lunes, 5 de marzo de 2012

Correo de Pedro Hispano

Pedro Hispano, un amigo de nuestra bitácora, nos ha enviado un correo que reproducimos a continuación.

La intervención de Don José Antonio Sayés Prieto en post titulado: ¿Objeción de conciencia? Me parece que merece una ampliación ya que no es que lo que dice no sea fundamentalmente cierto pero, a pesar de eso, hay un fallo fundamental en la exposición de tan benemérito teólogo: no va a la raíz de los problemas.
Que se invite a dimitir a políticos corruptos es una ingenuidad. Otra cosa es que se trate simplemente de incompetentes, que, además de incompetentes, sean del número, desgraciadamente escaso, de católicos que se confiesan. ¿Pero es esa la solución a los males de España? Algunas correcciones muy atendibles le ha hecho en su comentario Juanito Neocón pero yo creo indispensable añadir que el fondo de los problemas de la aún en parte católica España no está en los malos políticos sino en los malos eclesiásticos. Es a ellos, por muy encumbrados que estén, a los que habría que exigir la dimisión porque son ellos el fondo del problema y lo que paraliza cualquier intento de solución.
Ellos y la crisis que ellos llevan consigo y que ni siquiera con frecuencia quieren reconocer ni mucho menos afrontar sino que se limitan a tratar de ocultar con castillos de fuegos artificiales como el que preparan próximamente para Barcelona siguiendo las directrices del impresentable Fisichella.
 Me resulta embarazoso corregir aquí a alguien como Don José Antonio Sayés  pero creo que si los eclesiásticos no se atreven a llamar las cosas por su nombre y se limitan a dirigir los tiros, por otra parte más que justificados, a los malos políticos pueden dar una impresión de corporativismo a ultranza que sólo puede traerle descrédito a la Iglesia.
Y por aquello de donde se confirma lo dicho con algunos ejemplos remito a quien le interese al documentado artículo que el 03.09.09 nos ofrecía Germinans sobre la corrupción de los Kennedy -¡y de cuantos más Dios mío!- por obra de teólogos progresistas. Es claro que ese ejemplo concreto no se puede aplicar sólo a USA sino que es perfectamente trasladable a cualquiera de los países otrora católicos. Es la crisis de la Iglesia la que corrompe a la sociedad y si de verdad se quiere el remedio hay que comenzar por casa.


