viernes, 30 de diciembre de 2011

Iraburre


Transcribimos las reflexiones que nos llegan de parte de Pedro Hispano sobre el último -Deo volente- articulete de Iraburu. El carácter soporífero del mismo se deriva de lo de siempre: lo que Iraburu dice del P. Gleize, en su respuesta a Ocáriz, lo podría también decir de monseñor Gherardini. Sin embargo no lo ha dicho. Es a dicha "forma mentis" a la que nuestro lector parece hincar el diente.

 “El rayo que no cesa”
Vuelve Don José Mª Iraburu al ataque contra los lefebvrianos. Es curioso que lo haga precisamente el dia de los Inocentes. Pero hay que comenzar reconociendo que en este tiempo no ha dejado de hacer algún progreso. Por ejemplo: se ha enterado de que existe Mons. Brunero Gherardini y su libro de análisis crítico del Vaticano II. Y hasta habla del libro con cierto respeto exonerándole de los errores que afirma pululan en los escritos de los seguidores de Mons. Marcel Lefebvre.
El caso es que, curiosamente, el libro del canónigo vaticano se difunde en los centros lefebvrianos, como puede comprobar cualquiera que se acerque a uno de ellos.
Hace aguas por más sitios el articulo en cuestión así como las respuestas que da a los comentarios supervivientes a la censura infocatólica. Pero dejo su análisis a otros para centrarme en su reiterada y calumniosa acusación de cisma.
¿Existe un cisma lefebriano?
En realidad la pregunta podría ser si en la actuales circunstancias de Iglesia puede existir cualquier tipo de cisma. Porque no puede haber estrictamente cisma si no hay un reducto o perímetro bien definido en lo doctrinal y lo disciplinar y los que lo abandonan serían cismáticos frente a los auténticos católicos que serían tales porque permanecen dentro del perímetro y en comunión con él. Se puede estar fuera o dentro de un recinto cuando éste tiene unos límites precisos. Pero, cuando el recinto no tiene de tal más que el nombre porque no tiene tales límites sino que se confunde con los demás territorios y los penetra y es penetrado por ellos, decir que alguien está fuera o dentro de él es por lo menos arriesgado. Y cuando afecta a personas, en muchos casos beneméritas –como aquellas a las que Iraburu ataca- es también injusto y calumnioso.
Hoy –nunca lo lamentaremos bastante- ¿donde están los límites precisos y en la práctica (1) de lo que es correcto o no en doctrina, liturgia y disciplina en el seno de la Iglesia Católica? Porque si de hecho Walter Kasper puede ser cardenal, el papa que besa el Corán beatificado y las monja que defiende y hace propaganda del aborto seguir –aparentemente, al menos- tan tranquila, ¿dónde está el recinto religioso con unos límites concretos de modo que se pueda decir que alguien está dentro o fuera de él? ¿Hay un perímetro eclesial bien definido cuando la más alta autoridad eclesiástica alaba públicamente “la experiencia religiosa de Lutero”, cuando el actual arzobispo de Sevilla se hace acolitar por monaguillas o cuando la Universidad Notre Dame (USA) conserva el título de “católica” después de conceder el doctorado Honoris causa al abortista Obama?
Este es uno de los fallos fundamentales de Don José María Iraburu: que pretende afrontar esta crisis de vértigo a base de definiciones atemporales con las que elabora textos tan rotundos como alejados de la realidad. Y la realidad –la tristísima realidad- es que hoy la Iglesia no se presenta al mundo como un reducto con límites precisos sino como un magma ecuménico.
En conclusión: Una rémora.
Por eso la obra de Iraburu en cuanto se sale de ciertos límites se convierte en una rémora porque ante las mentes de los que le dan crédito, que en estos temas no merece, debilita la posición de quienes luchan por recuperar la Tradición católica. Le guste o no hace el juego Iraburu a los demoledores de la Iglesia enseñando ese obedientismo ciego que ha hecho que llevemos más de 40 años celebrando Misa con la fórmula de la Consagración mal traducida y contemplando sin reaccionar desastres tales como la destrucción del catolicismo romano. ¡Allá él con su conciencia! Pero al menos que no falten –no faltemos- quienes muestren a todos estos errores y los daños que han producido y pueden producir.



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(1) insisto: en la práctica que es lo que la gente vive y lo que configura o más bien desfigura la mentalidad católica.

Iraburre


Transcribimos las reflexiones que nos llegan de parte de Pedro Hispano sobre el último -Deo volente- articulete de Iraburu. El carácter soporífero del mismo se deriva de lo de siempre: lo que Iraburu dice del P. Gleize, en su respuesta a Ocáriz, lo podría también decir de monseñor Gherardini. Sin embargo no lo ha dicho. Es a dicha "forma mentis" a la que nuestro lector parece hincar el diente.

