Cereales para tu desayuno. Su ingrediente principal es el catolicismo integral. Para empezar el día con energía, nada mejor que un desayuno equilibrado, enriquecido con vitaminas y minerales tradicionales. Lefebvrios, reduce el riesgo de error y fortalece contra el modernismo.
viernes, 8 de junio de 2012
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Cereales para tu desayuno. Su ingrediente principal es el catolicismo integral. Para empezar el día con energía, nada mejor que un desayuno equilibrado, enriquecido con vitaminas y minerales tradicionales. Lefebvrios, reduce el riesgo de error y fortalece contra el modernismo.
miércoles, 6 de junio de 2012
El obispo Fellay habla de todo un poco
Entrevista realizada por Catholic News Service (agencia de noticias de los obispos de los Estados Unidos) al obispo Bernard Fellay, superior de la Hermandad Sacerdotal de San Pío X.
(Subtítulos gentileza de "Jack Tollers".)
P.S.: para una ampliación de los temas tratados en la entrevista:
http://www.dici.org/en/documents/entrevista-a-monsenor-bernard-fellay-sobre-del-estado-actual-de-las-relaciones-entre-la-fraternidad-san-pio-x-y-roma/
P.S.: para una ampliación de los temas tratados en la entrevista:
http://www.dici.org/en/documents/entrevista-a-monsenor-bernard-fellay-sobre-del-estado-actual-de-las-relaciones-entre-la-fraternidad-san-pio-x-y-roma/
El obispo Fellay habla de todo un poco
Entrevista realizada por Catholic News Service (agencia de noticias de los obispos de los Estados Unidos) al obispo Bernard Fellay, superior de la Hermandad Sacerdotal de San Pío X.
(Subtítulos gentileza de "Jack Tollers".)
P.S.: para una ampliación de los temas tratados en la entrevista:
http://www.dici.org/en/documents/entrevista-a-monsenor-bernard-fellay-sobre-del-estado-actual-de-las-relaciones-entre-la-fraternidad-san-pio-x-y-roma/
P.S.: para una ampliación de los temas tratados en la entrevista:
http://www.dici.org/en/documents/entrevista-a-monsenor-bernard-fellay-sobre-del-estado-actual-de-las-relaciones-entre-la-fraternidad-san-pio-x-y-roma/
martes, 5 de junio de 2012
Algo más sobre Tito Casini
Reproducimos la crónica del vaticanista Robert Serrou (publicada en el diario ABC 29 de Abril de 1967) en la que menciona una anédcdota sobre Tito Casini, que no sabemos si es cierta, y de paso da algunas pistas sobre la personalidad de Pablo VI.
La campaña antifrancesa, en realidad apunta al propio Papa. Como nadie osa atacarlo de frente, se busca el intimidarlo.
Las acusaciones inauditas que acaban de lanzarse contra el cardenal Lercaro (setenta y seis años), arzobispo de Bolonia y presidente del «Consilium» para la reforma litúrgica, forman parte de estas maniobras de intimidación.
La estocada corre a cargo de un escritor católico florentino, Tito Casini (setenta años), que la dirige en un panfleto titulado: «La túnica desgarrada». Sin nombrarlo, arremete contra quien el Papa encargó la aplicación de la reforma decidida por el Vaticano II. Este poeta, al que se creía más sereno, llega hasta ¡comparar al cardenal Lercaro con el mismo Lutero!
Fue en Florencia, la anoche de Navidad, donde Tito Casini comenzó a levantar escándalo. Pablo VI celebraba la misa de media noche en la ciudad inundada. Mientras recitaba en italiano acompañado por la multitud, según las directrices conciliares, las plegarias litúrgicas, de pie en medio de la nave, un hombre con voz lo bastante potente, se obstinaba en recitar en latín. Era Tito Casini, para quien el abandono del latín por la Iglesia es el peor de los delitos.
No asombra, pues, que se haya dirigido al más ardoroso defensor del latín para acudir en abono de su «La túnica desgarrada». El cardenal Bacci, ochenta y dos años, es, en efecto, el más eminente latinista de Roma. Antiguo secretario de Letras Latinas, cargo que tiene por objeto traducir al latín oficial todos los documentos pontificios, este prelado debe su púrpura a Juan XXIII.
«Estas páginas, que recuerdan a Santa Catalina de Siena —escribe en el prefacio al panfleto de Casini—, podrían enderezar ciertas ideas y producir el bien (...). Ciertas innovaciones litúrgicas son, al parecer, verdaderas profanaciones.»
Que un cardenal haya apoyado los atrevimientos de Casini muestra hasta qué grado de ebullición han llegado los espíritus en el mismo Vaticano —nos ha dicho un prelado romano.