APENDICE:
23:25:51, por Germinans,

Cómo teólogos modernistas desviaron la carrera de un político católico.
El pasado 25 de agosto, murió Edward Moore Kennedy, más conocido por su diminutivo Ted, a sólo dos semanas del fallecimiento de su hermana Eunice Kennedy Shriver. De esta manera, ha vuelto a saltar a la actualidad el clan más famoso de los Estados Unidos, al cual siempre se lo ha considerado lo más cercano a una familia real que tiene ese país. Lástima que, como sucede con gran parte de las antiguas dinastías europeas, la irlando-americana de los Kennedy haya perdido la consciencia de sus obligaciones históricas y morales, cuyo cumplimiento fue en otro tiempo su timbre de gloria y la razón de su encumbramiento. ¿Cómo es posible que los que llegaron a ser hijos predilectos de la Iglesia se hayan convertido en promotores de causas contrarias a las enseñanzas del magisterio católico? El propio senador Kennedy, que fuera en la primera época de su vida un firme defensor de la vida desde el instante mismo de la concepción terminó sus días apoyando la opción que en los Estados Unidos se llama “pro-choice”, es decir la que defiende la completa libertad de la mujer para controlar su fertilidad y decidir la continuación o la interrupción de su embarazo (lo cual implica el aborto libre). Desgraciadamente, la tercera generación Kennedy sigue sus pasos: el gobernador de California Arnold Schwarzenegger, marido de Maria Owings Shriver (hija de Eunice Kennedy Shriver), es también un abanderado de la opción “pro-choice”, y Caroline Kennedy Schlossberg, hija del asesinado presidente Kennedy, ambiciona el puesto de senadora por Nueva York, dejado vacante por Hillary Clinton, defendiendo, entre otras cosas, el aborto y los “matrimonios” homosexuales.
Ted Kennedy escribió poco antes de morir una carta a Benedicto XVI, que Barack Obama entregó personalmente al Papa durante su visita del 10 de julio pasado. En ella, el senador afirmaba: “Siempre traté de ser un católico fiel, Su Santidad, y aunque mis debilidades me hicieron fallar, nunca dejé de creer y respetar las enseñanzas fundamentales de mi fe”. Todos los Kennedy se confiesan igualmente católicos, pero no parecen tener escrúpulos de conciencia por su defensa de ciertos principios contrarios al magisterio de la Iglesia. Se les ve en misa, en compañía de prelados y clérigos, presiden obras de caridad y beneficencia católicas… ¿cómo se compadecen conductas tan contradictorias? Quizás la respuesta esté en una reciente declaración de la ya citada Maria Shriver, que dijo considerarse una “Cafeteria Catholic” (“católica a la carta”). Es ésta una expresión que define a aquellos fieles que seleccionan las enseñanzas de la Iglesia en las que quieren creer y rechazan otras, normalmente las relativas a la Moral (que suelen ser las más incómodas porque exigen una coherencia de fe y vida, una traducción de las creencias en las conductas, cosa no siempre fácil, sobre todo cuando se es un personaje público, sujeto a la atención de la opinión pública y a los discutibles imperativos de los políticamente correcto).
El “catolicismo a la carta” no es sino el resultado del llamado “progresismo”, que hizo fortuna en el catolicismo norteamericano desde mediados de los años Sesenta del siglo pasado, época de grandes cambios en lo religioso, político y cultural y de importantes convulsiones sociales, propicia a los activismos de toda clase. Lo explica muy bien Patrick W. Carey en su libro Catholics in America: a history. La aplicación del Concilio Vaticano II y sus reformas comenzó a transformar la conciencia de la comunidad católica, pero su impacto se vio amplificado por los movimientos reivindicativos de aquellos años: las protestas radicales contra la guerra del Vietnam, los disturbios raciales, la rebeldía estudiantil, las campañas para la emancipación sexual y la liberación de la mujer, etc. Sacerdotes, religiosos, monjas y seglares se vieron involucrados en ellos. Se dio un verdadero giro a la izquierda en las élites católicas. ¿Cómo se llegó a esto?
Cuando en 1960 John Fitzgerald Kennedy llegó al poder, convirtiéndose en el 35º presidente de la Unión, se rompió un prejuicio reinante en la sociedad norteamericana: “en una América democrática una religión autoritaria como la católica es cosa extraña”. Fue realmente un gran impacto el que un católico romano pudiera gobernar un país de mayoría protestante, impacto incluso mayor que el que ha tenido la elección de Barack Obama, un afroamericano, como presidente de un país en el que hasta hace cuarenta años se practicaba el segregacionismo. Kennedy era, sin embargo, el resultado del gran desarrollo experimentado por la Iglesia Católica desde el último tercio del siglo XIX y durante la primera mitad del XX, gracias, sobre todo, a dos factores fundamentales: la importante inmigración católica y una sabia organización, que la convirtieron en la minoría religiosa más influyente y eficaz de la sociedad norteamericana. Buena parte del mérito corresponde al cardenal Gibbons, arzobispo de Baltimore, que supo aprovechar inteligentemente a favor de la Iglesia el principio de libertad religiosa consagrado en la Constitución norteamericana. Roma vio con gran complacencia el crecimiento de la Iglesia en los Estados Unidos, que pudo comprobar personalmente el entonces cardenal Pacelli (futuro papa Pío XII) en viaje privado a todo lo largo y ancho del país en 1936, durante el cual, por cierto, trabó conocimiento y amistad con Joseph P. Kennedy, el patriarca del clan Kennedy.
Durante el pontificado pacelliano la jerarquía católica estadounidense fue un ejemplo de fidelidad a Roma y de gobierno ejemplar: en este capítulo quedan nombres como el del cardenal Edward Mooney, arzobispo de Detroit (gran benefactor de las clases trabajadoras); el del cardenal Samuel Stritch, arzobispo de Chicago (para quien Pío XII tenía importantes planes, truncados por una prematura e inesperada muerte); el del cardenal Francis Spellman, arzobispo de Nueva York (gran amigo del papa Pacelli) y su obispo auxiliar Fulton J. Sheen (excelente comunicador de masas); el del cardenal James Francis McIntyre, arzobispo de Los Angeles (decisivo impulsor de las escuelas católicas); en fin, el del arzobispo (más tarde cardenal) Richard Cushing de Boston (amigo de la familia Kennedy, a varios de cuyos miembros bautizó). Pero esto era el panorama externo del catolicismo estadounidense. En esos mismos años, ya antes del Concilio Vaticano II, se incubaba el germen del cambio.
El jesuita John Courtney Murray (1904-1967), profesor de Filosofía de la Universidad de Yale, lanzó durante el curso 1951-1952, en colaboración con Robert Morrison MacIver, de la Universidad de Columbia, un proyecto para garantizar la libertad académica y la enseñanza religiosa en las universidades públicas. El principio era en sí positivo y pretendía contribuir a una mejor preparación de las élites católicas para la acción (típico objetivo jesuita), pero la libertad académica se tradujo en la realidad en un progresivo distanciamiento del magisterio oficial de la Iglesia. El mismo Murray tuvo problemas con el Santo Oficio, siendo interpelado por el cardenal Ottaviani por sostener que una nueva verdad moral había emergido fuera de la Iglesia y que todo ciudadano, por su dignidad como persona, tenía derecho a asumir el control moral sobre sus propias creencias. El jesuita renunció en 1954 a seguir escribiendo sobre libertad religiosa, pero ya había creado escuela. Su principio de libertad académica sería más tarde invocado por teólogos como Charles Curran, Robert Drinan y Hans Küng para justificar su oposición a la doctrina católica oficial, a la cual oponían su “fiel disenso”. Ahora se puede comprender cómo pudo ser posible el giro a la izquierda de las élites católicas en los años Sesenta al que nos referíamos líneas atrás.
La postura del P. Murray –según la cual se ha de distinguir entre los aspectos morales de una cuestión y la viabilidad de promulgar legislación acerca de tal cuestión– fue decisiva durante el coloquio que tuvo lugar en Hyannisport (Massachusetts), en el cuartel general de verano de los Kennedy, en el verano de 1964. En él participaron los ya mencionados Charles Curran y Robert Drinan, como también los jesuitas Joseph Fuchs, John Giles Milhaven, Richard A. McCormick y Albert R. Jonsen. El momento era importante porque Robert Kennedy, que no gozaba de la confianza de Lyndon B. Johnson, iba a dejar en septiembre la Fiscalía General de los Estados Unidos para presentarse como candidato a senador por Nueva York en las elecciones de noviembre, con la perspectiva de presentarse a las presidenciales de 1968. Por su parte, Ted, que había cobrado mayor importancia en la familia tras el asesinato de su hermano el Presidente, era senador por Massachusetts desde noviembre de 1962 y se preparaba a mayores responsabilidades. Ahora bien, ambos Kennedy, si querían que sus carreras políticas prosperasen, debían contar con el apoyo del electorado demócrata y del electorado católico liberal, ambos favorecedores de las reivindicaciones más en contraste con el magisterio oficial de la Iglesia, especialmente la del aborto. Los teólogos reunidos en Hyannisport dieron a los Kennedy y a sus asesores y aliados la justificación para poder aceptar, dado el caso, la promoción de una política abortista con tranquilidad de conciencia.
Robert Kennedy se ocupó preferentemente de los derechos civiles y los derechos humanos (de los que ya se había ocupado como Fiscal General) siendo asesinado en plena campaña para las elecciones presidenciales en junio de 1968. No se sabe qué actitud iba a adoptar frente al aborto. Su hermano Edward, convertido en jefe de la familia (su anciano padre Joseph se hallaba impedido por una parálisis), veía así ante él desplegado el camino hacia la presidencia, pero en julio del año siguiente ocurrió el accidente de Chappaquidick con resultado de muerte para su secretaria Mary Jo Kopechne, cuyas extrañas circunstancias suscitaron una controversia que acabó con las posibilidades de elección del senador, al menos por el momento. El hecho es que todavía en 1971, Ted Kennedy se manifestaba contrario al aborto, como queda documentado por una carta de respuesta al activista de la Liga Católica de New York Tom Dennelly, en la cual se leen frases como las siguientes:
“Creo que la vida humana, incluso en sus etapas más tempranas, tiene ciertos derechos que deben ser reconocidos: el derecho a nacer, el derecho a amar, el derecho a envejecer”. 
“Una vez la vida ha empezado, sin importar en qué estadio de desarrollo se encuentre, creo que no se puede decidir que termine por un mero deseo”. 
“Cuando la Historia vuelva los ojos hacia esta época, debería reconocer a esta generación como la que se preocupó por los seres humanos lo suficiente como para acabar con la práctica de la guerra, para ofrecer una vida decente a cada familia y para cumplir con sus responsabilidades frente a sus hijos desde el momento mismo de la concepción”.
Sin embargo, en los Ochenta el senador Kennedy emprendió una activa campaña contra la política de Ronald Reagan, haciéndose abanderado del feminismo y de los derechos de los homosexuales. ¿Y el aborto? El P. Milhaven, que había participado en el coloquio de Hyannisport de 1964, informó que veinte años después, en 1984, hubo otra reunión de teólogos en la misma localidad. Se trataba de una sesión informativa para el grupo Catholics for Free Choice (Católicos para la libre elección), en la que participaron varios miembros del clan Kennedy (entre ellos Ted y su cuñado Sargent Shriver, esposo de Eunice), a cuyas preguntas sobre varios puntos controvertidos respondieron los teólogos. Éstos, en palabras del P. Milhaven, “aunque disintieron en muchos puntos, coincidieron en uno básico y fue éste: que un político católico podía en buena conciencia votar a favor del aborto” (citado por Ann Hendershott en la edición del The Wall Street Journal del 2 de enero de 2009). Desde entonces fue cuando Edward Kennedy se mostró abiertamente favorable a la política pro-choice, de la cual no se distanció el resto de su vida, ni siquiera en la carta a Benedicto XVI a la que hemos hecho referencia.
Sin pretender disminuir la innegable responsabilidad personal de este político en la promoción del aborto hay que decir que, en última instancia, la culpa es del “catolicismo a la carta” propiciado por los que tenían la grave responsabilidad de educar a las élites católicas norteamericanas. Y es que cuando los guías son ciegos, ¿a dónde van los guiados? Es una pena que una familia católica como la de los Kennedy, que pudo haber influido decisivamente en la sociedad estadounidense a favor de los valores predicados por la Iglesia, perdiera tan tristemente el rumbo. Y es tanta más lástima si se considera que tuvieron el excelente ejemplo de su devota matriarca: Rose Fitzgerald Kennedy, que llegó a sacrificar su afecto maternal antes de aprobar la unión ilícita desde el punto de vista católico de su hija Kathleen y que nunca desmintió su profunda religiosidad. Ted Kennedy, además, tuvo el privilegio de recibir la primera comunión de un santo: Pío XII (fue durante un viaje con su familia a Roma, siendo su padre embajador de los Estados Unidos en el Reino Unido). Quiera Dios en su Misericordia que la intercesión de Eugenio Pacelli y la de Rose Fitzgerald Kennedy, en unión de las plegarias que pidió a Benedicto XVI hayan logrado que el senador Edwrad Moore Kennedy, contrito de sus pasados errores, tuviera una buena muerte


