martes, 4 de octubre de 2011

In memoriam

Un 4 de octubre de 1997 fallecía en Lugano (Suiza) el profesor Romano Amerio. Allí había nacido, el 17 de enero de 1905, hijo de un médico piamontés (de Asti) establecido en el Ticino, Giuseppe Amerio, y de Maria Moroni Stampa, de la célebre familia luganesa que descendía del conde Girolamo Moroni (1470-1529), gran canciller de los Sforza de Milán. A pesar de que vivirá casi toda su vida en Suiza, nunca renunciará a su ciudadanía italiana heredada de su padre para adoptar la de nacimiento y residencia.

Asistió al Gimnasio de Lugano y, luego, al Liceo Cantonal. De allí, partió a Italia, donde, en Milán, estudió Filosofía en la Universidad Católica y se graduó en 1927 con una tesis sobre Tomás Campanella.

A continuación, viaja a Munich en Alemania, en cuya Universidad estudia la filología clásica. Poco después, en el ’34, se laureó allí también en esta especialidad con una tesis de título “De Ovidii Didone cum Vergilii comparata disputatio”.

Pero, para esa época, contaba ya en su haber con numerosos artículos de carácter literario, filosófico y teológico. Porlo que, apenas conocer de su éxito bávaro, el R. P. Agostino Gemelli, O. F. M., lo invitó a dar clases en su Universidad en Milán, pero Amerio se negó en todas las ocasiones, puesto que no estaba dispuesto a ingresar al partido fascista como era exigencia. Recién en 1951, entonces, comenzó a dar clases de Historia de la Filosofía en la Católica milanesa, pero como “docente libre”.

Por el contrario, sí aceptó enseñar durante más de cuatro décadas en el Liceo Cantonal del Ticino en Lugano, donde se estudiaban las Humanidades Clásicas. Primero dio Latín y Griego y, poco después, también Filosofía e Historia. Allí, en Lugano, casó con Marta Balestra con quien formó una feliz y pacífica familia, aunque no sin dificultades.

Como profesor de filosofía era un lector apasionado e inteligente de los clásicos y como filólogo, paciente y trabajador. Pronto adquirió fama académica por sus estudios y reediciones críticas de humanistas como el mencionado Campanella, Pablo Sarpi, Jordán Bruno, Alejandro Manzoni o Jacobo Leopardi, de los Padres de la Iglesia (traduciendo y publicando textos inéditos) e, incluso, como editor de autores epicúreos (algo rarísimo y totalmente inaccesible incluso en el ámbito académico antes de él).

Sin evitar la polémica, dedicó una de sus primeras obras a refutar la interpretación que hacía el joven Gilson de René Descartes y la doctrina del mismo respecto a la libertad divina. Probó asimismo las raíces de Pablo Sarpi en las posiciones de Eckhart y Ockam, en un libro que fue reimpreso a cargo de una editorial con mayor llegada por voluntad de Benedetto Croce.

Especuló también sobre las probables fuentes del concepto de eternidad en Boecio e interpretó la espiritualidad de Epicúreo como una “sabiduría saludable, asentada sobre la certeza racional y la fructuosa serenidad de la vida”.

Asimismo, a partir de la disputa entre San Bernardo y el abad Guillermo de Cluny, reflexionó sobre las relaciones entre el dogma y el arte. Y habiendo dedicado una obra a Campanella, lo analizó luego junto a Jordán Bruno, resaltando la influencia que ambos tuvieron en el pensamiento italiano de la Modernidad.

Contra Croce defendió la existencia de una filosofía en Leopardi, quien, a pesar de carecer de método, afronta los problemas fundamentales de la existencia, una posición que Amerio bautizó como “ultrafilosófica”. No temió volver a oponerse a Croce, en su interpretación de Manzoni (junto con Campanella, otro de los pensadores más investigados por nuestro biografiado). Luego especialmente editó la Morale Cattolica manzoniana, en versión imponente con introducción crítica, numerosas notas, apéndices e índices.

El cardenal Giuseppe Siri se lo llevó con él al Concilio Vaticano II, como perito y consultor. Fruto de lo que vivió y vio de cerca, así como de su capacitación escolástica, fue su oposición a los cambios que experimentaría la Iglesia en aquellos años a partir del magno evento.

Mientras tanto, continuó su actividad académica y, en este marco, fue directivo fundador del Instituto de Altos Estudios del Ticino (1970-73). Por sus logros, en el ámbito educativo, en 1977, fue nombrado ciudadano honorario de Lugano y, tanto el Diccionario Histórico de la Suiza (Berna), como la guía histórica de la diócesis de Lugano, le dedican un espacio.

