]. En efecto, ese principio está en general ausente de los argumentos antimodernistas, que en los últimos decenios han alimentado y sustentado el orbe católico en la buena doctrina.
5.                  Negar de modo absoluto la posiblidad de error o incluso de herejía en documento pontificio o conciliar no garantizado por la infalibidad, es atribuir a esta un carácter monolítico, que no corresponde a lo que Nuestro Señor quiso e hizo al instituirla. Las prefiguras neotestamentarias son claras: la barca de Pedro casi zozobró, siendo salvada solo por un milagro; Pedro renegó de Jesucristo y no estuvo al pie de la Cruz. Parael episodio de la resistencia de San Pablo y San Pedro en la cuestión de los ritos judaicos, búsquense las explicaciones más sutiles que puedan ser excogitadas, pero es incontrovertible que San Pedro era “digno de reprensión” (“reprehensibilis erat”) [3].
De las enseñanzas no infalibles
6.                  En la historia de la infalibilidad pontificia prevalece hasta nuestros días, infelizmente, incluso en autores tradicionales de los más consagrados, la división simplista y dicotómica, según la cual el Papa solo puede hablar, en materia doctrinal: (1) como doctor privado, o (2) en una definición infalible del Magisterio extraordinario. Para tales autores, “non datur tertium”, esto es, no hay otro modo por el que el Papa pueda hablar, no hay manera de escapar de esas dos alternativas. En esa linea queda en la sombra la tercera posibilidad, que es la de un pronunciamiento magisterial público pero no infalible. En efecto, fue apenas a partir del siglo XIX cuando se explicitó mejor y cristalizó la noción de Magisterio ordinario no infalible, y cuando los Papas y los grandes doctores profundizaron la doctrina preciosa y riquísima según la cual el Magisterio Ordinario puede gozar de infalibilidad, cuando siendo universal en el tiempo y el espacio, cumpla además las otras condiciones de la infalibilidad.
7.                  Grandes autores de la neoescolástica, preocupados por combatir el liberalismo, el modernismo y herejías afines, destacaron siempre la autoridad doctrinal papal, pareciendo insinuar a veces una infalibilidad monolítica, que subsistiría de modo absoluto en todas las circunstancias, como si no dependiese de condiciones, ni siquiera de las que habían sido expresamente declaradas en el Concilio Vaticano I. En la neoescolástica se encuentra sin embargo, con frecuencia, mayor precisión en esos conceptos, tornándose claro de esta manera que ocasionalmente, o en períodos de crisis, o quizá en otras circunstancias extraordinarias, son posibles pronunciamientos papales que no expresen la verdad. Y, en esta materia, lo que vale para el Papa vale también, mutatis mutandis, para el Concilio [4].
8.                  Hay quien dice que, aunque no siempre garantizado por la infalibilidad, un pronunciamiento doctrinal papal o conciliar no puede contener error. Esa posición se enuncia mejor de la sigiente forma: decir que una enseñanza no es infalible, no significa que en ella pueda haber error, significa tan solo que tal enseñanza no está formalmente garantizada por el carisma de la infalibilidad; para esa enseñanza, por lo tanto, incluso no estando asegurada por la infalibilidad, permanece la asistencia del Espíritu Santo, y por lo tanto vale el principio de que no puede contener error. – La buena doctrina, con todo, es otra. Esa asistencia prometida a la Iglesiapuede ser absoluta, asegurando la verdad de la enseñanza, y lo es cuando están cumplidas las condiciones de la infalibidad. Cuando, empero, no están cumplidas tales condiciones, es posible el rechazo de la gracia por el hombre. Y se aplica entonces la regla enunciada por Santo Tomás: “quod potest esse et non esse, quandoque non est” (“lo que puede ser y no ser, a veces no es”). En sana lógica, no se ve como acoger la noción inflacionada monolítica de la infalibilidad, que llevaría al absurdo de un “falible infalible” [5].
Distinguiendo herético de “heretizante”
9.                  Si puede haber error o incluso herejía en documentos papales y conciliares, a fortiori, puede haber en ellos proposiciones merecedoras de censuras menos graves. Aplicado ese principio al Concilio Vaticano II, se ve que el problema no es solo saber si en el habría herejías formales, sino también verificar si, en contraste con la Tradición, hay en sus documentos finales proposiciones favorecedoras del error o de la herejía, con resabios de error o de herejía, ofensivas a los oídos piadosos, escandalosas, o merecedoras de otras censuras teológicas. En una palabra, no se trata solo de saber si en el Concilio hay errores o herejías sino también de verificar si en él hay proposiciones hetizantes [6].
10.              Manifiestamente, una proposición conciliar erronea, herética o heretizante no se incorporaría al patrimonio de las verdades de fe, por no estar ahí cumplidas las condiciones de la infalibidad del Magisterio ordinario. Tal proposición sería una declaración fallida del concilio, el cual no goza de una infalibilidad monolítica. Además en caso de que concurran varias proposiciones heretizantes, articuladas entre sí en un mismo sistema, éste, igualmente, no se incorporaría a la doctrina de la Iglesia.
En conclusión
11.               Entiendo que son apodícticos los argumentos escriturísticos y de la Tradición que fundamentan la doctina de la posibilidad de error y herejía en un documento papal y conciliar no infalible. Por otra parte, la noción de la infalibilidad monolítica inspira la mayor parte, tanto de los sedevacantistas, como de los neoconciliares que atribuyen fuerza dogmática al Vaticano II; y está en la raíz de las dudas, perplejidades y angustias que atormentan a numerosos espíritus fieles. Un amplio esclarecimiento de esa materia sería un factor de convergencia, adecuado para eliminar malentendidos y para reducir diferencias de visión que hay, en la doctrina y en la práctica, entre pensadores y movimientos antimordernistas.


N. de R.: el libro del autor aquí citado, en portugués, puede consultarse aquí.

Notas:
[1] Para indicar el género de aquellos que abrazan la fe verdaera, siguiendo la Tradición católica, empleo preferentemente el término “antimodernistas”, que parece más abarcante que los demás que son de uso corriente, como “tradicionalistas” y “antiprogresistas”.
[2] Ver “La Nouvelle Messe de Paul VI: Quén Penser?”, que publiqué en 1975, Difusion de la Pensée FranÇaise, Chiré-Montreuil, parte II, caps. IX et X, y los trabajos allí citados.
[3] Gal. 2, 11.
[4] “(…) el problema del criterio de la infalibilidad no se pone de manera esencialmente diferente en el caso del papa y del conclio ecuménico. Uno y otro, en efecto, pueden tener la intención de revestir su autoridad de manera parcial, o de manera irrevocable. Solamente esta última voluntad es criterio cierto de infalibilidad (Charles Journet, “L’Église du Verbe Incarné”, Desclée de Brouwer, 3ª ed. Aumentada, 1962, t.I, p. 578, nº 1)]
[5] La expresión es de Jean Madiran, en Le faillible infaillible: l’analyse de Jean Madiran, La Riposte Catholique, 27.11.2012.
[6] Se puede preguntar si lo que aquí escribo no chocaría con la llamada de Benedicto XVI, en el discurso a la Curia Romana de 22-12-2005, para que el Concilio sea interpretado según una “hermenéutica de la reforma en la continuidad”. – En la misma ocasión, el Papa declaró que la aceptación del Vaticano II, “en gran parte de la Iglesia”, esto es, entre los antimodernistas, depende de una “justa clave de lectura y de aplicación”. En espíritu filial y de religiosa sumisión al Magisterio vivo en toda la medida que la doctrina católica impone, digo que las dudas y polémicas sobre el Vaticano II, que desde hace décadas llenan de perprejdad a los católicos fieles, ciertamente se reducirán, o incluso tal vez desaparecerán, si Su Santidad declara, de modo más específico de lo que hasta ahora lo ha hecho, cual es esa “clave” de la interpretación del Concilio como ”reforma en la continuidad”. Por su naturaleza, esa declaración no puede dejar de esclarecer si es teológicamente posible que haya proposiciones heréticas o heretizantes en las enseñanzas conciliares de carácter doctrinal que no hayan cumplido los requisitos de infalibilidad.