Correo de Pedro Hispano

Pedro Hispano, un amigo de nuestra bitácora, nos ha enviado un correo que reproducimos a continuación.

La intervención de Don José Antonio Sayés Prieto en post titulado: ¿Objeción de conciencia? Me parece que merece una ampliación ya que no es que lo que dice no sea fundamentalmente cierto pero, a pesar de eso, hay un fallo fundamental en la exposición de tan benemérito teólogo: no va a la raíz de los problemas.
Que se invite a dimitir a políticos corruptos es una ingenuidad. Otra cosa es que se trate simplemente de incompetentes, que, además de incompetentes, sean del número, desgraciadamente escaso, de católicos que se confiesan. ¿Pero es esa la solución a los males de España? Algunas correcciones muy atendibles le ha hecho en su comentario Juanito Neocón pero yo creo indispensable añadir que el fondo de los problemas de la aún en parte católica España no está en los malos políticos sino en los malos eclesiásticos. Es a ellos, por muy encumbrados que estén, a los que habría que exigir la dimisión porque son ellos el fondo del problema y lo que paraliza cualquier intento de solución.
Ellos y la crisis que ellos llevan consigo y que ni siquiera con frecuencia quieren reconocer ni mucho menos afrontar sino que se limitan a tratar de ocultar con castillos de fuegos artificiales como el que preparan próximamente para Barcelona siguiendo las directrices del impresentable Fisichella.
 Me resulta embarazoso corregir aquí a alguien como Don José Antonio Sayés  pero creo que si los eclesiásticos no se atreven a llamar las cosas por su nombre y se limitan a dirigir los tiros, por otra parte más que justificados, a los malos políticos pueden dar una impresión de corporativismo a ultranza que sólo puede traerle descrédito a la Iglesia.
Y por aquello de donde se confirma lo dicho con algunos ejemplos remito a quien le interese al documentado artículo que el 03.09.09 nos ofrecía Germinans sobre la corrupción de los Kennedy -¡y de cuantos más Dios mío!- por obra de teólogos progresistas. Es claro que ese ejemplo concreto no se puede aplicar sólo a USA sino que es perfectamente trasladable a cualquiera de los países otrora católicos. Es la crisis de la Iglesia la que corrompe a la sociedad y si de verdad se quiere el remedio hay que comenzar por casa.