En cuanto a lo que más nos interesa aquí en este blog, en 1985 publicó Iota Unum: Studio delle variazioni della Chiesa cattolica nel secolo XX. En este libro polémico el autor vuelca toda su sapiencia filosófica, su capacidad de filólogo avezado y su inteligencia aguda para leer entre líneas. Sin ambigüedades, afirma en él que los documentos conciliares niegan, implícita e intelectualmente, parte del Magisterio anterior como la encíclica Quanta Cura del beato Pío IX, el decreto Lamentabili Sane Exitu de San Pío X y la encíclica Humani Generis del siervo de Dios Pío XII.

En línea con la encíclica Mediator Dei del Papa Pacelli, Amerio fue decisivamente crítico de la “creatividad litúrgica” postconciliar que, como “auto celebración” niega el carácter de cultus de la liturgia. Fue, por esta razón, uno de los promotores de la primera asociación Una Voce, siendo uno de los primeros socios. Y estuvo en 1971 entre los que solicitaban a la Santa Sede “considerar con la máxima gravedad la tremenda responsabilidad con la que se depararía frente a la historia del espíritu humano, si no consintiese en dejar vivir perpetuamente la Misa tradicional”, petición que fue desoída.

Hacía notar también que el abandono del término “herejía” en los documentos del Magisterio postconciliar, junto con la reorganización del Santo Oficio, tendría consecuencias inevitables tanto en la vida de la Iglesia como en los estudios académicos católicos.

Asimismo extrañaba las nociones clásicas de conversión y de disputa (disputatione), reemplazadas por una llegada de la Iglesia al mundo de manera exclusivamente dialéctica. También se opuso a quienes creían posible la conciliación del catolicismo con las filosofías de Kant, Hegel o Spinoza.

La crisis entorno a la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X y el arzobispo Marcel Lefebvre que culminó con las excomuniones de 1988 trajo bastantes problemas a Amerio, acusado indirecta e injustamente de alentar la ruptura con sus escritos. Vemos que, aunque el término “filolefebvriano” sea de reciente acuñación, el concepto existe desde hace demasiado tiempo…

Sus últimos años de vida transcurrieron en una especie de catacumba académica y familiar. Reconocido por sus alumnos y hasta por el Estado cantonal, sin embargo era absolutamente ignorado en seminarios y facultades de teología como sospechoso de crímenes de lesa conciliaridad.

En 1990 se publicó, con su autorización, una porción (cerca de un décimo) de sus Zibaldone, pensamientos recopilados a la manera de un diario íntimo, como los de Leopardi, escritos a partir de 1939 a lo largo de medio siglo.

Stat Veritas es una obra póstuma comentando algunas proposiciones de la carta apostólica Tertio Millennio Adveniente de Juan Pablo II.

Con la elección al pontificado de su amigo el cardenal Joseph Ratzinger como Benedicto XVI, ha comenzado una lentísima y parcial rehabilitación del teólogo luganense. Al menos, contamos dos jornadas de estudio en honor de Romano Amerio con asistencia de notables prelados y personalidades católicas (Lugano 2005 y Ancona 2007).

Recientemente, la revista jesuita Civiltà Cattolica, “descubrió” el pensamiento de nuestro biografiado, publicando una nota del teólogo y psicólogo Giuseppe Esposito con el sugestivo título: “Enamorado de la verdad y de la Iglesia”. Como notaba un sorprendido Sandro Magister, con esta publicación se rompía un tabú… y bajo el beneplácito de la Santa Sede que censura previamente y autoriza los artículos que aparecen en dicha revista.

Más de un año después, tocaba el turno ahora al Osservatore Romano, el mismo diario que veintidós años antes se había negado a publicar la reseña de Iota Unum que había realizado Mons. Angelo Paredi, entonces prefecto de la Biblioteca Ambrosiana. El 10 de noviembre de 2007, el “diario del Papa” reseñaba el encuentro de Ancona y publicaba un artículo de Raffaele Alessandrini con una relectura favorable de la interpretación que hizo Amerio del Vaticano II.

Incluso, algunas fuentes, lo llaman el “secreto inspirador” de la encíclica Caritas in Veritate de 2009, puesto que en este documento, el Santo Padre recoge numerosos conceptos básicos de la obra teológica y filosófica del profesor de Lugano.

Para profundizar, podemos recomendar de E. M. Radaelli, su discípulo y principal divulgador en la actualidad, la biografía Romano Amerio: Della verità e dell’amore (con introducción de monseñor Antonio Livi e intervención de Divo Barsotti, Marco Oliveri y Antonio Santucci) [Lungro di Cosenza: Marco Editore, 2005] y Romano Amerio (1905-1997): L’Umanista, el Luganese, el Cattolico (separata dirigida por Radaelli, que vino con el nº 54 de la revista Cenobio, Julio-Septiembre de 2005). El profesor Radaelli también mantiene un sitio en Internet que merece la pena, Aurea Domus.