Infalibidad monolítica


Publicamos un artículo que ha traducido un amigo de nuestra bitácora. 

Infalibidad monolítica y divergencias entre antimodernistas
1.                   El mundo católico debe mucho al pueblo sencillo que conserva la fe verdadera, tanto como a los escritores y hombres de acción antimodernistas que en los últimos decenios han desarrollado ampliamente doctrinas y acciones en defensa del depósito sagrado de la Tradición. Envariados campos de la teología, especialmente en la eclesiología y en la liturgia, la profundización de los principios tradionales ha sido notable; y, en el terreno práctico de la vida católica, igualmente, los antimodernistas han batallado con un denuedo heroico que en el futuro la Historia de la Iglesia registrará destacadamente.
Divergencias en los medios antimodernistas
2.                  No son pocos, sin embargo, los desacuerdos que han surgido, en la teoría como en la práctica, entre los antimodernistas. Algunos aceptan incondicionalmente el Concilio Vaticano II, otros no. Algunos se denominan tradicionalistas, otros rechazan esa calificación [1]. Algunos dicen que el Papa Honorio fue hereje, otros lo niegan, y análogas divergencias las hay en relación a numerosos hechos de la historia de la Iglesia. Muchos adoptan algunas teorías doctrinales modernistas, estando a punto de apartarse de la ortodoxia, mientras siguen diciéndose tradicionalistas. Y por ahí siguen las diferencias en los modos de ver, llegándose con frecuencia a graves aversiones personales.
3.                  En el actual momento histórico, no parece posible conciliar posicionamientos tan diversos e incluso opuestos entre sí. Es de esperar que, con el tiempo, con la maduración de las ideas, con el influjo de la gracia que no puede abandonar a la Iglesia, las orientaciones de los fieles verdaderos caminen hacia convicciones convergentes y sólidas, y de que, sumisos al Magisterio como manda la ley de la Iglesia, los antimodernistas acaben por armonizar mejor sus posiciones, repetando siempre el viejo principio: in necessariis unitas, in dubiis libertas, in omnibus caritas.
¿Una infalibilidad monolítica?
4.                  Existe un punto doctrinal fundamental al que no se ve que los tratadistas más eminentes del antimodernismo, así como sus seguidores, den la importancia debida. Se trata del principio de que puede haber errores y herejías en documentos del Magisterio pontificio y conciliar no garantizados por la infalibilidad [2]. En efecto, ese principio está en general ausente de los argumentos antimodernistas, que en los últimos decenios han alimentado y sustentado el orbe católico en la buena doctrina.
5.                  Negar de modo absoluto la posiblidad de error o incluso de herejía en documento pontificio o conciliar no garantizado por la infalibidad, es atribuir a esta un carácter monolítico, que no corresponde a lo que Nuestro Señor quiso e hizo al instituirla. Las prefiguras neotestamentarias son claras: la barca de Pedro casi zozobró, siendo salvada solo por un milagro; Pedro renegó de Jesucristo y no estuvo al pie de la Cruz. Parael episodio de la resistencia de San Pablo y San Pedro en la cuestión de los ritos judaicos, búsquense las explicaciones más sutiles que puedan ser excogitadas, pero es incontrovertible que San Pedro era “digno de reprensión” (“reprehensibilis erat”) [3].
De las enseñanzas no infalibles
6.                  En la historia de la infalibilidad pontificia prevalece hasta nuestros días, infelizmente, incluso en autores tradicionales de los más consagrados, la división simplista y dicotómica, según la cual el Papa solo puede hablar, en materia doctrinal: (1) como doctor privado, o (2) en una definición infalible del Magisterio extraordinario. Para tales autores, “non datur tertium”, esto es, no hay otro modo por el que el Papa pueda hablar, no hay manera de escapar de esas dos alternativas. En esa linea queda en la sombra la tercera posibilidad, que es la de un pronunciamiento magisterial público pero no infalible. En efecto, fue apenas a partir del siglo XIX cuando se explicitó mejor y cristalizó la noción de Magisterio ordinario no infalible, y cuando los Papas y los grandes doctores profundizaron la doctrina preciosa y riquísima según la cual el Magisterio Ordinario puede gozar de infalibilidad, cuando siendo universal en el tiempo y el espacio, cumpla además las otras condiciones de la infalibilidad.
7.                  Grandes autores de la neoescolástica, preocupados por combatir el liberalismo, el modernismo y herejías afines, destacaron siempre la autoridad doctrinal papal, pareciendo insinuar a veces una infalibilidad monolítica, que subsistiría de modo absoluto en todas las circunstancias, como si no dependiese de condiciones, ni siquiera de las que habían sido expresamente declaradas en el Concilio Vaticano I. En la neoescolástica se encuentra sin embargo, con frecuencia, mayor precisión en esos conceptos, tornándose claro de esta manera que ocasionalmente, o en períodos de crisis, o quizá en otras circunstancias extraordinarias, son posibles pronunciamientos papales que no expresen la verdad. Y, en esta materia, lo que vale para el Papa vale también, mutatis mutandis, para el Concilio [4].
8.                  Hay quien dice que, aunque no siempre garantizado por la infalibilidad, un pronunciamiento doctrinal papal o conciliar no puede contener error. Esa posición se enuncia mejor de la sigiente forma: decir que una enseñanza no es infalible, no significa que en ella pueda haber error, significa tan solo que tal enseñanza no está formalmente garantizada por el carisma de la infalibilidad; para esa enseñanza, por lo tanto, incluso no estando asegurada por la infalibilidad, permanece la asistencia del Espíritu Santo, y por lo tanto vale el principio de que no puede contener error. – La buena doctrina, con todo, es otra. Esa asistencia prometida a la Iglesiapuede ser absoluta, asegurando la verdad de la enseñanza, y lo es cuando están cumplidas las condiciones de la infalibidad. Cuando, empero, no están cumplidas tales condiciones, es posible el rechazo de la gracia por el hombre. Y se aplica entonces la regla enunciada por Santo Tomás: “quod potest esse et non esse, quandoque non est” (“lo que puede ser y no ser, a veces no es”). En sana lógica, no se ve como acoger la noción inflacionada monolítica de la infalibilidad, que llevaría al absurdo de un “falible infalible” [5].
Distinguiendo herético de “heretizante”
9.                  Si puede haber error o incluso herejía en documentos papales y conciliares, a fortiori, puede haber en ellos proposiciones merecedoras de censuras menos graves. Aplicado ese principio al Concilio Vaticano II, se ve que el problema no es solo saber si en el habría herejías formales, sino también verificar si, en contraste con la Tradición, hay en sus documentos finales proposiciones favorecedoras del error o de la herejía, con resabios de error o de herejía, ofensivas a los oídos piadosos, escandalosas, o merecedoras de otras censuras teológicas. En una palabra, no se trata solo de saber si en el Concilio hay errores o herejías sino también de verificar si en él hay proposiciones hetizantes [6].
10.              Manifiestamente, una proposición conciliar erronea, herética o heretizante no se incorporaría al patrimonio de las verdades de fe, por no estar ahí cumplidas las condiciones de la infalibidad del Magisterio ordinario. Tal proposición sería una declaración fallida del concilio, el cual no goza de una infalibilidad monolítica. Además en caso de que concurran varias proposiciones heretizantes, articuladas entre sí en un mismo sistema, éste, igualmente, no se incorporaría a la doctrina de la Iglesia.
En conclusión
11.               Entiendo que son apodícticos los argumentos escriturísticos y de la Tradición que fundamentan la doctina de la posibilidad de error y herejía en un documento papal y conciliar no infalible. Por otra parte, la noción de la infalibilidad monolítica inspira la mayor parte, tanto de los sedevacantistas, como de los neoconciliares que atribuyen fuerza dogmática al Vaticano II; y está en la raíz de las dudas, perplejidades y angustias que atormentan a numerosos espíritus fieles. Un amplio esclarecimiento de esa materia sería un factor de convergencia, adecuado para eliminar malentendidos y para reducir diferencias de visión que hay, en la doctrina y en la práctica, entre pensadores y movimientos antimordernistas.