APENDICE:
23:25:51, por Germinans,

Cómo teólogos modernistas desviaron la carrera de un político católico.
El pasado 25 de agosto, murió Edward Moore Kennedy, más conocido por su diminutivo Ted, a sólo dos semanas del fallecimiento de su hermana Eunice Kennedy Shriver. De esta manera, ha vuelto a saltar a la actualidad el clan más famoso de los Estados Unidos, al cual siempre se lo ha considerado lo más cercano a una familia real que tiene ese país. Lástima que, como sucede con gran parte de las antiguas dinastías europeas, la irlando-americana de los Kennedy haya perdido la consciencia de sus obligaciones históricas y morales, cuyo cumplimiento fue en otro tiempo su timbre de gloria y la razón de su encumbramiento. ¿Cómo es posible que los que llegaron a ser hijos predilectos de la Iglesia se hayan convertido en promotores de causas contrarias a las enseñanzas del magisterio católico? El propio senador Kennedy, que fuera en la primera época de su vida un firme defensor de la vida desde el instante mismo de la concepción terminó sus días apoyando la opción que en los Estados Unidos se llama “pro-choice”, es decir la que defiende la completa libertad de la mujer para controlar su fertilidad y decidir la continuación o la interrupción de su embarazo (lo cual implica el aborto libre). Desgraciadamente, la tercera generación Kennedy sigue sus pasos: el gobernador de California Arnold Schwarzenegger, marido de Maria Owings Shriver (hija de Eunice Kennedy Shriver), es también un abanderado de la opción “pro-choice”, y Caroline Kennedy Schlossberg, hija del asesinado presidente Kennedy, ambiciona el puesto de senadora por Nueva York, dejado vacante por Hillary Clinton, defendiendo, entre otras cosas, el aborto y los “matrimonios” homosexuales.
Ted Kennedy escribió poco antes de morir una carta a Benedicto XVI, que Barack Obama entregó personalmente al Papa durante su visita del 10 de julio pasado. En ella, el senador afirmaba: “Siempre traté de ser un católico fiel, Su Santidad, y aunque mis debilidades me hicieron fallar, nunca dejé de creer y respetar las enseñanzas fundamentales de mi fe”. Todos los Kennedy se confiesan igualmente católicos, pero no parecen tener escrúpulos de conciencia por su defensa de ciertos principios contrarios al magisterio de la Iglesia. Se les ve en misa, en compañía de prelados y clérigos, presiden obras de caridad y beneficencia católicas… ¿cómo se compadecen conductas tan contradictorias? Quizás la respuesta esté en una reciente declaración de la ya citada Maria Shriver, que dijo considerarse una “Cafeteria Catholic” (“católica a la carta”). Es ésta una expresión que define a aquellos fieles que seleccionan las enseñanzas de la Iglesia en las que quieren creer y rechazan otras, normalmente las relativas a la Moral (que suelen ser las más incómodas porque exigen una coherencia de fe y vida, una traducción de las creencias en las conductas, cosa no siempre fácil, sobre todo cuando se es un personaje público, sujeto a la atención de la opinión pública y a los discutibles imperativos de los políticamente correcto).
El “catolicismo a la carta” no es sino el resultado del llamado “progresismo”, que hizo fortuna en el catolicismo norteamericano desde mediados de los años Sesenta del siglo pasado, época de grandes cambios en lo religioso, político y cultural y de importantes convulsiones sociales, propicia a los activismos de toda clase. Lo explica muy bien Patrick W. Carey en su libro Catholics in America: a history. La aplicación del Concilio Vaticano II y sus reformas comenzó a transformar la conciencia de la comunidad católica, pero su impacto se vio amplificado por los movimientos reivindicativos de aquellos años: las protestas radicales contra la guerra del Vietnam, los disturbios raciales, la rebeldía estudiantil, las campañas para la emancipación sexual y la liberación de la mujer, etc. Sacerdotes, religiosos, monjas y seglares se vieron involucrados en ellos. Se dio un verdadero giro a la izquierda en las élites católicas. ¿Cómo se llegó a esto?
Cuando en 1960 John Fitzgerald Kennedy llegó al poder, convirtiéndose en el 35º presidente de la Unión, se rompió un prejuicio reinante en la sociedad norteamericana: “en una América democrática una religión autoritaria como la católica es cosa extraña”. Fue realmente un gran impacto el que un católico romano pudiera gobernar un país de mayoría protestante, impacto incluso mayor que el que ha tenido la elección de Barack Obama, un afroamericano, como presidente de un país en el que hasta hace cuarenta años se practicaba el segregacionismo. Kennedy era, sin embargo, el resultado del gran desarrollo experimentado por la Iglesia Católica desde el último tercio del siglo XIX y durante la primera mitad del XX, gracias, sobre todo, a dos factores fundamentales: la importante inmigración católica y una sabia organización, que la convirtieron en la minoría religiosa más influyente y eficaz de la sociedad norteamericana. Buena parte del mérito corresponde al cardenal Gibbons, arzobispo de Baltimore, que supo aprovechar inteligentemente a favor de la Iglesia el principio de libertad religiosa consagrado en la Constitución norteamericana. Roma vio con gran complacencia el crecimiento de la Iglesia en los Estados Unidos, que pudo comprobar personalmente el entonces cardenal Pacelli (futuro papa Pío XII) en viaje privado a todo lo largo y ancho del país en 1936, durante el cual, por cierto, trabó conocimiento y amistad con Joseph P. Kennedy, el patriarca del clan Kennedy.
Durante el pontificado pacelliano la jerarquía católica estadounidense fue un ejemplo de fidelidad a Roma y de gobierno ejemplar: en este capítulo quedan nombres como el del cardenal Edward Mooney, arzobispo de Detroit (gran benefactor de las clases trabajadoras); el del cardenal Samuel Stritch, arzobispo de Chicago (para quien Pío XII tenía importantes planes, truncados por una prematura e inesperada muerte); el del cardenal Francis Spellman, arzobispo de Nueva York (gran amigo del papa Pacelli) y su obispo auxiliar Fulton J. Sheen (excelente comunicador de masas); el del cardenal James Francis McIntyre, arzobispo de Los Angeles (decisivo impulsor de las escuelas católicas); en fin, el del arzobispo (más tarde cardenal) Richard Cushing de Boston (amigo de la familia Kennedy, a varios de cuyos miembros bautizó). Pero esto era el panorama externo del catolicismo estadounidense. En esos mismos años, ya antes del Concilio Vaticano II, se incubaba el germen del cambio.
El jesuita John Courtney Murray (1904-1967), profesor de Filosofía de la Universidad de Yale, lanzó durante el curso 1951-1952, en colaboración con Robert Morrison MacIver, de la Universidad de Columbia, un proyecto para garantizar la libertad académica y la enseñanza religiosa en las universidades públicas. El principio era en sí positivo y pretendía contribuir a una mejor preparación de las élites católicas para la acción (típico objetivo jesuita), pero la libertad académica se tradujo en la realidad en un progresivo distanciamiento del magisterio oficial de la Iglesia. El mismo Murray tuvo problemas con el Santo Oficio, siendo interpelado por el cardenal Ottaviani por sostener que una nueva verdad moral había emergido fuera de la Iglesia y que todo ciudadano, por su dignidad como persona, tenía derecho a asumir el control moral sobre sus propias creencias. El jesuita renunció en 1954 a seguir escribiendo sobre libertad religiosa, pero ya había creado escuela. Su principio de libertad académica sería más tarde invocado por teólogos como Charles Curran, Robert Drinan y Hans Küng para justificar su oposición a la doctrina católica oficial, a la cual oponían su “fiel disenso”. Ahora se puede comprender cómo pudo ser posible el giro a la izquierda de las élites católicas en los años Sesenta al que nos referíamos líneas atrás.
La postura del P. Murray –según la cual se ha de distinguir entre los aspectos morales de una cuestión y la viabilidad de promulgar legislación acerca de tal cuestión– fue decisiva durante el coloquio que tuvo lugar en Hyannisport (Massachusetts), en el cuartel general de verano de los Kennedy, en el verano de 1964. En él participaron los ya mencionados Charles Curran y Robert Drinan, como también los jesuitas Joseph Fuchs, John Giles Milhaven, Richard A. McCormick y Albert R. Jonsen. El momento era importante porque Robert Kennedy, que no gozaba de la confianza de Lyndon B. Johnson, iba a dejar en septiembre la Fiscalía General de los Estados Unidos para presentarse como candidato a senador por Nueva York en las elecciones de noviembre, con la perspectiva de presentarse a las presidenciales de 1968. Por su parte, Ted, que había cobrado mayor importancia en la familia tras el asesinato de su hermano el Presidente, era senador por Massachusetts desde noviembre de 1962 y se preparaba a mayores responsabilidades. Ahora bien, ambos Kennedy, si querían que sus carreras políticas prosperasen, debían contar con el apoyo del electorado demócrata y del electorado católico liberal, ambos favorecedores de las reivindicaciones más en contraste con el magisterio oficial de la Iglesia, especialmente la del aborto. Los teólogos reunidos en Hyannisport dieron a los Kennedy y a sus asesores y aliados la justificación para poder aceptar, dado el caso, la promoción de una política abortista con tranquilidad de conciencia.
Robert Kennedy se ocupó preferentemente de los derechos civiles y los derechos humanos (de los que ya se había ocupado como Fiscal General) siendo asesinado en plena campaña para las elecciones presidenciales en junio de 1968. No se sabe qué actitud iba a adoptar frente al aborto. Su hermano Edward, convertido en jefe de la familia (su anciano padre Joseph se hallaba impedido por una parálisis), veía así ante él desplegado el camino hacia la presidencia, pero en julio del año siguiente ocurrió el accidente de Chappaquidick con resultado de muerte para su secretaria Mary Jo Kopechne, cuyas extrañas circunstancias suscitaron una controversia que acabó con las posibilidades de elección del senador, al menos por el momento. El hecho es que todavía en 1971, Ted Kennedy se manifestaba contrario al aborto, como queda documentado por una carta de respuesta al activista de la Liga Católica de New York Tom Dennelly, en la cual se leen frases como las siguientes:
“Creo que la vida humana, incluso en sus etapas más tempranas, tiene ciertos derechos que deben ser reconocidos: el derecho a nacer, el derecho a amar, el derecho a envejecer”. 
“Una vez la vida ha empezado, sin importar en qué estadio de desarrollo se encuentre, creo que no se puede decidir que termine por un mero deseo”. 
“Cuando la Historia vuelva los ojos hacia esta época, debería reconocer a esta generación como la que se preocupó por los seres humanos lo suficiente como para acabar con la práctica de la guerra, para ofrecer una vida decente a cada familia y para cumplir con sus responsabilidades frente a sus hijos desde el momento mismo de la concepción”.
Sin embargo, en los Ochenta el senador Kennedy emprendió una activa campaña contra la política de Ronald Reagan, haciéndose abanderado del feminismo y de los derechos de los homosexuales. ¿Y el aborto? El P. Milhaven, que había participado en el coloquio de Hyannisport de 1964, informó que veinte años después, en 1984, hubo otra reunión de teólogos en la misma localidad. Se trataba de una sesión informativa para el grupo Catholics for Free Choice (Católicos para la libre elección), en la que participaron varios miembros del clan Kennedy (entre ellos Ted y su cuñado Sargent Shriver, esposo de Eunice), a cuyas preguntas sobre varios puntos controvertidos respondieron los teólogos. Éstos, en palabras del P. Milhaven, “aunque disintieron en muchos puntos, coincidieron en uno básico y fue éste: que un político católico podía en buena conciencia votar a favor del aborto” (citado por Ann Hendershott en la edición del The Wall Street Journal del 2 de enero de 2009). Desde entonces fue cuando Edward Kennedy se mostró abiertamente favorable a la política pro-choice, de la cual no se distanció el resto de su vida, ni siquiera en la carta a Benedicto XVI a la que hemos hecho referencia.
Sin pretender disminuir la innegable responsabilidad personal de este político en la promoción del aborto hay que decir que, en última instancia, la culpa es del “catolicismo a la carta” propiciado por los que tenían la grave responsabilidad de educar a las élites católicas norteamericanas. Y es que cuando los guías son ciegos, ¿a dónde van los guiados? Es una pena que una familia católica como la de los Kennedy, que pudo haber influido decisivamente en la sociedad estadounidense a favor de los valores predicados por la Iglesia, perdiera tan tristemente el rumbo. Y es tanta más lástima si se considera que tuvieron el excelente ejemplo de su devota matriarca: Rose Fitzgerald Kennedy, que llegó a sacrificar su afecto maternal antes de aprobar la unión ilícita desde el punto de vista católico de su hija Kathleen y que nunca desmintió su profunda religiosidad. Ted Kennedy, además, tuvo el privilegio de recibir la primera comunión de un santo: Pío XII (fue durante un viaje con su familia a Roma, siendo su padre embajador de los Estados Unidos en el Reino Unido). Quiera Dios en su Misericordia que la intercesión de Eugenio Pacelli y la de Rose Fitzgerald Kennedy, en unión de las plegarias que pidió a Benedicto XVI hayan logrado que el senador Edwrad Moore Kennedy, contrito de sus pasados errores, tuviera una buena muerte