Desde aquí, otros “filolefebvrianos” le recordamos con afecto y devoción.

In memoriam

Un 4 de octubre de 1997 fallecía en Lugano (Suiza) el profesor Romano Amerio. Allí había nacido, el 17 de enero de 1905, hijo de un médico piamontés (de Asti) establecido en el Ticino, Giuseppe Amerio, y de Maria Moroni Stampa, de la célebre familia luganesa que descendía del conde Girolamo Moroni (1470-1529), gran canciller de los Sforza de Milán. A pesar de que vivirá casi toda su vida en Suiza, nunca renunciará a su ciudadanía italiana heredada de su padre para adoptar la de nacimiento y residencia.

Asistió al Gimnasio de Lugano y, luego, al Liceo Cantonal. De allí, partió a Italia, donde, en Milán, estudió Filosofía en la Universidad Católica y se graduó en 1927 con una tesis sobre Tomás Campanella.

A continuación, viaja a Munich en Alemania, en cuya Universidad estudia la filología clásica. Poco después, en el ’34, se laureó allí también en esta especialidad con una tesis de título “De Ovidii Didone cum Vergilii comparata disputatio”.

Pero, para esa época, contaba ya en su haber con numerosos artículos de carácter literario, filosófico y teológico. Porlo que, apenas conocer de su éxito bávaro, el R. P. Agostino Gemelli, O. F. M., lo invitó a dar clases en su Universidad en Milán, pero Amerio se negó en todas las ocasiones, puesto que no estaba dispuesto a ingresar al partido fascista como era exigencia. Recién en 1951, entonces, comenzó a dar clases de Historia de la Filosofía en la Católica milanesa, pero como “docente libre”.

Por el contrario, sí aceptó enseñar durante más de cuatro décadas en el Liceo Cantonal del Ticino en Lugano, donde se estudiaban las Humanidades Clásicas. Primero dio Latín y Griego y, poco después, también Filosofía e Historia. Allí, en Lugano, casó con Marta Balestra con quien formó una feliz y pacífica familia, aunque no sin dificultades.

Como profesor de filosofía era un lector apasionado e inteligente de los clásicos y como filólogo, paciente y trabajador. Pronto adquirió fama académica por sus estudios y reediciones críticas de humanistas como el mencionado Campanella, Pablo Sarpi, Jordán Bruno, Alejandro Manzoni o Jacobo Leopardi, de los Padres de la Iglesia (traduciendo y publicando textos inéditos) e, incluso, como editor de autores epicúreos (algo rarísimo y totalmente inaccesible incluso en el ámbito académico antes de él).

Sin evitar la polémica, dedicó una de sus primeras obras a refutar la interpretación que hacía el joven Gilson de René Descartes y la doctrina del mismo respecto a la libertad divina. Probó asimismo las raíces de Pablo Sarpi en las posiciones de Eckhart y Ockam, en un libro que fue reimpreso a cargo de una editorial con mayor llegada por voluntad de Benedetto Croce.

Especuló también sobre las probables fuentes del concepto de eternidad en Boecio e interpretó la espiritualidad de Epicúreo como una “sabiduría saludable, asentada sobre la certeza racional y la fructuosa serenidad de la vida”.

Asimismo, a partir de la disputa entre San Bernardo y el abad Guillermo de Cluny, reflexionó sobre las relaciones entre el dogma y el arte. Y habiendo dedicado una obra a Campanella, lo analizó luego junto a Jordán Bruno, resaltando la influencia que ambos tuvieron en el pensamiento italiano de la Modernidad.

Contra Croce defendió la existencia de una filosofía en Leopardi, quien, a pesar de carecer de método, afronta los problemas fundamentales de la existencia, una posición que Amerio bautizó como “ultrafilosófica”. No temió volver a oponerse a Croce, en su interpretación de Manzoni (junto con Campanella, otro de los pensadores más investigados por nuestro biografiado). Luego especialmente editó la Morale Cattolica manzoniana, en versión imponente con introducción crítica, numerosas notas, apéndices e índices.

El cardenal Giuseppe Siri se lo llevó con él al Concilio Vaticano II, como perito y consultor. Fruto de lo que vivió y vio de cerca, así como de su capacitación escolástica, fue su oposición a los cambios que experimentaría la Iglesia en aquellos años a partir del magno evento.

Mientras tanto, continuó su actividad académica y, en este marco, fue directivo fundador del Instituto de Altos Estudios del Ticino (1970-73). Por sus logros, en el ámbito educativo, en 1977, fue nombrado ciudadano honorario de Lugano y, tanto el Diccionario Histórico de la Suiza (Berna), como la guía histórica de la diócesis de Lugano, le dedican un espacio.