N. de R.: el libro del autor aquí citado, en portugués, puede consultarse aquí.

Notas:
[1] Para indicar el género de aquellos que abrazan la fe verdaera, siguiendo la Tradición católica, empleo preferentemente el término “antimodernistas”, que parece más abarcante que los demás que son de uso corriente, como “tradicionalistas” y “antiprogresistas”.
[2] Ver “La Nouvelle Messe de Paul VI: Quén Penser?”, que publiqué en 1975, Difusion de la Pensée FranÇaise, Chiré-Montreuil, parte II, caps. IX et X, y los trabajos allí citados.
[3] Gal. 2, 11.
[4] “(…) el problema del criterio de la infalibilidad no se pone de manera esencialmente diferente en el caso del papa y del conclio ecuménico. Uno y otro, en efecto, pueden tener la intención de revestir su autoridad de manera parcial, o de manera irrevocable. Solamente esta última voluntad es criterio cierto de infalibilidad (Charles Journet, “L’Église du Verbe Incarné”, Desclée de Brouwer, 3ª ed. Aumentada, 1962, t.I, p. 578, nº 1)]
[5] La expresión es de Jean Madiran, en Le faillible infaillible: l’analyse de Jean Madiran, La Riposte Catholique, 27.11.2012.
[6] Se puede preguntar si lo que aquí escribo no chocaría con la llamada de Benedicto XVI, en el discurso a la Curia Romana de 22-12-2005, para que el Concilio sea interpretado según una “hermenéutica de la reforma en la continuidad”. – En la misma ocasión, el Papa declaró que la aceptación del Vaticano II, “en gran parte de la Iglesia”, esto es, entre los antimodernistas, depende de una “justa clave de lectura y de aplicación”. En espíritu filial y de religiosa sumisión al Magisterio vivo en toda la medida que la doctrina católica impone, digo que las dudas y polémicas sobre el Vaticano II, que desde hace décadas llenan de perprejdad a los católicos fieles, ciertamente se reducirán, o incluso tal vez desaparecerán, si Su Santidad declara, de modo más específico de lo que hasta ahora lo ha hecho, cual es esa “clave” de la interpretación del Concilio como ”reforma en la continuidad”. Por su naturaleza, esa declaración no puede dejar de esclarecer si es teológicamente posible que haya proposiciones heréticas o heretizantes en las enseñanzas conciliares de carácter doctrinal que no hayan cumplido los requisitos de infalibilidad.

domingo, 3 de febrero de 2013

Peter Vere: banderas rojas



Citado por Ludovicus, lector de nuestra bitácora, publicamos ahora un artículo del canonista Peter Vere.

Separando el trigo de la cizaña: 20 señales de alarma en un nuevo grupo religioso. 
Por Peter J. Vere, J.C.L., M.C.L.