 “El rayo que no cesa”
Vuelve Don José Mª Iraburu al ataque contra los lefebvrianos. Es curioso que lo haga precisamente el dia de los Inocentes. Pero hay que comenzar reconociendo que en este tiempo no ha dejado de hacer algún progreso. Por ejemplo: se ha enterado de que existe Mons. Brunero Gherardini y su libro de análisis crítico del Vaticano II. Y hasta habla del libro con cierto respeto exonerándole de los errores que afirma pululan en los escritos de los seguidores de Mons. Marcel Lefebvre.
El caso es que, curiosamente, el libro del canónigo vaticano se difunde en los centros lefebvrianos, como puede comprobar cualquiera que se acerque a uno de ellos.
Hace aguas por más sitios el articulo en cuestión así como las respuestas que da a los comentarios supervivientes a la censura infocatólica. Pero dejo su análisis a otros para centrarme en su reiterada y calumniosa acusación de cisma.
¿Existe un cisma lefebriano?
En realidad la pregunta podría ser si en la actuales circunstancias de Iglesia puede existir cualquier tipo de cisma. Porque no puede haber estrictamente cisma si no hay un reducto o perímetro bien definido en lo doctrinal y lo disciplinar y los que lo abandonan serían cismáticos frente a los auténticos católicos que serían tales porque permanecen dentro del perímetro y en comunión con él. Se puede estar fuera o dentro de un recinto cuando éste tiene unos límites precisos. Pero, cuando el recinto no tiene de tal más que el nombre porque no tiene tales límites sino que se confunde con los demás territorios y los penetra y es penetrado por ellos, decir que alguien está fuera o dentro de él es por lo menos arriesgado. Y cuando afecta a personas, en muchos casos beneméritas –como aquellas a las que Iraburu ataca- es también injusto y calumnioso.
Hoy –nunca lo lamentaremos bastante- ¿donde están los límites precisos y en la práctica (1) de lo que es correcto o no en doctrina, liturgia y disciplina en el seno de la Iglesia Católica? Porque si de hecho Walter Kasper puede ser cardenal, el papa que besa el Corán beatificado y las monja que defiende y hace propaganda del aborto seguir –aparentemente, al menos- tan tranquila, ¿dónde está el recinto religioso con unos límites concretos de modo que se pueda decir que alguien está dentro o fuera de él? ¿Hay un perímetro eclesial bien definido cuando la más alta autoridad eclesiástica alaba públicamente “la experiencia religiosa de Lutero”, cuando el actual arzobispo de Sevilla se hace acolitar por monaguillas o cuando la Universidad Notre Dame (USA) conserva el título de “católica” después de conceder el doctorado Honoris causa al abortista Obama?
Este es uno de los fallos fundamentales de Don José María Iraburu: que pretende afrontar esta crisis de vértigo a base de definiciones atemporales con las que elabora textos tan rotundos como alejados de la realidad. Y la realidad –la tristísima realidad- es que hoy la Iglesia no se presenta al mundo como un reducto con límites precisos sino como un magma ecuménico.
En conclusión: Una rémora.
Por eso la obra de Iraburu en cuanto se sale de ciertos límites se convierte en una rémora porque ante las mentes de los que le dan crédito, que en estos temas no merece, debilita la posición de quienes luchan por recuperar la Tradición católica. Le guste o no hace el juego Iraburu a los demoledores de la Iglesia enseñando ese obedientismo ciego que ha hecho que llevemos más de 40 años celebrando Misa con la fórmula de la Consagración mal traducida y contemplando sin reaccionar desastres tales como la destrucción del catolicismo romano. ¡Allá él con su conciencia! Pero al menos que no falten –no faltemos- quienes muestren a todos estos errores y los daños que han producido y pueden producir.



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(1) insisto: en la práctica que es lo que la gente vive y lo que configura o más bien desfigura la mentalidad católica.

jueves, 29 de diciembre de 2011

El artículo del padre Gleize en español



Un lector de nuestra bitácora, nos ha enviado su traducción del artículo P. Jean-Michel GLEIZE (SSPX), Profesor de Eclesiología en el Seminario de Ecône, al artículo de Mons. Fernando OCÁRIZ publicado en el Osservatore Romano del 2-dic-2011. Puede descargarse aquíEs traducción del extracto publicado en francés por DICI el 23-dic-2011. El artículo original e íntegro, con más de 60 notas al pie, fue publicado en italiano bajo el título «Una questione cruciale: il valore magisteriale del Concilio Vaticano II» en el Courrier de Rome, n.° 350 (dic-2011).

Nuestro agradecimiento a Mendrugo el desinteresado traductor.


N. de R.: el traductor ha enviado una nueva versión corregida de su traducción del artículo del P. Gleize con la que hemos reemplazado la anterior.


El artículo del padre Gleize en español



Un lector de nuestra bitácora, nos ha enviado su traducción del artículo P. Jean-Michel GLEIZE (SSPX), Profesor de Eclesiología en el Seminario de Ecône, al artículo de Mons. Fernando OCÁRIZ publicado en el Osservatore Romano del 2-dic-2011. Puede descargarse aquíEs traducción del extracto publicado en francés por DICI el 23-dic-2011. El artículo original e íntegro, con más de 60 notas al pie, fue publicado en italiano bajo el título «Una questione cruciale: il valore magisteriale del Concilio Vaticano II» en el Courrier de Rome, n.° 350 (dic-2011).