En cuanto a lo que más nos interesa aquí en este blog, en 1985 publicó Iota Unum: Studio delle variazioni della Chiesa cattolica nel secolo XX. En este libro polémico el autor vuelca toda su sapiencia filosófica, su capacidad de filólogo avezado y su inteligencia aguda para leer entre líneas. Sin ambigüedades, afirma en él que los documentos conciliares niegan, implícita e intelectualmente, parte del Magisterio anterior como la encíclica Quanta Cura del beato Pío IX, el decreto Lamentabili Sane Exitu de San Pío X y la encíclica Humani Generis del siervo de Dios Pío XII.

En línea con la encíclica Mediator Dei del Papa Pacelli, Amerio fue decisivamente crítico de la “creatividad litúrgica” postconciliar que, como “auto celebración” niega el carácter de cultus de la liturgia. Fue, por esta razón, uno de los promotores de la primera asociación Una Voce, siendo uno de los primeros socios. Y estuvo en 1971 entre los que solicitaban a la Santa Sede “considerar con la máxima gravedad la tremenda responsabilidad con la que se depararía frente a la historia del espíritu humano, si no consintiese en dejar vivir perpetuamente la Misa tradicional”, petición que fue desoída.

Hacía notar también que el abandono del término “herejía” en los documentos del Magisterio postconciliar, junto con la reorganización del Santo Oficio, tendría consecuencias inevitables tanto en la vida de la Iglesia como en los estudios académicos católicos.

Asimismo extrañaba las nociones clásicas de conversión y de disputa (disputatione), reemplazadas por una llegada de la Iglesia al mundo de manera exclusivamente dialéctica. También se opuso a quienes creían posible la conciliación del catolicismo con las filosofías de Kant, Hegel o Spinoza.

La crisis entorno a la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X y el arzobispo Marcel Lefebvre que culminó con las excomuniones de 1988 trajo bastantes problemas a Amerio, acusado indirecta e injustamente de alentar la ruptura con sus escritos. Vemos que, aunque el término “filolefebvriano” sea de reciente acuñación, el concepto existe desde hace demasiado tiempo…

Sus últimos años de vida transcurrieron en una especie de catacumba académica y familiar. Reconocido por sus alumnos y hasta por el Estado cantonal, sin embargo era absolutamente ignorado en seminarios y facultades de teología como sospechoso de crímenes de lesa conciliaridad.

En 1990 se publicó, con su autorización, una porción (cerca de un décimo) de sus Zibaldone, pensamientos recopilados a la manera de un diario íntimo, como los de Leopardi, escritos a partir de 1939 a lo largo de medio siglo.

Stat Veritas es una obra póstuma comentando algunas proposiciones de la carta apostólica Tertio Millennio Adveniente de Juan Pablo II.

Con la elección al pontificado de su amigo el cardenal Joseph Ratzinger como Benedicto XVI, ha comenzado una lentísima y parcial rehabilitación del teólogo luganense. Al menos, contamos dos jornadas de estudio en honor de Romano Amerio con asistencia de notables prelados y personalidades católicas (Lugano 2005 y Ancona 2007).

Recientemente, la revista jesuita Civiltà Cattolica, “descubrió” el pensamiento de nuestro biografiado, publicando una nota del teólogo y psicólogo Giuseppe Esposito con el sugestivo título: “Enamorado de la verdad y de la Iglesia”. Como notaba un sorprendido Sandro Magister, con esta publicación se rompía un tabú… y bajo el beneplácito de la Santa Sede que censura previamente y autoriza los artículos que aparecen en dicha revista.

Más de un año después, tocaba el turno ahora al Osservatore Romano, el mismo diario que veintidós años antes se había negado a publicar la reseña de Iota Unum que había realizado Mons. Angelo Paredi, entonces prefecto de la Biblioteca Ambrosiana. El 10 de noviembre de 2007, el “diario del Papa” reseñaba el encuentro de Ancona y publicaba un artículo de Raffaele Alessandrini con una relectura favorable de la interpretación que hizo Amerio del Vaticano II.

Incluso, algunas fuentes, lo llaman el “secreto inspirador” de la encíclica Caritas in Veritate de 2009, puesto que en este documento, el Santo Padre recoge numerosos conceptos básicos de la obra teológica y filosófica del profesor de Lugano.

Para profundizar, podemos recomendar de E. M. Radaelli, su discípulo y principal divulgador en la actualidad, la biografía Romano Amerio: Della verità e dell’amore (con introducción de monseñor Antonio Livi e intervención de Divo Barsotti, Marco Oliveri y Antonio Santucci) [Lungro di Cosenza: Marco Editore, 2005] y Romano Amerio (1905-1997): L’Umanista, el Luganese, el Cattolico (separata dirigida por Radaelli, que vino con el nº 54 de la revista Cenobio, Julio-Septiembre de 2005). El profesor Radaelli también mantiene un sitio en Internet que merece la pena, Aurea Domus.