Resumen
El autor describe una ponencia en una convención de Derecho Canónico hecha por el padre Francis Morrisey y discute las razones de la proliferación de nuevos grupos y señales de advertencia que indica que los nuevos grupos puedan estar violando normas de la Iglesia.
Desde la clausura del Concilio Vaticano II, una serie de nuevos grupos han surgido en la Iglesia. Teniendo en cuenta que muchos grupos nuevos empezaron con el pie derecho y mantuvieron una fundación sólida, otros se quedaron en el camino. Esto puede deberse a una doctrina pobre o prácticas cuestionables.
Banderas rojas y señales de alarma
Como abogado canónico a menudo me preguntan lo que la Iglesia busca a la hora de evaluar la formación de nuevos grupos dentro de la Iglesia. Mientras que lo siguiente no es de ninguna manera exhaustivo, presenta una buena lista de banderas rojas y señales de advertencia que le podría dar pautas a cualquier canonista a la hora de examinar una nueva asociación.
El padre Francisco G. Morrisey, OMI, es muy conocido por los alumnos de leyes religiosas. Como miembro permanente de los Oblatos de María Inmaculada, el padre Morrisey posee mucha experiencia de vida en la comunidad religiosa. Él es también profesor de derecho canónico en la Universidad de San Pablo y ex consultor de la Congregación para los Religiosos - el dicasterio en Roma que supervisa las diversas formas de vida consagrada en la Iglesia. Esto le ha dado mucha experiencia en el examen y la evaluación de numerosas órdenes religiosas y los nuevos grupos dentro de la Iglesia.
Hace varios años, el padre Morrisey propone 15 criterios, o señales de advertencia, al evaluar nuevas asociaciones dentro de la Iglesia. Si bien estas señales de advertencia no son ley per se - es decir, ley en el sentido de legislación - la mayoría de los canonistas aceptan estos criterios como una guía sólida en el examen y la evaluación de nuevas asociaciones dentro de la Iglesia. Para quienes tienen acceso a una buena biblioteca eclesiástica, el padre Morrisey presenta y explica estos quince criterios en su artículo "Asociaciones Canónicas", publicado en Informationes, Vol. 26, (2000), pp 88-109.
Para los que no tienen acceso a una biblioteca eclesiástica, o para aquellos que buscan una explicación más accesible para el laico promedio, aquí están los 15 criterios del padre Morrisey junto con mi explicación personal de lo que significa:
Las 15 Señales de Alerta del p. Morrisey
1. Obediencia “total” al Papa. Muchos encontrarán sorprendente esta señal de alerta. Como católicos, ¿no estamos llamados a obedecer al Santo Padre? De hecho, lo estamos. Cuando una nueva asociación busca sinceramente obedecer y seguir las enseñanzas del Santo Padre, los canonistas se muestran en gran parte satisfechos porque el grupo está haciendo lo que los grupos Católicos deben hacer. No obstante, algunas nuevas asociaciones abusan de la sensibilidad católica en este sentido. Estos grupos citan la "obediencia total al Padre Santo", cuando lo que realmente quieren decir es la obediencia parcial a enseñanzas seleccionadas del Santo Padre, sin abrazar todo el mensaje papal. Además, cuando son cuestionados por su parcial obediencia, estos grupos apelarán a su "total" dependencia al Santo Padre en un intento de eludir la autoridad del obispo diocesano. Esto nos conduce a la segunda señal de advertencia del padre Morrisey.
2. Ningún sentimiento de pertenencia a la iglesia local. Como católicos nosotros pertenecemos a la Iglesia universal. Sin embargo, también pertenecemos a la comunidad de la iglesia local, es decir, una parroquia y una diócesis local. Incluso el Santo Padre no está exento a este respecto, que es, después de todo, el Obispo de Roma y por lo tanto pertenece a una Iglesia local romana. Así, el ministerio y apostolado de cualquier forma de asociación debería centrarse en la iglesia local. Si una nueva asociación u orden religiosa no tiene sentido de pertenencia a la iglesia local, entonces esto se convierte en motivo de preocupación.
3. Falta de verdadera cooperación con las autoridades diocesanas. Para pertenecer a la iglesia local, hay que cooperar con las autoridades diocesanas locales. Después de todo, Cristo instituyó su Iglesia como una jerarquía. Dentro de esta jerarquía, nuestro Señor instituyó el cargo de obispo para supervisar una parte de los fieles de Cristo. Así, el obispo local, y no un determinado grupo religioso o asociación, tiene la responsabilidad última para el cuidado de las almas dentro de una ubicación geográfica determinada. Si una nueva asociación se niega o impide la cooperación entre ella y las autoridades diocesanas locales, entonces su fidelidad a la Iglesia es cuestionable.
4. Hacen uso de mentiras y falsedades para obtener la aprobación.Como católicos, nos preocupamos por la verdad. Después de todo, nuestro Señor denuncia a Satanás como el "Padre de la Mentira". De modo que cualquier nueva asociación debe ser veraz en la forma en que se presenta a sus miembros, autoridades de la Iglesia y el mundo exterior. Esto no es sólo una cuestión de honestidad básica, cualquier grupo o asociación que recurre a falsedades para obtener la aprobación es probable que oculte un problema más profundo. La Iglesia entiende que cada asociación, en particular cuando la asociación es nueva, comete errores al involucrarse en el ministerio o el apostolado. Cuando una asociación es honesta, sin embargo, estos problemas son identificados fácilmente y corregidos rápidamente. Esto a su vez aumenta la probabilidad de éxito de la nueva asociación en la Iglesia.
5. Demasiado pronto la insistencia en poner en común todos los bienes. Mientras que la Iglesia tiene un historial de asociaciones y órdenes religiosas en la que los miembros colocan todos sus bienes en común, la decisión de hacerlo debe venir después de un período razonable de cuidadoso discernimiento. Colocar los bienes en común, y las consecuencias de tal decisión son de por vida. Además, el potencial de abuso por parte de quienes administran los bienes comunes es grande. Por lo tanto, los canonistas fruncen el ceño ante cualquier insistencia por parte de una asociación para que sus nuevos o potenciales miembros coloquen sus bienes en común. Debido al hecho de que en los tiempos modernos se ve menos estabilidad en la vida común, a veces con miembros que optan por salir después de varios años, el manejo más prudente de los bienes en común es colocarlos en depósito hasta que un miembro muere. De esta forma, si un miembro se va, sus bienes están disponibles para sus necesidades fuera de la comunidad.
6. Afirmación de revelaciones o mensajes especiales que conducen a la fundación del grupo. Aunque esto representa una señal de advertencia, no es absoluta. La Iglesia reconoce la presencia de muchas apariciones y revelaciones privadas legítimas a lo largo de su historia. Pero no todas las presuntas apariciones o revelaciones especiales resultan ser verdad. Por lo tanto, la Iglesia deberá investigar cualquier caso de revelaciones especiales o mensajes - sobre todo cuando se convierten en el catalizador para fundar una nueva asociación. Sin embargo, si una nueva asociación se niega a divulgar o presentar sus presuntas revelaciones o mensajes especiales a la Iglesia, entonces esto de inmediato pone en duda la autenticidad de la asociación y la supuesta aparición.
7. Status especial del fundador o fundadora. Por supuesto, el fundador o fundadora siempre disfrutará de un papel especial en la fundación de una nueva asociación o comunidad. Sin embargo, en todo lo demás él o ella debe ser un miembro igual que todos los demás. Esto significa que él o ella están igualmente vinculados a las costumbres, las disciplinas y las constituciones de la comunidad. Si el fundador o fundadora demanda comidas especiales, viviendas especiales, exoneraciones especiales a las normas impuestas a los demás miembros de la comunidad, o cualquier otro trato especial, entonces esto es una señal de advertencia clara. Es de especial interés si el fundador o fundadora reclama exoneración de los requerimientos de la moral cristiana, debido a su condición (véase el punto 15 más abajo).
8. Especiales y severas penitencias impuestas. Como Santo Tomás de Aquino enseña, la virtud se encuentra en el centro, entre dos extremos. Por lo tanto, cualquier penitencia impuesta a los miembros de la comunidad debe ser moderada y razonable. Penitencias especiales y graves no son signo de virtud –mejor dicho, son signo de extremismo.
9. La multiplicidad de devociones, sin ningún tipo de unidad doctrinal entre ellos. El propósito de los sacramentales y otras devociones es acercarnos a Cristo y los sacramentos. Por lo tanto los sacramentales no son supersticiones. Una nueva asociación o comunidad debe asegurarse que cualquier devoción especial o sacramental une a sus miembros a Cristo, los sacramentos y la misión de la asociación. Por ejemplo, rezar tres Ave Marías frente a la imagen de San José mientras el Santísimo está expuesto no ofrece esa unidad. La adoración eucarística, la devoción mariana y la devoción a San José son buenas en sí mismas, sin embargo, deben ser ofrecidos de forma individual o colectiva como devoción a la Sagrada Familia. No deben ser ofrecidos en forma simultánea.