viernes, 2 de marzo de 2012

Censuran a Morillo

Manuel Morillo publicó ayer un su bitácora un artículo en defensa de la Doctrina Social de la Iglesia y crítico de la postura del profesor Antonio Argandoña (IESE, Universidad de Navarra) a favor de la reforma laboral del PP. En poco tiempo, el artículo fue suprimido de su blog ReLTranscribimos la entrada desparecida:


Antonio Argandoña, en nombre de AEDOS, así lo rubrica, ha escrito un artículo sobre la últimas reformas del PP (que han sido las subidas de impuestos a las clases medias y la facilitación del despido)

http://admin.religionenlibertad.com/archivos/religionenlibertad.com//aedos.png
Lo ha escrito desde un supuesto criterio de la DSI (AEDOS es el acrónimo de la Asociación para el Estudio de la Doctrina Social de la Iglesia)

Pero todo el artículo es una justificación de las citada medidas tomadas por el partido progre de derechas siguiendo las órdenes de las instituciones mundialistas, como la UE y el FMI , viniendo a decir, con un criterio fatalista, que gusten o no gusten son las únicas medidas posibles, considerando la reforma como "adecuada". Así lo titula

http://admin.religionenlibertad.com/archivos/religionenlibertad.com//Argandoña1.jpg

Antonio Argandoña es profesor de Economía y titular de la Cátedra ´la Caixa´ de Responsabilidad Social de la Empresa y Gobierno Corporativo del IESE (Universidad de Navarra),

Tanto por su pertenencia a AEDOS como por su carrera académica se le supone  conocimiento de la DSI como de la economía, y por ello de las consecuencias sobre los españoles de las medidas tomadas por el gobierno del PP.

Es decir que en sus opiniones no se puede alegar inocencia en las mismas, sino que son dolosas, pretendiendo convencer a sus lectores de que deben resignarse y aceptar las actuales políticas económicas y sus consecuencias laborales, con las repecusiones morales y familiares que tiene la precarización del trabajo, la pauperización de los salarios, etc.. mientras se apoyan las instituciones financieras.

Y lo ha escrito en la revista Alfa y Omega[*] , que es órgano impreso de la Fundación San Agustín dependiente del Arzobispado de Madrid. Tan dependiente que la publicación tiene un delegado episcopal.

Con lo que el artículo adquiere una percepción por parte de sus lectores como magisterio del pastor local, que por su posición en la CEE y la distribución de la publicación tiene una dimensión nacional.

Este artículo es otra mas de las acciones de propaganda subliminal (en este caso poco subliminal) al servicio del partido centroreformista y de su cosmovisión liberal relativista, a las que prestan altavoz y  tribuna los medios propiedad de la Iglesia, pero que manipulan la Doctrina Social de la Iglesia, especialmente el Magisterio Pontificio sobre el tema  y que tanto preocupó a Juan Pablo Magno.

Los media dependientes de la Iglesia española nos van a obligar a luteranizarnos, y tener que acudir directamente a la  Sola scriptura y leer directamente los textos pontificios, sin fiarnos de sus interpretaciones fraudulentas distribuidas por la Iglesia local

¿Veremos pronto en algunos seminarios la sustitución de las catedra Leon XIII por la catedra FAES?

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[*] Toda una guasa y una contradicción en un número dedicado especialmente a Chesterton y su distributismo


Censuran a Morillo

Manuel Morillo publicó ayer un su bitácora un artículo en defensa de la Doctrina Social de la Iglesia y crítico de la postura del profesor Antonio Argandoña (IESE, Universidad de Navarra) a favor de la reforma laboral del PP. En poco tiempo, el artículo fue suprimido de su blog ReLTranscribimos la entrada desparecida:


Antonio Argandoña, en nombre de AEDOS, así lo rubrica, ha escrito un artículo sobre la últimas reformas del PP (que han sido las subidas de impuestos a las clases medias y la facilitación del despido)

http://admin.religionenlibertad.com/archivos/religionenlibertad.com//aedos.png
Lo ha escrito desde un supuesto criterio de la DSI (AEDOS es el acrónimo de la Asociación para el Estudio de la Doctrina Social de la Iglesia)

Pero todo el artículo es una justificación de las citada medidas tomadas por el partido progre de derechas siguiendo las órdenes de las instituciones mundialistas, como la UE y el FMI , viniendo a decir, con un criterio fatalista, que gusten o no gusten son las únicas medidas posibles, considerando la reforma como "adecuada". Así lo titula

http://admin.religionenlibertad.com/archivos/religionenlibertad.com//Argandoña1.jpg

Antonio Argandoña es profesor de Economía y titular de la Cátedra ´la Caixa´ de Responsabilidad Social de la Empresa y Gobierno Corporativo del IESE (Universidad de Navarra),

Tanto por su pertenencia a AEDOS como por su carrera académica se le supone  conocimiento de la DSI como de la economía, y por ello de las consecuencias sobre los españoles de las medidas tomadas por el gobierno del PP.