Desde aquí, otros “filolefebvrianos” le recordamos con afecto y devoción.

lunes, 3 de octubre de 2011

El Camino y el sacramento de la Confesión

"No es para hablar a las personas todo lo que diré, sino que quede como un plano de fondo, como base y pueda servirles para resolver los millones de problemas que se podrán presentar con las personas. Servirá para evitar complicaciones, porque el cuestionario sobre la Penitencia se presta a muchas discusiones con las personas."

"No digan nada a las personas de todas estas cosas; simplemente revaloricen el valor comunitario del pecado, su índole social, el poder de la Iglesia, etc."

"La concepción del Sacramento de la Penitencia evolucionará de acuerdo con lo que las personas van viendo en él."

"Y así decimos que la Iglesia primitiva no tuvo la CONFESION como la tenemos hoy, sino que hubo la esencia del Sacramento de la Penitencia que es la conversión, el perdón de los pecados."

"La Iglesia primitiva consideraba los pecados de muerte casi únicamente la apostasía, o sea, la negación del Camino o la salida de él, porque el hombre durante el Camino es flaco y cae, pero sin salir del Camino"(...) Por eso, la Iglesia primitiva no puso el examen de conciencia al final del día, como fue más tarde introducido por los jesuitas, y sí, en la mañana, al levantarse, porque convertirse es colocarse delante de Dios cuando se comienza a caminar."

"La Iglesia primitiva consideraba los pecados que no significaban salir del Camino -- [todos los pecados, fuera de la apostasía] -- como frutos de la flaqueza humana, como propios de un hombre que está en Camino para la plenitud que no tiene aún, pero hacia la cual ya se siente atraído, porque tiene la certeza de ella, porque es testimonio de la santidad de Dios, que es absoluta. En la Iglesia primitiva, con este concepto de pecado, era muy difícil que los bautizados cayesen nuevamente en pecado; por eso la Iglesia primitiva no tiene ninguna explicitación del Sacramento de la Penitencia que no sea el Bautismo."

"Ustedes deben explicar un poco como con Constantino entraron en la Iglesia las masas, perdiéndose en ella un poco el sentido de comunidad. No se ve más una comunidad que camina en constante conversión por los impulsos del Espíritu Santo. Vemos, sí, personas que pecan individualmente, que son absueltas individualmente, y, en seguida, van a comulgar... Pero toda una comunidad en conversión, que se reconoce pecadora, no la vemos."

"Después, con cosas muy graves como el homicidio y, el adulterio público, que eran considerados de muerte cuando la Iglesia se institucionaliza un poco, aparece la institución penitencial."

"En la Iglesia primitiva, la primera explicitación de aquello que podemos llamar Sacramento de la Penitencia para los bautizados que, después de haber seguido el Camino lo abandonan, es la excomunión, porque la Iglesia no es una cosa jurídica, sino sacramental. No se puede comprender la Penitencia sin una noción sacramental de la Iglesia. Si pasamos para una visión jurídica de la Iglesia, como acontecerá después, la Penitencia adquirirá, también una dimensión jurídica."

"La Penitencia era tan rigorosa porque respondía a una conversión y a un Bautismo como aquel de la Iglesia primitiva; pero con la Iglesia de masa, con personas poco convertidas con la aparición de los monjes, surgió también una forma nueva de Penitencia. Los monjes deseaban llevar la conversión, de cualquier manera, a esas personas (porque como las personas pecaban muchísimo, había necesidad de perdonarles de cualquier manera; algo más fácil de hacer) En esa época entró también la mentalidad del Derecho germánico, y el pecado comenzó a ser una cosa legalista, una falta a una serie de preceptos. Así, ahora el perdón de los pecados no acontecía más por medio de un Camino de conversión, sino por una expiación. Comenzaron a aparecer listas de pecados con las expiaciones correspondientes."

"El primer penitencial (el más antiguo) es del siglo VI. En esa época, comenzó a ser necesario decir los pecados: apareció a CONFESION de los pecados. En aquel tiempo, sin embargo, la CONFESION de los pecados no era aún lo esencial, era solamente un medio para la expiación porque, si no dijesen los pecados al monje, este no sabría cual expiación debería ser aplicada. Lo esencial era la expiación... Aquello que interesaba era la salvación personal, y, para obtenerla, se debía expiar mucho."

"De la misma manera, comenzaron las Misas particulares de los monjes, al descubrirse el gran poder expiatorio de la Misa. La Misa se transformó en un medio valiosísimo para expiar. Al poco el abuso aumentó tanto, que un rico podía pagar la propia salvación personal mandando a decir Misas en expiación de los propios pecados."