Ningún italiano recuerda que un cardenal haya atacado abiertamente a otro cardenal. Todo el mundo se hace esta pregunta: ¿qué va a hacer el Papa? Pablo VI se ha dirigido al ultrajado cardenal Lercaro con un telegrama caluroso: «Os renuevo la expresión de mi confianza.» Después, al recibirlo hace unos días en audiencia, le declaró:
— La publicación del panfleto no puede tener nuestra aprobación. No aprovecha en modo alguno a la causa que pretende defender, es decir, la conservación de la lengua latina en la liturgia.
Estaba claro; definitivo. El incidente quedaba zanjado. Que se tenga por declarado. En Roma, todavía se hace esta pregunta: ¿Obró el cardenal Bacci por cuenta propia? ¿O fue animado, como sospechan algunos, por el clan de los nostálgicos de los tiempos preconciliares?
Si se hace la pregunta a los eclesiásticos de Roma, se limitan a levantar los brazos sonriendo. Quien pueda entender, que entienda.
Cuando ha tomado una decisión, Pablo VI sabe mantenerse firme. Nadie podría hacerlo volver atrás. Los últimos acontecimientos lo demuestran. Si, por otra parte, estima que una decisión no está madura, ninguna maniobra conseguirá intimidarlo. Todo lleva a creer que la revelación intempestiva del informe de la comisión de la pildora no tendrá consecuencias. Es una entrevista concedida en 1965 a abate Daniel Pezeril, hoy vicario general de París, el Santo Padre le confió:
— Se dice que estoy indeciso, desasosegado, temeroso, amordazado por influencias contrarias. Quizá soy lento. Pero sé lo que quiero. Después de todo, tengo perfecto derecho a reflexionar.
Algo más sobre Tito Casini
Reproducimos la crónica del vaticanista Robert Serrou (publicada en el diario ABC 29 de Abril de 1967) en la que menciona una anédcdota sobre Tito Casini, que no sabemos si es cierta, y de paso da algunas pistas sobre la personalidad de Pablo VI.
La campaña antifrancesa, en realidad apunta al propio Papa. Como nadie osa atacarlo de frente, se busca el intimidarlo.
Las acusaciones inauditas que acaban de lanzarse contra el cardenal Lercaro (setenta y seis años), arzobispo de Bolonia y presidente del «Consilium» para la reforma litúrgica, forman parte de estas maniobras de intimidación.
La estocada corre a cargo de un escritor católico florentino, Tito Casini (setenta años), que la dirige en un panfleto titulado: «La túnica desgarrada». Sin nombrarlo, arremete contra quien el Papa encargó la aplicación de la reforma decidida por el Vaticano II. Este poeta, al que se creía más sereno, llega hasta ¡comparar al cardenal Lercaro con el mismo Lutero!
Fue en Florencia, la anoche de Navidad, donde Tito Casini comenzó a levantar escándalo. Pablo VI celebraba la misa de media noche en la ciudad inundada. Mientras recitaba en italiano acompañado por la multitud, según las directrices conciliares, las plegarias litúrgicas, de pie en medio de la nave, un hombre con voz lo bastante potente, se obstinaba en recitar en latín. Era Tito Casini, para quien el abandono del latín por la Iglesia es el peor de los delitos.
No asombra, pues, que se haya dirigido al más ardoroso defensor del latín para acudir en abono de su «La túnica desgarrada». El cardenal Bacci, ochenta y dos años, es, en efecto, el más eminente latinista de Roma. Antiguo secretario de Letras Latinas, cargo que tiene por objeto traducir al latín oficial todos los documentos pontificios, este prelado debe su púrpura a Juan XXIII.
«Estas páginas, que recuerdan a Santa Catalina de Siena —escribe en el prefacio al panfleto de Casini—, podrían enderezar ciertas ideas y producir el bien (...). Ciertas innovaciones litúrgicas son, al parecer, verdaderas profanaciones.»
Que un cardenal haya apoyado los atrevimientos de Casini muestra hasta qué grado de ebullición han llegado los espíritus en el mismo Vaticano —nos ha dicho un prelado romano.
Ningún italiano recuerda que un cardenal haya atacado abiertamente a otro cardenal. Todo el mundo se hace esta pregunta: ¿qué va a hacer el Papa? Pablo VI se ha dirigido al ultrajado cardenal Lercaro con un telegrama caluroso: «Os renuevo la expresión de mi confianza.» Después, al recibirlo hace unos días en audiencia, le declaró:
— La publicación del panfleto no puede tener nuestra aprobación. No aprovecha en modo alguno a la causa que pretende defender, es decir, la conservación de la lengua latina en la liturgia.
Estaba claro; definitivo. El incidente quedaba zanjado. Que se tenga por declarado. En Roma, todavía se hace esta pregunta: ¿Obró el cardenal Bacci por cuenta propia? ¿O fue animado, como sospechan algunos, por el clan de los nostálgicos de los tiempos preconciliares?
Si se hace la pregunta a los eclesiásticos de Roma, se limitan a levantar los brazos sonriendo. Quien pueda entender, que entienda.