Es decir que en sus opiniones no se puede alegar inocencia en las mismas, sino que son dolosas, pretendiendo convencer a sus lectores de que deben resignarse y aceptar las actuales políticas económicas y sus consecuencias laborales, con las repecusiones morales y familiares que tiene la precarización del trabajo, la pauperización de los salarios, etc.. mientras se apoyan las instituciones financieras.

Y lo ha escrito en la revista Alfa y Omega[*] , que es órgano impreso de la Fundación San Agustín dependiente del Arzobispado de Madrid. Tan dependiente que la publicación tiene un delegado episcopal.

Con lo que el artículo adquiere una percepción por parte de sus lectores como magisterio del pastor local, que por su posición en la CEE y la distribución de la publicación tiene una dimensión nacional.

Este artículo es otra mas de las acciones de propaganda subliminal (en este caso poco subliminal) al servicio del partido centroreformista y de su cosmovisión liberal relativista, a las que prestan altavoz y  tribuna los medios propiedad de la Iglesia, pero que manipulan la Doctrina Social de la Iglesia, especialmente el Magisterio Pontificio sobre el tema  y que tanto preocupó a Juan Pablo Magno.

Los media dependientes de la Iglesia española nos van a obligar a luteranizarnos, y tener que acudir directamente a la  Sola scriptura y leer directamente los textos pontificios, sin fiarnos de sus interpretaciones fraudulentas distribuidas por la Iglesia local

¿Veremos pronto en algunos seminarios la sustitución de las catedra Leon XIII por la catedra FAES?

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[*] Toda una guasa y una contradicción en un número dedicado especialmente a Chesterton y su distributismo


jueves, 1 de marzo de 2012

Bandera roja para el Yunque


El tema del Yunque ha suscitado muchos comentarios, algunos publicados y otros recibidos por correo privado. Esta entrada no admitirá nuevos comentarios.  Quien desee aportar algo con fundamento, o basado en alguna experiencia personal, puede enviar un correo, y a juicio de los redactores, se publicará como post independiente.

Nuestra opinión sobre el tema puede sintetizarse en los siguientes puntos:

I. Al ser oculta la estructura asociativa, los objetivos y las estrategias del grupo, la información disponible contiene hechos ciertos, medias verdades y falsedades completas. El resultado es la confusión general: todos podemos comprar pescado podrido.

II. No pensamos que sea malo en sí pertenecer a una sociedad reservada. En el caso de México, fue un instrumento de legítima defensa frente a la persecución estatal. Pero fuera de circunstancias extraordinarias los cristianos debemos ser hijos de la luz  en nuestras acciones (cfr. I Tes. 5, 5).

III. El problema práctico central del Yunque es el secretismo, es decir, la ocultación de lo que -en circunstancias ordinarias- debiera ser público.

IV. En España el carácter oculto del grupo despierta mayores reservas que en Iberoamérica pues el artículo 22, 5 de la constitución prohíbe las asociaciones secretas.

V. Por fuentes directas, conocemos casos de captación secreta de adolescentes y jóvenes. Lo que preocupa a las familias, por la similitud que guarda con los procedimientos sectarios.

VI. El Yunque tiene otras prácticas que, cuando están teñidas de secretismo, resultan inquietantes: acción reticular, creación de asociaciones pantallas, infiltración en otros grupos, cooptación de dirigentes de otras instituciones, el recurso a personalidades destacadas del ámbito académico o profesional para dar prestigio a entidades pantallas. La consecuencia de estos procedimientos es la instrumentalización de personas que no pertenecen al grupo, a quienes se hace cooperar para fines que ignoran aprovechándose de su buena fe.

VII. El carácter secreto de su modus operandi lo hace muy distinto de la acción capilar propugnada por Jean Ousset y la Ciudad Católica.

VIII. No nos consta que haya miembros de la FSSPX vinculados al Yunque. Parece raro que el Yunque quiera infiltrarse en la Fraternidad, porque la falta de reconocimiento canónico la coloca lejos de posiciones de poder. 

Bandera roja para el Yunque


El tema del Yunque ha suscitado muchos comentarios, algunos publicados y otros recibidos por correo privado. Esta entrada no admitirá nuevos comentarios.  Quien desee aportar algo con fundamento, o basado en alguna experiencia personal, puede enviar un correo, y a juicio de los redactores, se publicará como post independiente.

Nuestra opinión sobre el tema puede sintetizarse en los siguientes puntos:

I. Al ser oculta la estructura asociativa, los objetivos y las estrategias del grupo, la información disponible contiene hechos ciertos, medias verdades y falsedades completas. El resultado es la confusión general: todos podemos comprar pescado podrido.

II. No pensamos que sea malo en sí pertenecer a una sociedad reservada. En el caso de México, fue un instrumento de legítima defensa frente a la persecución estatal. Pero fuera de circunstancias extraordinarias los cristianos debemos ser hijos de la luz  en nuestras acciones (cfr. I Tes. 5, 5).

III. El problema práctico central del Yunque es el secretismo, es decir, la ocultación de lo que -en circunstancias ordinarias- debiera ser público.

IV. En España el carácter oculto del grupo despierta mayores reservas que en Iberoamérica pues el artículo 22, 5 de la constitución prohíbe las asociaciones secretas.

V. Por fuentes directas, conocemos casos de captación secreta de adolescentes y jóvenes. Lo que preocupa a las familias, por la similitud que guarda con los procedimientos sectarios.

VI. El Yunque tiene otras prácticas que, cuando están teñidas de secretismo, resultan inquietantes: acción reticular, creación de asociaciones pantallas, infiltración en otros grupos, cooptación de dirigentes de otras instituciones, el recurso a personalidades destacadas del ámbito académico o profesional para dar prestigio a entidades pantallas. La consecuencia de estos procedimientos es la instrumentalización de personas que no pertenecen al grupo, a quienes se hace cooperar para fines que ignoran aprovechándose de su buena fe.

VII. El carácter secreto de su modus operandi lo hace muy distinto de la acción capilar propugnada por Jean Ousset y la Ciudad Católica.

VIII. No nos consta que haya miembros de la FSSPX vinculados al Yunque. Parece raro que el Yunque quiera infiltrarse en la Fraternidad, porque la falta de reconocimiento canónico la coloca lejos de posiciones de poder. 

miércoles, 29 de febrero de 2012

Correo de lector sobre el Yunque

En el día de ayer hemos recibido de un lector argentino el correo que reproducimos a continuación. Es largo pero creemos que vale la pena para tener otra campanada. 
Por obvias razones no podemos comprobar la veracidad lo que aquí se afirma. Así que, como siempre, tomar con cuidado y leer con criterio. Hemos corregido un poco la redacción y la ortografía. Lo resaltado es nuestro.


Estimados Sres. de Infocaótica,

En referencia a su entrada del pasado sábado 25 de febrero, intitulada “El informe confidencial sobre El Yunque”, quisiera acercarles algunas reflexiones puesto que considero que mucho de lo que se ha publicado al respecto (incluído el Informe) está lleno de “pescado podrido” (información provista por la misma organización para desorientar).

Durante más de 15 años he estado investigando a esta “sociedad secreta” (o reservada, como dicen ellos). He leído distintos libros, informes, entradas en bitácoras, aportes en foros, videos y notas televisivas. Logré contactar con yunquistas, en actividad o “apagados”; primero en Méjico, pero también en España y la Argentina. Es en base a todo eso que digo lo que sigue.

Como sabrán los que han leído sobre los Cristeros mejicanos, la persecución a los católicos no cesó con los Acuerdos de 1929: los principales líderes cristeros fueron aislados por la Jerarquía mejicana y literalmente cazados por el gobierno, al mismo tiempo que los sacerdotes que habían apoyado el levantamiento cristero fueron trasladados o se vieron obligados a exiliarse. Es sobre este contexto, durante la década del ’30, que aparece toda una red de sociedades secretas católicas; una de las cuales, surgida ya en 1930 fue el Yunque. Pero no fue la única ni la de mayor peso. De hecho, durante sus primeras décadas de vida, el Yunque limitó su actividad al Estado de Jalisco y a su capital, Guadalajara.

Estas sociedades secretas actuaban de forma semi clandestina, tenían vínculos con sacerdotes y obispos, se financiaban con católicos europeos o estadounidenses, poseían brazos políticos o, incluso, servicios de orden más o menos violentos (recordemos que hasta la Segunda Guerra Mundial, a nivel mundial la política consistía fundamentalmente en “ocupar” la calle, y defenderse de los grupos antagonistas que querían evitar que se “ocupara”). Como suele suceder en estos casos, no todos los que eran útiles para estas sociedades, eran concientes de pertenecer al grupo. Es importante recordar esto para no caer en acusaciones injustas.

La primera acción importante del Yunque en Méjico de que se tiene constancia fue la organización de una serie de manifestaciones de los estudiantes católicos de Jalisco en los ’30 y que culminó con la fundación de la Universidad Autónoma de Guadalajara. Un porcentaje ínfimo de los manifestantes era de yunquistas, pero su accionar en esta “crisis” para obtener la autorización para la universidad sería característica de la forma de actuar del grupo.

En ese tiempo, el gobernador de Jalisco se encontraba enfrentado con Ciudad de Méjico, y los yunquistas le hicieron entender que aplacando las manifestaciones de estudiantes y cediendo en la fundación de una universidad, se podría ganar el apoyo de los católicos de la región en su enfrentamiento con el gobierno central.

Pero había otro problema: fundar una universidad confesional (católica) estaba prohibido por ley. Nuevamente el Yunque encontró la solución: sería una fundación autónoma, pero controlada “oficialmente” por una familia de catolicismo reconocido —los Cuesta Gallardo—, pero “extraoficialmente” por el mismo Yunque que proveería el nexo necesario entre la Jerarquía y los profesores.

Es importante entender esto. Más allá de ritos de iniciación —que pueden o no existir, y que son más o menos irrelevantes— la característica más importante del Yunque es su metodología de acción, que alguno dirá cuasi masónica, y otros, simplemente discreta según el mandato de Cristo (“prudentes sicut serpentes et simplices sicut columbae”, es el lema no oficial del Yunque)… Y es esta metodología lo que han exportado desde Méjico a nuestros países y lo que los distingue al día de hoy.

Pero volvamos un instante sobre el tema de las sociedades secretas mejicanas. En esas primeras décadas posteriores a la Cristiada, mucho más relevante que el Yunque fue la Base. Con sede en el Estado de Guanajuato y su capital, León, la Base impulsó un movimiento político que, en determinado momento, llegó a poner en jaque a todo el sistema. Me refiero al Sinarquismo.

No debemos confundir al sinarquismo mejicano con la famosa “conspiración sinarquista”, que tanto ha dado que hablar a complotistas y paranoicos en todo el mundo. En Méjico el término —del griego “syn” (con) y “archía” (gobierno)— era utilizado como opuesto a democracia, monarquía u oligarquía, todos ellos sistemas que habían traído guerra y desunión a los mejicanos. El Movimiento, en cambio, decía proponer un gobierno donde hubiese armonía entre las diversas corporaciones y clases sociales. Resumiendo mal y pronto, diríamos que el sinarquismo fue el modo mejicano del fascismo.

Eventualmente, el fin de la Segunda Guerra Mundial y el inicio de la Guerra Fría pondría fin al sinarquismo, dividido entonces entre tercermundistas y pro-yanquis. De más está decir que en esta división, mucho tuvo que ver la Base, cuyas fuentes de financiamiento principales se encontraban entre los católicos de los Estados Unidos.

Para ese tiempo, década del ’50, el Yunque se traslada hacia el Oriente mejicano, al Estado de Puebla, de la mano de un combativo profesor universitario —Ramón Plata Moreno— y un ardoroso jesuita —Joaquín Sáenz Arriaga—. También se fundará tiempo después un Yunque en el norte, en el Estado de Sonora, con su capital Hermosillo.

El Yunque de Occidente, los “tecos” de Guadalajara, se convertirán en los ’50 en duros luchadores anticomunistas, con fuertes vínculos con los Estados Unidos y propagadores de toda clase de denuncias sobre infiltraciones y conspiraciones con el “nom de plumeMaurice Pinay.

Por su parte, el Yunque de Oriente, y su líder Ramón Plata, se verá influenciado por los escritos de Jean Ousset y Plinio Correa de Oliveira, y toda la literatura de contrainsurgencia de la hoy conocida como Escuela Francesa —incluso se han denunciado vínculos con la OAS—. Así fundaron numerosas “pantallas” que abrían diversos frentes de combate. En el ámbito universitario, entonces muy convulsionado, el Yunque organizó el Frente Universitario Anticomunista de Puebla o el Movimiento Universitario de Renovadora Orientación de Méjico (mejor conocido como “el Muro”), que combatían en el terreno de las ideas y la propaganda la mayoría de las veces, a los puños, otras, contra los grupos marxistas enquistados en la universidad mejicana.

Si bien las orientaciones, entonces, eran distintas, fue el Concilio Vaticano II el que trajo la ruptura definitiva.

Es imposible entender la fuerza del tradicionalismo mejicano clásico, tan peculiar en su estilo —poco predispuesto a distinguir matices y siempre dado a las conspiraciones—, ya sea sedevacantista o filo-sedevacantista, sin considerar lo que fue Guadalajara, como centro intelectual de la resistencia al postconcilio, sufriendo incluso atentados terroristas y, posiblemente, provocando otros.

Por su parte, el Yunque de Ramón Plata, sin cesar en sus denuncias a las infiltraciones en la Iglesia, se declaró sumiso a la Santa Sede y combatió al de Guadalajara como “falsa derecha”. Por su parte, los tecos acusaron a Plata Moreno de “lacayo de Ousset” e “infiltrado de Plinio” y, posiblemente, fueron quienes denunciaron a los alumnos y profesores yunquistas que fueron expulsados de la Universidad Autónoma de México en 1968.

Es entonces que estos yunquistas exiliados de la Ciudad de Méjico fundan la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla. Del mismo modo que dos décadas antes se había hecho en Guadalajara, el Yunque “negocia” con el gobernador poblano que buscaba mejorar su base de popularidad frente al gobierno federal. Nuevamente no se crea una “universidad católica”, sino una controlada por el Yunque que hace de nexo con entre la Jerarquía y los profesores, a la vez que los controla.