"Al poco la expiación perdió su carácter esencial, porque aparecieron una serie de abusos, pudiendo ser compensada con limosnas, con Misas y ayunos. A expiación degeneró y perdió su valor. Apareció entonces, como expiación mayor, el hecho de confesar los pecados. La CONFESION de los pecados, por la humillación que comporta y por la vergüenza que se experimenta al hacerla, comenzó a tomar un sentido de expiación. Así entramos en un período en que la CONFESION de los pecados era el centro de la Penitencia."

"Los franciscanos y los dominicanos propagaron, en todo lugar, la CONFESION particular como una devoción. Apareció la CONFESION muy frecuente, al contrario de la Iglesia primitiva."

"Como todo eso era insostenible, se volvió a las confesiones privadas y se hizo de la CONFESION una devoción para la santificación personal, esto duró así hasta nuestros días."

"Así, la CONFESION se transformó en algo tan privado que no se veía la comunidad en ningún lado. El sacramento no era más la expresión de la comunidad eclesial, sino una devoción privada, personal. Todas las degeneraciones nacieron con la perdida del sentido comunitario de la Iglesia como Sacramento. Entonces la Iglesia quedó solamente como un centro jurídico, donde las personas se salvan. La Penitencia, una vez perdida la columna de la comunidad, se transformó en CONFESION individual."

"Así, llegamos al Concilio de Trento. Con este Concilio, del siglo XVI hasta el siglo XX todo permanece bloqueado. Aparecen los confesonarios; las "cajitas" son bien recientes. La necesidad del confesonario nació cuando se comenzó a generalizar la forma de la CONFESION privada, medicinal y de devoción, ocasionada por los monjes. No rían, porque nosotros también la viviremos. La CONFESION como medio de santificación personal, así como la dirección espiritual, todo hace parte del Camino de la perfección. Quien colocó confesonarios en todo lugar fue San Carlos Borromeo. Con detalles que se refieren hasta a la red..."

"Pero, en Trento, se vio todo a la luz de las esencias, de la eficacia y se perdió de vista el valor sacramental de la señal. Por eso, tanto hace que la comunión sea con el pan o con la hostia, que no parece más pan y, sí, papel; que el vino lo beba uno sólo o que beban todos, porque el sacramento se realiza del mismo modo. Se encaró, por tanto, mucho la eficacia del Sacramento de la Penitencia para perdonar los pecados, y la absolución se torna un absoluto. La CONFESION, así, adquirió un sentido mágico, y que la absolución por sí misma es suficiente para perdonar los pecados. La absolución perdona los pecados y usted queda tranquilo."

"Las personas se preguntan si es posible ofender únicamente a Dios. La pregunta es colocada así, porque tenemos una concepción vertical del pecado, individualista: que somos nosotros los que ofendemos, de manera particular a Dios, como si el pecado fuese una ofensa a Dios, en el sentido de robar a Dios a su gloria. Creemos que podemos causar daño a Dios."

"La primera cosa que debemos pensar es que no se puede causar daños a Dios. Dios no puede ser ofendido en el sentido de quitarle la gloria, porque entonces Dios sería vulnerable y no sería más Dios."

"Dios es invulnerable. Usted no puede quitarle la gloria de ninguna manera. Eso dice también un Salmo: ‘estos que levantan su arco contra el cielo, ¿será que creen poder alcanzarme a Mí? ¿No saben que las flechas que lanzan contra Mi van recaer sobre ellos? " Esto sorprende muchísimo a las personas, porque desde pequeños nos dijeron que los pecados hace sufrir al Niño Jesús, si fuéramos malos e indóciles. Y las personas tienen unos conceptos muy sentimentales: piensan que el pecado hace sufrir que el pecado hace sufrir mucho a Jesucristo."

"la práctica de la CONFESION atraviesa, hoy, una crisis absoluta, y, por eso, deseo darles algunas ideas antes de Querigmatizar sobre la conversión, porque el sentido del pecado que la sociedad tiene hoy - sociedad que no es más individualista, sino abierta al sentido comunitario -- hace con que as formas y las maneras con que hoy explicamos este sacramento de la CONFESION no respondan más a las necesidades actuales. Y como no responden a estas necesidades, los jóvenes encontraron la CONFESION sin sentido en lo que respecta a su situación de pecado, porque la CONFESION, así como es hoy, responde a una idea idealista de pecado, no a una idea existencial como hoy la psiquiatría está introduciendo en el mundo. Quiere decir: responde a una idea muy individual de pecado, en cuanto que hoy se están descubriendo los valores comunitarios. Hoy, el sentido de pecado en la justicia social, en la honestidad profesional, en las relaciones con los otros está muy de moda, al paso que el aspecto sexual paso a un segundo plano. Este cambio hace que la explicitación que hoy se hace del Sacramento de la Penitencia, esto es, de la CONFESION, no responde sacramentalmente al sentido que la humanidad tiene del pecado y de la conversión. Por eso, la práctica de la CONFESION está en crisis total. Más aún: veremos luego porqué la CONFESION se transformó en práctica de devoción."