10. Promoción de elementos "alternativos" en la vida de la Iglesia.Como se mencionó anteriormente, toda asociación u organización dentro de la Iglesia debe existir para servir a las necesidades de los fieles de Cristo. Por lo tanto, los canonistas ven con recelo cualquier forma de asociación que exista exclusivamente para servir a elementos alternativos - si estos elementos son apariciones especiales, revelaciones privadas, o agendas sociales o políticas extremas, etc.- Esto no es negar que acontecimientos extraordinarios a veces puedan convertirse en el catalizador de una nueva asociación u orden religiosa. Por ejemplo, San Francisco de Asís fundó los franciscanos después de recibir una locución de nuestro Señor: "Reconstruye Mi Iglesia." Sin embargo, San Francisco no buscó a los franciscanos con la intención de promover su locución interna. Más bien, la locución interna inspiró a San Francisco para fundar una orden que serviría a la Iglesia.
11. Votos especiales. Dentro de la Iglesia se encuentran los tres votos tradicionales de pobreza, castidad y obediencia. Votos adicionales o especiales presenta numerosos problemas. A menudo, los votos especiales se reducen a los medios a través del cual los superiores indebidamente controlan a los miembros de la comunidad o asociación. El peligro es particularmente patente en un voto especial que no puede ser verificado externamente. Tomemos "alegría" como un ejemplo, se suele apelar a la evidencia objetiva de que alguien no está viviendo una vida de pobreza, castidad y / o obediencia, pero como "alegría" es un sentimiento, es demasiado subjetivo para ser juzgado de manera objetiva.
12. Secreto absoluto impuesto a los miembros. Mientras que algo de discreción y privacidad es necesario en cualquier comunidad de la Iglesia o asociación, el secreto no debe ser absoluto a menos que uno sea un confesor que tiene que preservar el secreto de confesión. Por lo tanto, cualquier asociación u organización que impone el secreto absoluto sobre sus miembros debe ser abordado con la máxima precaución. Los miembros siempre deben tener libertad para acercarse a los funcionarios diocesanos y la Santa Sede, si surgen algunos problemas dentro de la comunidad que no se abordan de forma adecuada. Asimismo, dado que estas asociaciones están al servicio de la Iglesia, todos los miembros deben poder conversar libre y honestamente con los miembros de la jerarquía de la Iglesia cuando se les solicite.
13. Control sobre la elección de los confesores y directores espirituales. Confesión y dirección espiritual conciernen al fuero interno - es decir, aquellas cosas que sólo competen a la conciencia de la persona. Dentro de unos límites razonables, una persona debe tener libertad para elegir su confesor y director espiritual. Por otra parte, la obediencia a los superiores en la realización de un apostolado o ministerio de una asociación concierne al fuero externo. En otras palabras, estas últimas son acciones públicas que pueden ser verificadas externamente. El papel del confesor y director espiritual no debe confundirse nunca con el papel de superior. No debería existir ningún tipo de confusión. De particular interés para los canonistas es cuando un superior se impone a sí mismo como confesor y / o director espiritual de un miembro a su cargo. Después de todo, el superior tendrá que tomar decisiones acerca del futuro del miembro - y al hacerlo existe fuerte tentación de hacer uso de la información recogida bajo el sello de la confesión.
14.Profundo descontento con los institutos anteriores que algunos miembros formaron parte. Al igual que algunas de las otras banderas rojas presentadas, esta señal de advertencia no es absoluta. A veces existe una muy buena razón para el descontento de un miembro con su instituto anterior. Sin embargo, un profundo descontento con un instituto anterior deberá ser examinado cuidadosamente. En la mayoría de los casos, este descontento apunta a algunos problemas más profundos con el individuo, sobre todo si él o ella tiene una historia de "conflicto de personalidades".
15. Cualquier forma de inmoralidad sexual como base. Esta señal de alerta se explica por sí sola. La enseñanza de la Iglesia es clara cuando se trata de moral sexual. Si la inmoralidad sexual es la base para un nuevo grupo o asociación, la asociación debe ser evitada. Además, uno debe inmediatamente informar de ello a la autoridad competente de la Iglesia.
Cinco Señales adicionales de advertencia de la Asociación de Estudios Sectarios Internacionales
Además de las quince señales de advertencia presentadas por el p. Morrisey, el Dr. Michael Langone ha reunido una lista de trece criterios por los cuales muchos expertos juzgan a un grupo de ser una secta. Dr. Langone es un psicólogo asesor y el Director Ejecutivo de la Asociación Internacional de Estudios Sectarios (ICSA). Ha pasado casi 30 años investigando y escribiendo sobre los cultos, y durante 20 años ha sido el editor de la Revista de Estudios Sectarios. Los siguientes cinco criterios han sido adaptados de trece criterios del Dr. Langone y aplicados al contexto de las asociaciones católicas. Algunos canonistas las consideran útiles para evaluar la legitimidad de una nueva asociación en la Iglesia.
1. El grupo está preocupado por traer nuevos miembros. Por supuesto, cada nueva asociación, si quiere crecer, se propone incrementar su membresía. Este crecimiento, sin embargo, debe venir porque los miembros potenciales se identifican con la misión o el apostolado de la asociación. Además, los miembros sólo deben unirse después de un período razonable de discernimiento. Por lo tanto, cualquier forma de asociación, cuyo objetivo principal es atraer a nuevos miembros, con exclusión de otros actos de apostolado o ministerio, debe ser examinado cuidadosamente.
2. El grupo está preocupado por ganar dinero. Al igual que el criterio anterior, no hay nada de malo per se en recaudar dinero para una asociación o apostolado. Después de todo, Cristo y los Apóstoles usaron dinero. Sin embargo, el dinero debe ser un medio de llevar a cabo el ministerio legítimo y el trabajo apostólico. Recaudar dinero nunca debe ser un fin en sí mismo. Además, los medios empleados en la recaudación de dinero deben ser honestos y transparentes.
3. Elitismo. La Iglesia Católica reconoce que en virtud de su bautismo, una cierta igualdad existe entre los fieles de Cristo, sin importar si se pertenece al laicado, a la vida religiosa, o al estado clerical. Además, entre las órdenes religiosas y las nuevas formas de vida consagrada, la Iglesia reconoce distintos tipos de carismas. Algunos son activos, ya que tienden fuertemente hacia el ministerio activo y el trabajo apostólico. Otros son contemplativos, en la que tienden más hacia la oración y la contemplación. Por supuesto, usted encontrará todo en el medio. Por lo tanto, cualquier forma de asociación que sólo reconoce vocaciones para su asociación no está pensando con la mente de la Iglesia. Tampoco las asociaciones con una mentalidad polarizada que dividen sus vocaciones de las del resto de la Iglesia.
4. El liderazgo induce sentimientos de culpa en los miembros para poder controlarlos. Una vocación dentro de la Iglesia debería ser elegida libremente. Del mismo modo, la obediencia es algo que un superior debe inspirar entre aquellos que están a su cargo. Aunque a veces ocurre que un superior debe imponer su voluntad a un miembro en particular, la obediencia no se debe coaccionar a través de medios ilícitos o indebidos. Además, si un superior constantemente debe imponer su voluntad sobre la mayoría de los miembros a través de medios coercitivos, entonces esto demuestra una problema de salud a largo plazo de la asociación o grupo religioso.
5. Los miembros del grupo rompen completamente con el mundo exterior.Por supuesto, uno debe tener cuidado aquí. Después de todo, la Iglesia tiene una larga y honorable tradición de las órdenes de clausura y contemplativa que se separan de las actividades del día a día del mundo exterior. Sin embargo, incluso las órdenes de más estricta observancia fomentan algunas formas de comunicación con el exterior con los amigos, la familia y el mundo. Por lo tanto, es motivo de preocupación cuando una asociación, sobre todo si la asociación así está establecida, anima a sus miembros a cortar por completo los lazos con los amigos, la familia y el mundo exterior. Además, hay que tener cuidado con las asociaciones que fomentan o exigen que sus miembros vivan y / o sociabilicen sólo con otros miembros del mismo grupo o asociación. También hay que tener cuidado si la asociación o amistades con personas fuera del grupo es animado sólo cuando se utiliza para promover las metas del grupo.
Reflexiones finales
Cada nueva asociación dentro de la Iglesia tiene su carisma propio y único. Sin embargo, la meta de cada nueva asociación debe cumplir con una necesidad particular dentro de la Iglesia. Una asociación se vuelve peligrosa si se le permite colocar sus propios intereses o los de su fundador y / o líder, antes que el bien común de la Iglesia - tanto a nivel local y universal.
Si se observa la presencia de más de un par de señales de aviso anteriores en el momento que se evalúa una asociación en particular, entonces los católicos deben ser cautelosos acerca de involucrarse con el grupo en cuestión. Esta asociación tiene probablemente dificultades con legítimas autoridades de la Iglesia y puede incluso degenerar en un culto - un grupo destructivo que cause daño psicológico y espiritual, representa un peligro para sus miembros.

 Tomado de:



Peter Vere: banderas rojas



Citado por Ludovicus, lector de nuestra bitácora, publicamos ahora un artículo del canonista Peter Vere.

Separando el trigo de la cizaña: 20 señales de alarma en un nuevo grupo religioso. 
Por Peter J. Vere, J.C.L., M.C.L.

Resumen
El autor describe una ponencia en una convención de Derecho Canónico hecha por el padre Francis Morrisey y discute las razones de la proliferación de nuevos grupos y señales de advertencia que indica que los nuevos grupos puedan estar violando normas de la Iglesia.
Desde la clausura del Concilio Vaticano II, una serie de nuevos grupos han surgido en la Iglesia. Teniendo en cuenta que muchos grupos nuevos empezaron con el pie derecho y mantuvieron una fundación sólida, otros se quedaron en el camino. Esto puede deberse a una doctrina pobre o prácticas cuestionables.
Banderas rojas y señales de alarma
Como abogado canónico a menudo me preguntan lo que la Iglesia busca a la hora de evaluar la formación de nuevos grupos dentro de la Iglesia. Mientras que lo siguiente no es de ninguna manera exhaustivo, presenta una buena lista de banderas rojas y señales de advertencia que le podría dar pautas a cualquier canonista a la hora de examinar una nueva asociación.
El padre Francisco G. Morrisey, OMI, es muy conocido por los alumnos de leyes religiosas. Como miembro permanente de los Oblatos de María Inmaculada, el padre Morrisey posee mucha experiencia de vida en la comunidad religiosa. Él es también profesor de derecho canónico en la Universidad de San Pablo y ex consultor de la Congregación para los Religiosos - el dicasterio en Roma que supervisa las diversas formas de vida consagrada en la Iglesia. Esto le ha dado mucha experiencia en el examen y la evaluación de numerosas órdenes religiosas y los nuevos grupos dentro de la Iglesia.
Hace varios años, el padre Morrisey propone 15 criterios, o señales de advertencia, al evaluar nuevas asociaciones dentro de la Iglesia. Si bien estas señales de advertencia no son ley per se - es decir, ley en el sentido de legislación - la mayoría de los canonistas aceptan estos criterios como una guía sólida en el examen y la evaluación de nuevas asociaciones dentro de la Iglesia. Para quienes tienen acceso a una buena biblioteca eclesiástica, el padre Morrisey presenta y explica estos quince criterios en su artículo "Asociaciones Canónicas", publicado en Informationes, Vol. 26, (2000), pp 88-109.
Para los que no tienen acceso a una biblioteca eclesiástica, o para aquellos que buscan una explicación más accesible para el laico promedio, aquí están los 15 criterios del padre Morrisey junto con mi explicación personal de lo que significa:
Las 15 Señales de Alerta del p. Morrisey
1. Obediencia “total” al Papa. Muchos encontrarán sorprendente esta señal de alerta. Como católicos, ¿no estamos llamados a obedecer al Santo Padre? De hecho, lo estamos. Cuando una nueva asociación busca sinceramente obedecer y seguir las enseñanzas del Santo Padre, los canonistas se muestran en gran parte satisfechos porque el grupo está haciendo lo que los grupos Católicos deben hacer. No obstante, algunas nuevas asociaciones abusan de la sensibilidad católica en este sentido. Estos grupos citan la "obediencia total al Padre Santo", cuando lo que realmente quieren decir es la obediencia parcial a enseñanzas seleccionadas del Santo Padre, sin abrazar todo el mensaje papal. Además, cuando son cuestionados por su parcial obediencia, estos grupos apelarán a su "total" dependencia al Santo Padre en un intento de eludir la autoridad del obispo diocesano. Esto nos conduce a la segunda señal de advertencia del padre Morrisey.
2. Ningún sentimiento de pertenencia a la iglesia local. Como católicos nosotros pertenecemos a la Iglesia universal. Sin embargo, también pertenecemos a la comunidad de la iglesia local, es decir, una parroquia y una diócesis local. Incluso el Santo Padre no está exento a este respecto, que es, después de todo, el Obispo de Roma y por lo tanto pertenece a una Iglesia local romana. Así, el ministerio y apostolado de cualquier forma de asociación debería centrarse en la iglesia local. Si una nueva asociación u orden religiosa no tiene sentido de pertenencia a la iglesia local, entonces esto se convierte en motivo de preocupación.
3. Falta de verdadera cooperación con las autoridades diocesanas. Para pertenecer a la iglesia local, hay que cooperar con las autoridades diocesanas locales. Después de todo, Cristo instituyó su Iglesia como una jerarquía. Dentro de esta jerarquía, nuestro Señor instituyó el cargo de obispo para supervisar una parte de los fieles de Cristo. Así, el obispo local, y no un determinado grupo religioso o asociación, tiene la responsabilidad última para el cuidado de las almas dentro de una ubicación geográfica determinada. Si una nueva asociación se niega o impide la cooperación entre ella y las autoridades diocesanas locales, entonces su fidelidad a la Iglesia es cuestionable.
4. Hacen uso de mentiras y falsedades para obtener la aprobación.Como católicos, nos preocupamos por la verdad. Después de todo, nuestro Señor denuncia a Satanás como el "Padre de la Mentira". De modo que cualquier nueva asociación debe ser veraz en la forma en que se presenta a sus miembros, autoridades de la Iglesia y el mundo exterior. Esto no es sólo una cuestión de honestidad básica, cualquier grupo o asociación que recurre a falsedades para obtener la aprobación es probable que oculte un problema más profundo. La Iglesia entiende que cada asociación, en particular cuando la asociación es nueva, comete errores al involucrarse en el ministerio o el apostolado. Cuando una asociación es honesta, sin embargo, estos problemas son identificados fácilmente y corregidos rápidamente. Esto a su vez aumenta la probabilidad de éxito de la nueva asociación en la Iglesia.
5. Demasiado pronto la insistencia en poner en común todos los bienes. Mientras que la Iglesia tiene un historial de asociaciones y órdenes religiosas en la que los miembros colocan todos sus bienes en común, la decisión de hacerlo debe venir después de un período razonable de cuidadoso discernimiento. Colocar los bienes en común, y las consecuencias de tal decisión son de por vida. Además, el potencial de abuso por parte de quienes administran los bienes comunes es grande. Por lo tanto, los canonistas fruncen el ceño ante cualquier insistencia por parte de una asociación para que sus nuevos o potenciales miembros coloquen sus bienes en común. Debido al hecho de que en los tiempos modernos se ve menos estabilidad en la vida común, a veces con miembros que optan por salir después de varios años, el manejo más prudente de los bienes en común es colocarlos en depósito hasta que un miembro muere. De esta forma, si un miembro se va, sus bienes están disponibles para sus necesidades fuera de la comunidad.
6. Afirmación de revelaciones o mensajes especiales que conducen a la fundación del grupo. Aunque esto representa una señal de advertencia, no es absoluta. La Iglesia reconoce la presencia de muchas apariciones y revelaciones privadas legítimas a lo largo de su historia. Pero no todas las presuntas apariciones o revelaciones especiales resultan ser verdad. Por lo tanto, la Iglesia deberá investigar cualquier caso de revelaciones especiales o mensajes - sobre todo cuando se convierten en el catalizador para fundar una nueva asociación. Sin embargo, si una nueva asociación se niega a divulgar o presentar sus presuntas revelaciones o mensajes especiales a la Iglesia, entonces esto de inmediato pone en duda la autenticidad de la asociación y la supuesta aparición.
7. Status especial del fundador o fundadora. Por supuesto, el fundador o fundadora siempre disfrutará de un papel especial en la fundación de una nueva asociación o comunidad. Sin embargo, en todo lo demás él o ella debe ser un miembro igual que todos los demás. Esto significa que él o ella están igualmente vinculados a las costumbres, las disciplinas y las constituciones de la comunidad. Si el fundador o fundadora demanda comidas especiales, viviendas especiales, exoneraciones especiales a las normas impuestas a los demás miembros de la comunidad, o cualquier otro trato especial, entonces esto es una señal de advertencia clara. Es de especial interés si el fundador o fundadora reclama exoneración de los requerimientos de la moral cristiana, debido a su condición (véase el punto 15 más abajo).
8. Especiales y severas penitencias impuestas. Como Santo Tomás de Aquino enseña, la virtud se encuentra en el centro, entre dos extremos. Por lo tanto, cualquier penitencia impuesta a los miembros de la comunidad debe ser moderada y razonable. Penitencias especiales y graves no son signo de virtud –mejor dicho, son signo de extremismo.
9. La multiplicidad de devociones, sin ningún tipo de unidad doctrinal entre ellos. El propósito de los sacramentales y otras devociones es acercarnos a Cristo y los sacramentos. Por lo tanto los sacramentales no son supersticiones. Una nueva asociación o comunidad debe asegurarse que cualquier devoción especial o sacramental une a sus miembros a Cristo, los sacramentos y la misión de la asociación. Por ejemplo, rezar tres Ave Marías frente a la imagen de San José mientras el Santísimo está expuesto no ofrece esa unidad. La adoración eucarística, la devoción mariana y la devoción a San José son buenas en sí mismas, sin embargo, deben ser ofrecidos de forma individual o colectiva como devoción a la Sagrada Familia. No deben ser ofrecidos en forma simultánea.