Nuestro agradecimiento a Mendrugo el desinteresado traductor.


N. de R.: el traductor ha enviado una nueva versión corregida de su traducción del artículo del P. Gleize con la que hemos reemplazado la anterior.


La Salette y su manipulación

En los comentarios de nuestra bitácora varias veces se ha hecho mención a las apariciones de la Virgen en La Salette, Francia, y al denominado Gran Secreto, por el que Nuestra Señora habría predicho: “Roma perderá la fe y se convertirá en la sede del Anticristo”. 
Gracias a un lector nos enteramos de que en el número 136 de la Revista Iesus Christus, del Distrito de América del Sur de la FSSPX,  se ha publicado un artículo del Padre Jean-Michel Gleize, sobre el secreto de La Salette, del que  tomamos dos precisiones importantes:
1ª. Hasta el presente el Gran Secreto de La Salette no ha sido ni aprobado ni reprobado por la Iglesia en virtud de un juicio propiamente canónico que se imponga a la adhesión de los fieles.
2ª. Ante la ausencia de reconocimiento oficial de parte de la Iglesia, cada cual tiene libertad para juzgar el Gran Secreto de La Salette de la manera como lo entienda, siempre y cuando sea de conformidad con las reglas de la prudencia sobrenatural. De hecho, teólogos respetables han manifestado reservas fundadas.
Para mayor claridad, recordemos que la Iglesia puede dar tres clases de aprobación a una revelación privada: 1) negativa: nada hay contra la fe y las costumbres; 2) permisiva: permite la lectura de las cosas reveladas; y 3) positiva: la Iglesia afirma que dicha revelación privada es histórica (en encíclica Miserentissimus Deus, el Papa aprobó la revelación hecha a Sta. Margarita María de Alacoque).
El Gran Secreto de la La Salette no tiene aprobación alguna, ni siquiera aprobación negativa. Podría uno rehusarse a prestarle fe humana porque no tiene aprobación. O podría darle alguna credibilidad. Son palabras que, cualquiera sea su origen y veracidad, siempre habrán de valorarse a la luz de la Revelación pública y la prudencia cristiana. Nadie debería hacer de esta supuesta profecía mariana una suerte de segunda revelación o lugar teológico. Hay que rechazar de plano la frecuente manipulación y abuso de estas palabras. 


La Salette y su manipulación

En los comentarios de nuestra bitácora varias veces se ha hecho mención a las apariciones de la Virgen en La Salette, Francia, y al denominado Gran Secreto, por el que Nuestra Señora habría predicho: “Roma perderá la fe y se convertirá en la sede del Anticristo”. 
Gracias a un lector nos enteramos de que en el número 136 de la Revista Iesus Christus, del Distrito de América del Sur de la FSSPX,  se ha publicado un artículo del Padre Jean-Michel Gleize, sobre el secreto de La Salette, del que  tomamos dos precisiones importantes:
1ª. Hasta el presente el Gran Secreto de La Salette no ha sido ni aprobado ni reprobado por la Iglesia en virtud de un juicio propiamente canónico que se imponga a la adhesión de los fieles.
2ª. Ante la ausencia de reconocimiento oficial de parte de la Iglesia, cada cual tiene libertad para juzgar el Gran Secreto de La Salette de la manera como lo entienda, siempre y cuando sea de conformidad con las reglas de la prudencia sobrenatural. De hecho, teólogos respetables han manifestado reservas fundadas.
Para mayor claridad, recordemos que la Iglesia puede dar tres clases de aprobación a una revelación privada: 1) negativa: nada hay contra la fe y las costumbres; 2) permisiva: permite la lectura de las cosas reveladas; y 3) positiva: la Iglesia afirma que dicha revelación privada es histórica (en encíclica Miserentissimus Deus, el Papa aprobó la revelación hecha a Sta. Margarita María de Alacoque).
El Gran Secreto de la La Salette no tiene aprobación alguna, ni siquiera aprobación negativa. Podría uno rehusarse a prestarle fe humana porque no tiene aprobación. O podría darle alguna credibilidad. Son palabras que, cualquiera sea su origen y veracidad, siempre habrán de valorarse a la luz de la Revelación pública y la prudencia cristiana. Nadie debería hacer de esta supuesta profecía mariana una suerte de segunda revelación o lugar teológico. Hay que rechazar de plano la frecuente manipulación y abuso de estas palabras. 


miércoles, 28 de diciembre de 2011

Nos mudamos


Siguiendo los consejos de quienes nos decían que debíamos mudarnos a un portal de mayor peso, finalmente aceptamos la invitación del responsable y el asesor espiritual de InfoCatòlica y nos mudamos allí.

Abajo podéis ver el nuevo look de nuestra humilde página. Pinchando encima de la imagen, podréis ir a nuestra nueva ubicación en la web.


Agendad nuestra nueva dirección: