martes, 19 de junio de 2012

Jack Tollers: El espíritu sectario (I)



Pensaba quien esto escribe que el trabajo de Tollers era muy largo para publicarse como entrada en la bitácora. Pero modificando el formato original, queda un escrito de dos carillas completas que caben bien en un par de entradas del blog. Si no lo publicáramos se correría el riesgo de que muchos lectores lo descartasen a priori por su aparente cantidad de páginas. 

El espíritu sectario
Por Jack Tollers

1) El Espíritu: Es una realidad espiritual, por lo tanto, en cierto modo inasible al entendimiento y difícil de poner en evidencia con palabras. Sin embargo, tiene más densidad ontológica, mayor calidad substancial, y mayor concreción que las realidades de orden físico, psicológico o afectivo.
Como se asienta en el alma, afecta primero a lo que es de su mismo orden. Es por esto que la primera cualidad notable de este espíritu es la de ofuscar a los que inficiona. Y es así porque o hay en el sujeto algún desprecio a la razón o algún defecto en ella por hábito.
En consecuencia, este espíritu sojuzga con cierta facilidad a quienes participan de él, volviéndolos refractarios a toda inteligencia, razonamiento o argumento que requiera de las luces de la razón. Por esto, debe comprenderse –y debe comprenderse bien– que no es un espíritu que se pueda exorcizar con razonamientos allí donde hizo asiento.
En esa inteligencia, este escrito no está dirigido a quienes le han dado asa.

2) Espíritu sectario: El espíritu al que nos referimos tiene por nota distintiva crear, allí donde inficiona, una tendencia a confundir una determinada institución de la Iglesia Católica con la Iglesia Católica toda. La parte se constituye en el todo.
Por lo mismo, quien se ha entregado a él tiende a creer que en su grupo, clan, cofradía, asociación, movimiento, pía unión, comunidad, congregación, instituto u orden religiosa se contienen todas las riquezas necesarias para la salvación. Convencido de ello, el sectario se obliga a despreciar lo que no considera «propio» de su agrupación.

3) Espíritu farisaico: Para justificar  esto, el espíritu sectario comienza por compararse con los demás, dando por supuesto que su secta es inmaculada; que carece de defectos; que es impermeable al mal o que el mal necesariamente la mejora y nunca la perturba; que sus miembros tienen por especial providencia una particular protección del pecado y que están menos expuesto a las debilidades comunes a los demás mortales.
A partir de este malsano reflejo de comparación este espíritu sutil trabaja a los sectarios en su interioridad convenciéndolos de que son mejores (la nota plural del «nosotros» disfraza la intolerable altanería que connota esta convicción).
La prueba de que son mejores reside en que forman parte de la secta.

4) Espíritu divisonista: Por lógica consecuencia, todo aquel inficionado de este espíritu tiene señalada inclinación a dividir al resto de los hombres en estos precisos términos: por o contra su secta. Este espíritu divisionista y excluyente usurpa los títulos universales de la Iglesia Católica («extra Ecclesiam nulla salus») atribuyéndoselo a su propio agrupamiento.
Por esta razón, en nombre de la «salud», el sectario no tiene inconveniente en introducir divisiones allí donde reine cualquier unión que no se integre precisamente en los modos y confines que la misma secta precisa: toda otra unidad de hombres, sea institucional, amical, familiar o vecinal, debe ceder ante la convicción de los sectarios de que su agrupación representa una unión de hombres trascendente, superior y más fuerte que cualquier otra.