Cuando ha tomado una decisión, Pablo VI sabe mantenerse firme. Nadie podría hacerlo volver atrás. Los últimos acontecimientos lo demuestran. Si, por otra parte, estima que una decisión no está madura, ninguna maniobra conseguirá intimidarlo. Todo lleva a creer que la revelación intempestiva del informe de la comisión de la pildora no tendrá consecuencias. Es una entrevista concedida en 1965 a abate Daniel Pezeril, hoy vicario general de París, el Santo Padre le confió:
— Se dice que estoy indeciso, desasosegado, temeroso, amordazado por influencias contrarias. Quizá soy lento. Pero sé lo que quiero. Después de todo, tengo perfecto derecho a reflexionar.
lunes, 4 de junio de 2012
La túnica rasgada de Tito Casini
Tito Casini (1897 -1987) fue un relevante escritor italiano que en 1967 publicó un interesante libro (La túnica rasgada) sobre la reciente reforma litúrgica que estaba llevándose a cabo. La obra fue prologada por el cardenal Antonio Bacci, coautor del prólogo al Breve examen crítico del Novus Ordo Missae
En el prólogo, Bacci se refiere al autor en los siguientes términos:
“Considero a Tito Casini, a quien conozco desde la infancia uno de los primeros escritores católicos de Italia. Su estilo fresco, franco y cáustico, es como una ráfaga del aire puro de la montaña, que uno respira en su amada Florencia — suya y mía. Casini es un cristiano de una pieza y bien puede decir con el antiguo escritor: Christianus mihi nomen, Catholicus cognomen. Soy, por nombre, cristitano y me apellido católico. Y si lo que él ha escrito en este libro puede, tal vez, parecer a alguno muy poco reverente, todos estamos obligados a admitir que su escrito fue dictado solamente por su amor apasionado por la Iglesia y por su decoro litúrgico puede y" debe afirmarse que lo que Casini dice en este pequeño volumen nunca va en contra de lo que fue establecido en la Constitución Litúrgica del Concillo Vaticano II. Lo que él impugna es una aplicación desviada de esta Constitución, que ciertos frenéticos y fanáticos innovadores han estado buscando imponer a toda costa en la práctica. Y está por encima de todas las palabras lo que algunos están haciendo en este programa resbaloso con sus así llamadas “Cenas Eucarísticas”, sus misas “ye-yé” y otras abominaciones parecidas…
Tengo confianza entre tanto, en que las personas, que se sientan mencionadas, perdonarán con buena voluntad al autor ciertas expresiones, que pueden aparecer poco respetuosas en relación a ellas, reflexionando que no fueron escritas con la intención de ofender a nadie en lo más mínimo, sino por una mente y un corazón exasperados por algunas de esas innovaciones, que parecen y son verdaderas profanaciones.”
A pesar de los buenos deseos del cardenal, Gottardo Pasqualetti, defensor incondicional de A. Bugnini y también de las singularidades litúrgicas del Camino Neocatecumenal, descalificó la obra de Casini:
“…un sector que se ha fijado en posiciones de rechazo del concilio ha opuesto también una resistencia tenaz y persistente a la liturgia renovada, vista como la bandera de la renovación conciliar. Son numerosas las denominaciones y los boletines de información de los grupos de contestación. Algunos se limitaban a la petición de poder continuar celebrando la misa en lengua latina. Pero otros, contrarios a todo, llevaron adelante una batalla desleal y llena de prejuicios, que no ahorró las acusaciones más vulgares y absurdas contra las personas. El sistema consistía en "colocar, sin corregirse jamás, una etiqueta despectiva a los adversarios; amalgamar lo que se detesta en la globalidad de un término que constituye el objetivo de un rechazo afectivo no matizado; sostener que se tiene razón, a veces al precio del formalismo; estar convencido de que existe un complot de los malos, que se ha abierto paso en la iglesia una activa conspiración judeo-masónica o comunista que fomenta una subversión interna.
Un típico ejemplo italiano de esta actitud son las publicaciones de un escritor católico que suscitaron un amplio eco. Y sobre todo la primera, con el significativo título La tunica stracciata: un libelo difamatorio e injurioso contra personas e instituciones. Desgraciadamente, lo avalaba con un prólogo un miembro del sacro colegio. Los periódicos y revistas de la capital (II Tempo, II Messaggero, Lo Specchio, Il Borghese, L'Espresso), particularmente en los primeros meses de 1967, se unieron a él con artículos en defensa de la liturgia tradicional, del latín, de la música clásica en las iglesias. El mismo Pablo VI tuvo que intervenir para defender el trabajo llevado a cabo por la presidencia del Consilium. Pero no pasaría mucho tiempo antes de que él mismo fuera desconsideradamente acusado de herejía.”
Ofrecemos a nuestros lectores una versión digital del libro de Tito Casini. El libro puede leerse y descargarse de nuestro estante scribd.
P.S.: también puede descargarse el documento aquí.
P.S.: también puede descargarse el documento aquí.
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