En un suceso poco claro, miembros de la Asociación Católica de la Juventud Mexicana (ACJM) de Guadalajara que participaban de una peregrinación al monumento a Cristo Rey en el Cerro del Cubilete se enfrentan a los tiros con miembros del Muro, muriendo dos tapatíos. Por su parte, Ramón Plata Moreno sufre un atentado en su vehículo, al que, por poco, sobrevive. Éste aseguró, al menos en su visita a la Argentina, donde se reunió con miembros de la TFP y de la Ciudad Católica, que había sido atacado por tecos —finalmente, en 1979, lograrían asesinarlo—.

Casi no hay dudas de que el Yunque estuvo involucrado en el planeamiento y la ejecución del viaje relámpago y sorpresa del Papa Juan Pablo II a Méjico durante la celebración de la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Puebla. Se organizan grandes manifestaciones para ver al Papamóvil que, a propósito, recorre grandes extensiones. El hábil Papa polaco, rápidamente, toma las riendas de las reuniones de los obispos latinoamericanos y, fortalecido con el apoyo popular que dejaba boquiabiertos a los prelados, deja de lado los textos que impulsaba el poderoso sector tercermundista. Como reconocieron éstos, Puebla fue un “retroceso” respecto a Río de Janeiro y Medellín.

Para terminar con Méjico, vale decir que no hay dudas de las vinculaciones del Yunque con los Cruzados de Cristo Rey, con los Legionarios de Cristo y otras congregaciones e institutos. Tampoco hay dudas sobre la participación de yunquistas en la cúpula de los más grandes conglomerados empresariales mejicanos. Y la actividad del Yunque en el seno del Partido Acción Nacional (PAN), fue reconocida públicamente por Manuel Díaz Cid (profesor de la UPAEP, miembro fundador del Yunque de Puebla y asesor de Fox).

Pero como decimos antes, no todos los que les son útiles al Yunque son miembros de esta organización. Aunque Lenin haya acuñado el término, los “idiotas útiles” no son privativos del marxismo.

Ahora bien, ¿qué hay del Yunque en España y en la Argentina de que hablé al comienzo? De nuevo, como dije antes, el Yunque no es tanto una organización como una metodología.

En los comienzos del portal HazteOír.org, se habló de la “línea mexicana” de actuación: influir en la sociedad desde arriba, desde las élites políticas, económicas y sociales… y, también, eclesiásticas. El secretismo no se da tanto sobre la pertenencia al catolicismo —incluso, en ocasiones, se trata de gente de Misa tridentina—. Lo secreto son los fines de las “pantallas” que crean.

Cuando el Yunque comenzó a operar en España, en el período de la Transición, formaba jóvenes con lecturas como el “Para que Él reine” de Ousset, “Revolución y contra-revolución” de Plinio o “Doctrina de la acción contrarrevolucionaria” de Chateau-Jobert, salidas al campo, prácticas de tiro y artes marciales, también lecturas más seculares sobre liderazgo, personalidad, marketing personal, etc.

En general los jóvenes yunquistas eran reclutados de fuentes muy diversas: algunas de las Falanges, del Carlismo o de Fuerza Joven, pero también de grupos juveniles de parroquias conservadoras o movimientos católicos más o menos tradicionales (incluyendo el Opus Dei). Pero eran la élite y “los mejicanos” los entrenaban para un nuevo tipo de guerra.

La idea de haber sido elegidos, de contar con información confidencial y “entender” realmente lo que está en juego, de ser los “comandos católicos” o los “007” de la Iglesia, les daba cierta cohesión, espíritu de pertenencia y de propósito compartido, aún actuando “tras líneas enemigas” o “in partibus infidelium”.

En nuestro tiempo, esos otrora jóvenes han participado de la creación y organización de los Congresos de Católicos y Vida Pública, la cadena Cope, el portal HazteOír.org, la plataforma Profesionales por la Ética, etc. ¿Quiere decir que estos grupos son “la cara” del Yunque, o sus portavoces o sus “tapaderas” —como dice el Informe que Uds. publicaron—? No necesariamente. No trabaja así el Yunque.

Por eso, aunque Luis Fernando Pérez Bustamante hubiese hecho la pregunta de oro que no hizo a Ignacio Arsuaga en su tan extensa como inútil entrevista del 3 de febrero pasado, “¿Es Usted miembro del Yunque?”, la respuesta del presidente de HO podría haber sido tranquilamente: “No”. Puesto que el Yunque, como tal, no existe.

Existe una metodología de acción, una serie de entidades intermedias (fundaciones, ONGs, plataformas, portales de internet) que operan en red —lo que llaman “brazos de Dios”—, una tendencia a la concertación con grupos afines que realmente puedan incidir en la sociedad —aún cuando en un 99% de los temas se escapen de la doctrina católica—. Y existen sí yunquistas infiltrados y que operan en organizaciones de todo tipo y calidad, religiosas o seculares, políticas o económicas, mayoritarias o elitistas, pero que “misteriosamente” tienden a coincidir en la oportunidad de sus planteos, en la forma de presentarlos, etc.

¿Y en la Argentina? El Yunque existe y también desde la década del ’70, sino antes. Sabemos de pequeñas células en las Fuerzas Armadas, de yunquistas individuales en lo que fue la Ciudad Católica (IPSA) en su momento de mayor apogeo y extensión geográfica y de ciertos contactos en la cúpula de la Universidad Católica Argentina y, en algún momento, sus Cursos de Cultura Católica que se daban por todo el país (luego escindidos y puestos bajo la protección de una fundación sin fines de lucro).

Al día de hoy, sabemos de al menos cuatro grupos que hacen uso de la metodología yunquista en la Argentina (infiltración, concertación, uso de organizaciones pantalla, formación de élites, etc.), incluso con la cooperación de institutos religiosos conservadores, pero sin ser parte del Yunque —y, en algunos casos, en abierto enfrentamiento con “los mejicanos”—. Aunque en ocasiones colaboren con ellos… y es que los yunquistas consiguen auspiciantes, intercambios y apoyos internacionales, edición y publicación de libros, viajes y conferencias, etc. Vale decir que los que hacen uso de esta “metodología” en estos grupos de que hablamos, tienen también vínculos con La Reja (me refiero no sólo a “lefes” muy conocidos en el ambiente, sino también a profesores del Seminario).

De nuevo, no se trata de que estas personas escondan su catolicismo —si diéramos nombres, una mínima búsqueda en Internet nos daría suficiente información sobre su actividad—, sino lo que esconden es su metodología e intenciones en los lugares en los que operan; sean del Yunque o de cualquier otra de estas redes a que me refiero en el párrafo anterior.

Pero, cada tanto, el Yunque cruza límites que provocan su condena pública. En julio de 2009, el P. José Luis Torres-Pardo, “padre fundador” del Instituto de Cristo Rey (una escisión argentina de los Cooperadores Parroquiales), denunciaba públicamente en una carta la infiltración del Yunque (y sus filiales, “la Organización” y “la Empresa”) en su rama laical, la Legión de Cristo Rey, y prohibía a sus miembros pertenecer a dicha sociedad secreta.

Pero aún, al día de hoy, hay quien sigue dudando de que el Yunque exista. Pero, como las brujas, haberlo, haylo.

Felicidades por su blog.

Erwin

PD: Por razones obvias, si por alguna de esas cosas de la vida llegasen a publicar este mail, por favor no pongan mi nombre verdadero ni mi correo. Gracias.-