5) Espíritu usurpador:  Por otra parte, el espíritu sectario y excluyente se atribuye todos los carismas de la Iglesia Católica reemplazándolos con institutos propios: así, la secta tendrá su propio régimen de gobierno con un «Santo Padre» a la cabeza; tendrá una casta sacerdotal que formará parte de su jerarquía conductora y magisterial; incluirá un sistema propio de canonizaciones, de devociones y estilos homologados por la autoridad; invocará sus propios usos y reglamentos para asegurar su excentricidad y conciliará posiciones dentro de la secta sin consultar pareceres ajenos. Todo lo que diga ser bueno lo será, y todo lo que sea bueno será suyo.
A resultas de estos «concilios» y «decretos» de su máxima autoridad -que no siempre coincidirá con la estructura jerárquica «oficial» de la secta-, surgirán afirmaciones, tomas de posición e instrucciones de carácter marcadamente dogmático en materia prudencial.
Los sectarios repetirán con incansable autoridad que quienes no pertenecen a su secta no la entienden, precisamente porque están fuera de la secta.

Jack Tollers: El espíritu sectario (I)



Pensaba quien esto escribe que el trabajo de Tollers era muy largo para publicarse como entrada en la bitácora. Pero modificando el formato original, queda un escrito de dos carillas completas que caben bien en un par de entradas del blog. Si no lo publicáramos se correría el riesgo de que muchos lectores lo descartasen a priori por su aparente cantidad de páginas. 

El espíritu sectario
Por Jack Tollers

1) El Espíritu: Es una realidad espiritual, por lo tanto, en cierto modo inasible al entendimiento y difícil de poner en evidencia con palabras. Sin embargo, tiene más densidad ontológica, mayor calidad substancial, y mayor concreción que las realidades de orden físico, psicológico o afectivo.
Como se asienta en el alma, afecta primero a lo que es de su mismo orden. Es por esto que la primera cualidad notable de este espíritu es la de ofuscar a los que inficiona. Y es así porque o hay en el sujeto algún desprecio a la razón o algún defecto en ella por hábito.
En consecuencia, este espíritu sojuzga con cierta facilidad a quienes participan de él, volviéndolos refractarios a toda inteligencia, razonamiento o argumento que requiera de las luces de la razón. Por esto, debe comprenderse –y debe comprenderse bien– que no es un espíritu que se pueda exorcizar con razonamientos allí donde hizo asiento.
En esa inteligencia, este escrito no está dirigido a quienes le han dado asa.

2) Espíritu sectario: El espíritu al que nos referimos tiene por nota distintiva crear, allí donde inficiona, una tendencia a confundir una determinada institución de la Iglesia Católica con la Iglesia Católica toda. La parte se constituye en el todo.
Por lo mismo, quien se ha entregado a él tiende a creer que en su grupo, clan, cofradía, asociación, movimiento, pía unión, comunidad, congregación, instituto u orden religiosa se contienen todas las riquezas necesarias para la salvación. Convencido de ello, el sectario se obliga a despreciar lo que no considera «propio» de su agrupación.

3) Espíritu farisaico: Para justificar  esto, el espíritu sectario comienza por compararse con los demás, dando por supuesto que su secta es inmaculada; que carece de defectos; que es impermeable al mal o que el mal necesariamente la mejora y nunca la perturba; que sus miembros tienen por especial providencia una particular protección del pecado y que están menos expuesto a las debilidades comunes a los demás mortales.
A partir de este malsano reflejo de comparación este espíritu sutil trabaja a los sectarios en su interioridad convenciéndolos de que son mejores (la nota plural del «nosotros» disfraza la intolerable altanería que connota esta convicción).
La prueba de que son mejores reside en que forman parte de la secta.

4) Espíritu divisonista: Por lógica consecuencia, todo aquel inficionado de este espíritu tiene señalada inclinación a dividir al resto de los hombres en estos precisos términos: por o contra su secta. Este espíritu divisionista y excluyente usurpa los títulos universales de la Iglesia Católica («extra Ecclesiam nulla salus») atribuyéndoselo a su propio agrupamiento.
Por esta razón, en nombre de la «salud», el sectario no tiene inconveniente en introducir divisiones allí donde reine cualquier unión que no se integre precisamente en los modos y confines que la misma secta precisa: toda otra unidad de hombres, sea institucional, amical, familiar o vecinal, debe ceder ante la convicción de los sectarios de que su agrupación representa una unión de hombres trascendente, superior y más fuerte que cualquier otra.