10. Promoción de elementos "alternativos" en la vida de la Iglesia.Como se mencionó anteriormente, toda asociación u organización dentro de la Iglesia debe existir para servir a las necesidades de los fieles de Cristo. Por lo tanto, los canonistas ven con recelo cualquier forma de asociación que exista exclusivamente para servir a elementos alternativos - si estos elementos son apariciones especiales, revelaciones privadas, o agendas sociales o políticas extremas, etc.- Esto no es negar que acontecimientos extraordinarios a veces puedan convertirse en el catalizador de una nueva asociación u orden religiosa. Por ejemplo, San Francisco de Asís fundó los franciscanos después de recibir una locución de nuestro Señor: "Reconstruye Mi Iglesia." Sin embargo, San Francisco no buscó a los franciscanos con la intención de promover su locución interna. Más bien, la locución interna inspiró a San Francisco para fundar una orden que serviría a la Iglesia.
11. Votos especiales. Dentro de la Iglesia se encuentran los tres votos tradicionales de pobreza, castidad y obediencia. Votos adicionales o especiales presenta numerosos problemas. A menudo, los votos especiales se reducen a los medios a través del cual los superiores indebidamente controlan a los miembros de la comunidad o asociación. El peligro es particularmente patente en un voto especial que no puede ser verificado externamente. Tomemos "alegría" como un ejemplo, se suele apelar a la evidencia objetiva de que alguien no está viviendo una vida de pobreza, castidad y / o obediencia, pero como "alegría" es un sentimiento, es demasiado subjetivo para ser juzgado de manera objetiva.
12. Secreto absoluto impuesto a los miembros. Mientras que algo de discreción y privacidad es necesario en cualquier comunidad de la Iglesia o asociación, el secreto no debe ser absoluto a menos que uno sea un confesor que tiene que preservar el secreto de confesión. Por lo tanto, cualquier asociación u organización que impone el secreto absoluto sobre sus miembros debe ser abordado con la máxima precaución. Los miembros siempre deben tener libertad para acercarse a los funcionarios diocesanos y la Santa Sede, si surgen algunos problemas dentro de la comunidad que no se abordan de forma adecuada. Asimismo, dado que estas asociaciones están al servicio de la Iglesia, todos los miembros deben poder conversar libre y honestamente con los miembros de la jerarquía de la Iglesia cuando se les solicite.
13. Control sobre la elección de los confesores y directores espirituales. Confesión y dirección espiritual conciernen al fuero interno - es decir, aquellas cosas que sólo competen a la conciencia de la persona. Dentro de unos límites razonables, una persona debe tener libertad para elegir su confesor y director espiritual. Por otra parte, la obediencia a los superiores en la realización de un apostolado o ministerio de una asociación concierne al fuero externo. En otras palabras, estas últimas son acciones públicas que pueden ser verificadas externamente. El papel del confesor y director espiritual no debe confundirse nunca con el papel de superior. No debería existir ningún tipo de confusión. De particular interés para los canonistas es cuando un superior se impone a sí mismo como confesor y / o director espiritual de un miembro a su cargo. Después de todo, el superior tendrá que tomar decisiones acerca del futuro del miembro - y al hacerlo existe fuerte tentación de hacer uso de la información recogida bajo el sello de la confesión.
14.Profundo descontento con los institutos anteriores que algunos miembros formaron parte. Al igual que algunas de las otras banderas rojas presentadas, esta señal de advertencia no es absoluta. A veces existe una muy buena razón para el descontento de un miembro con su instituto anterior. Sin embargo, un profundo descontento con un instituto anterior deberá ser examinado cuidadosamente. En la mayoría de los casos, este descontento apunta a algunos problemas más profundos con el individuo, sobre todo si él o ella tiene una historia de "conflicto de personalidades".
15. Cualquier forma de inmoralidad sexual como base. Esta señal de alerta se explica por sí sola. La enseñanza de la Iglesia es clara cuando se trata de moral sexual. Si la inmoralidad sexual es la base para un nuevo grupo o asociación, la asociación debe ser evitada. Además, uno debe inmediatamente informar de ello a la autoridad competente de la Iglesia.
Cinco Señales adicionales de advertencia de la Asociación de Estudios Sectarios Internacionales
Además de las quince señales de advertencia presentadas por el p. Morrisey, el Dr. Michael Langone ha reunido una lista de trece criterios por los cuales muchos expertos juzgan a un grupo de ser una secta. Dr. Langone es un psicólogo asesor y el Director Ejecutivo de la Asociación Internacional de Estudios Sectarios (ICSA). Ha pasado casi 30 años investigando y escribiendo sobre los cultos, y durante 20 años ha sido el editor de la Revista de Estudios Sectarios. Los siguientes cinco criterios han sido adaptados de trece criterios del Dr. Langone y aplicados al contexto de las asociaciones católicas. Algunos canonistas las consideran útiles para evaluar la legitimidad de una nueva asociación en la Iglesia.
1. El grupo está preocupado por traer nuevos miembros. Por supuesto, cada nueva asociación, si quiere crecer, se propone incrementar su membresía. Este crecimiento, sin embargo, debe venir porque los miembros potenciales se identifican con la misión o el apostolado de la asociación. Además, los miembros sólo deben unirse después de un período razonable de discernimiento. Por lo tanto, cualquier forma de asociación, cuyo objetivo principal es atraer a nuevos miembros, con exclusión de otros actos de apostolado o ministerio, debe ser examinado cuidadosamente.
2. El grupo está preocupado por ganar dinero. Al igual que el criterio anterior, no hay nada de malo per se en recaudar dinero para una asociación o apostolado. Después de todo, Cristo y los Apóstoles usaron dinero. Sin embargo, el dinero debe ser un medio de llevar a cabo el ministerio legítimo y el trabajo apostólico. Recaudar dinero nunca debe ser un fin en sí mismo. Además, los medios empleados en la recaudación de dinero deben ser honestos y transparentes.
3. Elitismo. La Iglesia Católica reconoce que en virtud de su bautismo, una cierta igualdad existe entre los fieles de Cristo, sin importar si se pertenece al laicado, a la vida religiosa, o al estado clerical. Además, entre las órdenes religiosas y las nuevas formas de vida consagrada, la Iglesia reconoce distintos tipos de carismas. Algunos son activos, ya que tienden fuertemente hacia el ministerio activo y el trabajo apostólico. Otros son contemplativos, en la que tienden más hacia la oración y la contemplación. Por supuesto, usted encontrará todo en el medio. Por lo tanto, cualquier forma de asociación que sólo reconoce vocaciones para su asociación no está pensando con la mente de la Iglesia. Tampoco las asociaciones con una mentalidad polarizada que dividen sus vocaciones de las del resto de la Iglesia.
4. El liderazgo induce sentimientos de culpa en los miembros para poder controlarlos. Una vocación dentro de la Iglesia debería ser elegida libremente. Del mismo modo, la obediencia es algo que un superior debe inspirar entre aquellos que están a su cargo. Aunque a veces ocurre que un superior debe imponer su voluntad a un miembro en particular, la obediencia no se debe coaccionar a través de medios ilícitos o indebidos. Además, si un superior constantemente debe imponer su voluntad sobre la mayoría de los miembros a través de medios coercitivos, entonces esto demuestra una problema de salud a largo plazo de la asociación o grupo religioso.
5. Los miembros del grupo rompen completamente con el mundo exterior.Por supuesto, uno debe tener cuidado aquí. Después de todo, la Iglesia tiene una larga y honorable tradición de las órdenes de clausura y contemplativa que se separan de las actividades del día a día del mundo exterior. Sin embargo, incluso las órdenes de más estricta observancia fomentan algunas formas de comunicación con el exterior con los amigos, la familia y el mundo. Por lo tanto, es motivo de preocupación cuando una asociación, sobre todo si la asociación así está establecida, anima a sus miembros a cortar por completo los lazos con los amigos, la familia y el mundo exterior. Además, hay que tener cuidado con las asociaciones que fomentan o exigen que sus miembros vivan y / o sociabilicen sólo con otros miembros del mismo grupo o asociación. También hay que tener cuidado si la asociación o amistades con personas fuera del grupo es animado sólo cuando se utiliza para promover las metas del grupo.
Reflexiones finales
Cada nueva asociación dentro de la Iglesia tiene su carisma propio y único. Sin embargo, la meta de cada nueva asociación debe cumplir con una necesidad particular dentro de la Iglesia. Una asociación se vuelve peligrosa si se le permite colocar sus propios intereses o los de su fundador y / o líder, antes que el bien común de la Iglesia - tanto a nivel local y universal.
Si se observa la presencia de más de un par de señales de aviso anteriores en el momento que se evalúa una asociación en particular, entonces los católicos deben ser cautelosos acerca de involucrarse con el grupo en cuestión. Esta asociación tiene probablemente dificultades con legítimas autoridades de la Iglesia y puede incluso degenerar en un culto - un grupo destructivo que cause daño psicológico y espiritual, representa un peligro para sus miembros.