"La Iglesia es una comunidad penitencial; una comunidad penitencial que no se convierte de una vez para siempre... La Iglesia, reconociendo los propios pecados y las propias flaquezas, mostrará la fuerza de Dios, o se comunica a través de ella". "Esta conclusión se refiere al hecho de que la Iglesia es una comunidad en continua metanóia, en conversión, en marcha."

"Por que a Iglesia debe presentarse como una comunidad en conversión, así como era la Iglesia primitiva, donde las personas no se creían ya llegadas o perfectas, eso nace del legalismo, con una manera diferente de ver al sacerdote y a Iglesia."

"En segundo lugar, recupera la Asamblea, que la Iglesia se confiese pecadora. En tercer lugar, recuperar el sentido del Presbítero, como jefe de esta Iglesia. En fin, la importancia de la paz: una persona se siente perdonada en su fondo, cuando se siente en comunión con los hermanos. Por eso es importante el abrazo de la paz. Por eso verán que cuando no estuvieren en paz, es porque su pecado, aunque bien escondido, no los hace sentirse en comunión con los hermanos, porque el pecado es comunitario. Recuperar la comunión con los hermanos es la mayor señal del perdón, del hecho que, verdaderamente, usted encontró la reconciliación."

"Apareciendo la comunidad eclesial, aparecerá también la Penitencia comunitaria. La cosa fundamental es crear la comunidad, y para obtener eso es necesario el proceso catecumenal."

"¿Hasta que punto, para usted, el Presbítero que lo absuelve representa a la comunidad? Las personas dicen que nunca habían pensado en eso. Creen que el Presbítero representa a Jesucristo y a Dios solamente. ¿Pero, a la comunidad? ... ¿Cuál comunidad?"

"Vean como el presbítero no representa solamente a Jesucristo, porque Jesucristo es representado por todo el cuerpo que es la Iglesia. El Obispo y el presbítero representan no sólo a Jesucristo, y sí, a la Iglesia toda, la comunidad. Por eso, el Obispo es quien, en nombre de la Iglesia acoge a quien entra. Eso no se ve mucho como señal hoy."

"Por eso la reforma no consiste en volver a las formas de la Iglesia primitiva, y , sí, manteniendo el Espíritu del Sacramento, su núcleo y su centro, en adecuar las expresiones de manera que estén de acuerdo con el momento presente, a fin de encontrar expresiones que expliciten sacramentalmente el perdón de los pecados y lo realice, o sea, que las personas se sientan en paz. Todo camina en evolución. Así, iremos evolucionando con el Sacramento de la Penitencia para comenzar, una vez encontrado el centro del Camino catecumenal, a entrar verdaderamente en conversión, en un verdadero reconocimiento del pecado."

"Muchos piensan que el ideal sería, como la CONFESION personal es antipática, que hubiese absoluciones generales. Muchos renovadores pensaron eso. Y no crean que eso sería una novedad, porque ya Pío XII dio licencia para absoluciones generales durante la guerra, para todos los soldados. Los grandes liturgicistas dicen que fue una suerte que eso no se impusiera, porque se habría destruido por completo la Penitencia, tornándola aún más mágica. Eso porque el valor del rito no consiste en la absolución, pues en Jesucristo ya estamos perdonados, y si consiste en hacer al hombre capaz de recibir el perdón, que es lo que pretende el proceso catecumenal y el proceso penitencial de la Iglesia primitiva."

"Más tarde, comprendí, que vivir en gracia es vivir en la gratuidad de Dios, con su Amor; es creer en ese perdón y ese amor constante de Dios."

"Aquel tipo de cristianismo marca mucho, porque nos presentamos como perfectos; lo contrario del cristianismo, porque los cristianos no son perfectos, y, sí, iluminados sobre la propia realidad profunda, saben que son pecadores de verdad y experimentan, en este pecado, la misericordia de Dios que perdona y da una vida nueva, fruto de su gracia."


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Fuente: "Orientaciones a los Equipos de Catequistas para la Fase de Conversión" --- Anotaciones sacadas de las grabaciones de los encuentros realizados por Kiko y Carmen, para orientar los equipos de Catequistas de Madrid, en febrero de 1972.