5) Espíritu usurpador:  Por otra parte, el espíritu sectario y excluyente se atribuye todos los carismas de la Iglesia Católica reemplazándolos con institutos propios: así, la secta tendrá su propio régimen de gobierno con un «Santo Padre» a la cabeza; tendrá una casta sacerdotal que formará parte de su jerarquía conductora y magisterial; incluirá un sistema propio de canonizaciones, de devociones y estilos homologados por la autoridad; invocará sus propios usos y reglamentos para asegurar su excentricidad y conciliará posiciones dentro de la secta sin consultar pareceres ajenos. Todo lo que diga ser bueno lo será, y todo lo que sea bueno será suyo.
A resultas de estos «concilios» y «decretos» de su máxima autoridad -que no siempre coincidirá con la estructura jerárquica «oficial» de la secta-, surgirán afirmaciones, tomas de posición e instrucciones de carácter marcadamente dogmático en materia prudencial.
Los sectarios repetirán con incansable autoridad que quienes no pertenecen a su secta no la entienden, precisamente porque están fuera de la secta.

lunes, 18 de junio de 2012

De nuestro amigo Jack Tollers




El espíritu sectario.

Domingo 17 de Junio, 2012
En la larga historia de la Iglesia nunca faltaron sectas: aparecen desde el primer siglo y nunca han faltado. La gran diferencia es que rápidamente se separaban del cuerpo de la Iglesia Católica, ora por propia decisión, ora por excomunión más o menos formalmente pronunciada por Roma. Pero en el s. XX apareció un fenómeno nuevo por completo: agrupaciones, cofradías, congregaciones, institutos de vida consagrada o no sé qués, que desarrollaron un espíritu notablemente sectario, reclamando para sí todos los carismas de la Santa Iglesia, con la pretensión además, de quedarse en ella. Sectas que pretenden sustituir a la Iglesia. Eso responde a un espíritu característico que en este texto se trata de caracterizar.

Descargar texto completo



También los invitamos a adquirir su nuevo libro Los Sermones de Fray Rabieta.

De nuestro amigo Jack Tollers




El espíritu sectario.

Domingo 17 de Junio, 2012
En la larga historia de la Iglesia nunca faltaron sectas: aparecen desde el primer siglo y nunca han faltado. La gran diferencia es que rápidamente se separaban del cuerpo de la Iglesia Católica, ora por propia decisión, ora por excomunión más o menos formalmente pronunciada por Roma. Pero en el s. XX apareció un fenómeno nuevo por completo: agrupaciones, cofradías, congregaciones, institutos de vida consagrada o no sé qués, que desarrollaron un espíritu notablemente sectario, reclamando para sí todos los carismas de la Santa Iglesia, con la pretensión además, de quedarse en ella. Sectas que pretenden sustituir a la Iglesia. Eso responde a un espíritu característico que en este texto se trata de caracterizar.

Descargar texto completo



También los invitamos a adquirir su nuevo libro Los Sermones de Fray Rabieta.

domingo, 17 de junio de 2012

La web de la Fundación Speiro



Recibimos la noticia de que el sitio web de la Fundación Speiroestá funcionando a pleno. Cuenta con una presentación, una breve historia de los Amigos de la Ciudad Católica, los cincuenta años de la revista Verbo en formato digital accesibles mediante un buscador y todas las Actas de las reuniones de los amigos de la Ciudad Católica para descargar. Un sitio de muy valiosos contenidos a cuya difusión queremos contribuir en la medida de nuestras posibilidades. 
Nuestra más sincera felicitación a Miguel Ayuso Torres su actual director.