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miércoles, 30 de enero de 2013

Lombardi y el control de armas: otra clericalada


El jesuita Federico Lombardi es el vocero del Vaticano. Para evitar malos entendidos originados en su función, debiera extremar su prudencia al hacer declaraciones. Porque existe el peligro de que sus puntos de vista personales sean atribuidos a la Santa Sede. 
En el pasado, Lombardi ha dado muestras de declaraciones imprudentes o representativas de clericalismo democristiano, siempre a tono con lo políticamente correcto. Lo que aumenta la confusión sobre el valor de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI). Porque en rigor, no puede decirse que exista una doctrina social o política de la Iglesia, sino una doctrina moral sobre asuntos políticos y sociales, fundada en verdades reveladas y de naturaleza filosófica. Y dentro del marco de esa doctrina moral, hay un amplio campo para la determinación prudencial de diversas soluciones y una considerable variedad de posibles aplicaciones técnicas. En el caso que nos ocupa, la DSI puede dar unos principios morales generales sobre la tenencia de armas de fuego como instrumento de defensa personal, pero no puede –sin invadir la esfera de lo político, respecto de la cual es incompetente por designio divino- imponer soluciones de política prudencial, que corresponden a los Estados, ni mucho menos descender a los medios técnicos para instrumentar tales soluciones.
Los frutos de la intrusión clerical en cuestiones temporales son lamentables. Se oscurece la DSI con agregados que no le pertenecen, se mutila la función de la prudencia política, se menoscaba la legítima libertad de los católicos de proponer diferentes soluciones concretas sobre un asunto esencialmente opinable y se afecta la distinción entre laicos  y sacerdotes.
Lo cierto es que corresponde a los laicos norteamericanos, y no al jesuita Lombardi, debatir y decidir cuál será la mejor solución concreta al problema de la tenencia de armas de fuego. Seguramente algunos propondrán una legislación más restrictiva y otros estarán a favor de mantener el actual régimen legal, que es bastante permisivo. En todo caso, insistimos, es un asunto de prudencia político-legislativa.
Transcribimos el artículo de Lombardi pues resulta un claro ejemplo del clericalismo que ya hemos criticado en nuestra bitácora:
Las iniciativas anunciadas por la administración estadounidense para la limitación y el control de la difusión y el uso de las armas son ciertamente un paso en la dirección correcta. Se calcula que los estadounidenses posean hoy en día aproximadamente 300 millones de armas de fuego. Nadie puede ilusionarse con que solo baste limitar su número y el uso para impedir en el futuro masacres horrendas como aquella de Newtown, que ha sacudido la consciencia estadounidense y mundial u otras, ya sea de niños o de adultos. Pero sería mucho peor contentarse con las palabras. Y si las masacres son perpetradas por personas desequilibradas o arrastradas por el odio, no hay duda que sean efectuadas con las armas. 47 líderes religiosos de varias confesiones y religiones han dirigido un llamamiento a los diputados estadounidenses para limitar las armas de fuego que “están haciendo pagar a la sociedad un precio inaceptable en cantidad de masacres y muertes insensatas”. Estoy con ellos.
Pero mientras la sociedad estadounidense está empeñada en este debate de necesario crecimiento civil y moral, no podemos dejar de extender la mirada para recordar que las armas, en todo el mundo, consideradas en parte como instrumento de legitima defensa, son también seguramente el instrumento principal de amedrentamiento, violencia y muerte. Por eso es necesario repetir sin cesar los llamamientos para el desarme, para contrarrestar la producción, el comercio, el contrabando de armas de todo tipo, alimentado por indignos intereses económicos o de poder. Ojalá se alcanzaran resultados, como las adhesiones a las convenciones internacionales, la prohibición de las minas antipersonales y de otras formas de armas mortales, la reducción del número inmenso y desproporcionado de las cabezas nucleares. Pero las armas son y serán siempre demasiadas. Como decía el Papa volando hacia el Líbano, todos estamos consternados por las masacres en Siria, pero las armas continúan llegando. La paz nace del corazón, pero será más fácil alcanzarla si tendremos menos armas en las manos.