La web de la Fundación Speiro



Recibimos la noticia de que el sitio web de la Fundación Speiroestá funcionando a pleno. Cuenta con una presentación, una breve historia de los Amigos de la Ciudad Católica, los cincuenta años de la revista Verbo en formato digital accesibles mediante un buscador y todas las Actas de las reuniones de los amigos de la Ciudad Católica para descargar. Un sitio de muy valiosos contenidos a cuya difusión queremos contribuir en la medida de nuestras posibilidades. 
Nuestra más sincera felicitación a Miguel Ayuso Torres su actual director.

sábado, 16 de junio de 2012

El Opus Dei no ama a los lefebvrianos



Es la oposición que no te esperas. Dices: "lefebvrianos" y en el mundo progesista se desata una revuelta. El pequeño grupo, ultra-tradicionalista, cismáticos desde los años ochenta, en conversaciones con la Santa Sede para volver a la plena comunión con la Iglesia Católica, es la pesadilla de todo sincero integrante de la galaxia católica conciliar, desde el liberal hasta el católico-comunista, desde las comunidades de base de América Latina hasta los obispos del norte de Europa. En estos días, sin embargo, se reveló la molestia que alimenta para con los herederos de Monseñor Marcel Lefebvre otro protagonista eclesial: el Opus Dei. Ubicada, dicho con cierto simplismo, en la derecha del arco eclesial, la prelatura personal fundada por Josemaría Escrivá de Balaguer, en contraste con la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X -este es el nombre oficial de los lefebvrianos- siempre ha apoyado al Concilio Vaticano II. Con una lectura ciertamente distinta de la hecha, por ejemplo, por los dosettianos de la escuela de Bolonia, la Obra ha recibido con satisfacción la idea del aggiornamento promovida por Juan XXIII y Pablo VI. Y ahora que nos acercamos a la conclusión de las largas tratativas entre Roma y Ecône, el Opus advierte sobre el peligro de que, haciendo entrar a los lefebvrianos, la Iglesia traicione el legado del Concilio Vaticano II.
Ninguna declaración oficial, claro está, no es su estilo. Pero en los últimos días desde el Opus se ha disparado un “fuego de barrera” hacia los lefebvrianos por medio de iniciativas, declaraciones, puntualizaciones de parte de sus representantes, o por lo menos, de personas que se consideran cercanas a la Obra.
El primero, y más explícito, fue Monseñor Fernando Ocáriz, Vicario General del Opus Dei, miembro de la delegación que ha conducido de parte del Papa las conversaciones doctrinales con el superior lefebvriano Monseñor Bernard Fellay y sus hombres. A principios de diciembre, cuando los tradicionalistas han subido la apuesta para llegar a un acuerdo con una serie de declaraciones y filtraciones de noticias, Ocáriz ha publicado en L´Osservatore Romano una extensa nota titulada, sintomáticamente, Sobre la adhesión al Concilio Vaticano II.
Es en los últimos días, sin embargo, que el mensaje se ha vuelto más explícito. Primero, el ateneo romano del Opus Dei, la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, ha organizado una conferencia sobre el Concilio VaticanoII leída por el Catholic News Service y el NationalCatholic Reporter como un rechazo cortés, pero sonoro, de la reincorporación de los lefebvrianos. Si se ha sugerido que para los herederos de Lefebvre la Santa Sede crearía una prelatura personal -como es el Opus Dei- luego, el portavoz italiano de la Obra, Bruno Mastroianni, sin expresar juicios críticos acerca de los lefebvrianos, ha publicado una precisión sobre el significado exacto de las prelaturas personales.
Por último, en una entrevista con Radio Vaticano, el cardenal Mauro Piacenza, cercano al Opus Dei, ha dicho que "debe decirse basta a la traición al Concilio Vaticano II y abrir la puerta a la obediencia a los textos del Concilio Vaticano II", cuyas palabras son "para leerse de rodillas". Quien no quiere arrodillarse - es el mensaje - puede permanecer en la puerta.
Fuente: http://tinyurl.com/7ucscky

Traducción al español de Infocaótica.