Ahora bien, si queréis conocer el concepto católico del sacramento, recomendamos leer el motu proprio Misericordia Dei sobre algunos aspectos de la celebración del sacramento de la penitencia, que termina: 

"Todo lo que he establecido con la presente Carta apostólica en forma de Motu proprio, ordeno que tenga valor pleno y permanente, y se observe a partir de este día, sin que obste cualquier otra disposición en contra.Lo que he establecido con esta Carta tiene valor también, por su naturaleza, para las venerables Iglesias Orientales Católicas, en conformidad con los respectivos cánones de su propio Código.
Dado en Roma, junto a San Pedro, el 7 de abril, Domingo de la octava de Pascua o de la Divina Misericordia, en el año del Señor 2002, vigésimo cuarto de mi Pontificado. JUAN PABLO II".


El Camino y el sacramento de la Confesión

"No es para hablar a las personas todo lo que diré, sino que quede como un plano de fondo, como base y pueda servirles para resolver los millones de problemas que se podrán presentar con las personas. Servirá para evitar complicaciones, porque el cuestionario sobre la Penitencia se presta a muchas discusiones con las personas."

"No digan nada a las personas de todas estas cosas; simplemente revaloricen el valor comunitario del pecado, su índole social, el poder de la Iglesia, etc."

"La concepción del Sacramento de la Penitencia evolucionará de acuerdo con lo que las personas van viendo en él."

"Y así decimos que la Iglesia primitiva no tuvo la CONFESION como la tenemos hoy, sino que hubo la esencia del Sacramento de la Penitencia que es la conversión, el perdón de los pecados."

"La Iglesia primitiva consideraba los pecados de muerte casi únicamente la apostasía, o sea, la negación del Camino o la salida de él, porque el hombre durante el Camino es flaco y cae, pero sin salir del Camino"(...) Por eso, la Iglesia primitiva no puso el examen de conciencia al final del día, como fue más tarde introducido por los jesuitas, y sí, en la mañana, al levantarse, porque convertirse es colocarse delante de Dios cuando se comienza a caminar."

"La Iglesia primitiva consideraba los pecados que no significaban salir del Camino -- [todos los pecados, fuera de la apostasía] -- como frutos de la flaqueza humana, como propios de un hombre que está en Camino para la plenitud que no tiene aún, pero hacia la cual ya se siente atraído, porque tiene la certeza de ella, porque es testimonio de la santidad de Dios, que es absoluta. En la Iglesia primitiva, con este concepto de pecado, era muy difícil que los bautizados cayesen nuevamente en pecado; por eso la Iglesia primitiva no tiene ninguna explicitación del Sacramento de la Penitencia que no sea el Bautismo."

"Ustedes deben explicar un poco como con Constantino entraron en la Iglesia las masas, perdiéndose en ella un poco el sentido de comunidad. No se ve más una comunidad que camina en constante conversión por los impulsos del Espíritu Santo. Vemos, sí, personas que pecan individualmente, que son absueltas individualmente, y, en seguida, van a comulgar... Pero toda una comunidad en conversión, que se reconoce pecadora, no la vemos."

"Después, con cosas muy graves como el homicidio y, el adulterio público, que eran considerados de muerte cuando la Iglesia se institucionaliza un poco, aparece la institución penitencial."

"En la Iglesia primitiva, la primera explicitación de aquello que podemos llamar Sacramento de la Penitencia para los bautizados que, después de haber seguido el Camino lo abandonan, es la excomunión, porque la Iglesia no es una cosa jurídica, sino sacramental. No se puede comprender la Penitencia sin una noción sacramental de la Iglesia. Si pasamos para una visión jurídica de la Iglesia, como acontecerá después, la Penitencia adquirirá, también una dimensión jurídica."

"La Penitencia era tan rigorosa porque respondía a una conversión y a un Bautismo como aquel de la Iglesia primitiva; pero con la Iglesia de masa, con personas poco convertidas con la aparición de los monjes, surgió también una forma nueva de Penitencia. Los monjes deseaban llevar la conversión, de cualquier manera, a esas personas (porque como las personas pecaban muchísimo, había necesidad de perdonarles de cualquier manera; algo más fácil de hacer) En esa época entró también la mentalidad del Derecho germánico, y el pecado comenzó a ser una cosa legalista, una falta a una serie de preceptos. Así, ahora el perdón de los pecados no acontecía más por medio de un Camino de conversión, sino por una expiación. Comenzaron a aparecer listas de pecados con las expiaciones correspondientes."

"El primer penitencial (el más antiguo) es del siglo VI. En esa época, comenzó a ser necesario decir los pecados: apareció a CONFESION de los pecados. En aquel tiempo, sin embargo, la CONFESION de los pecados no era aún lo esencial, era solamente un medio para la expiación porque, si no dijesen los pecados al monje, este no sabría cual expiación debería ser aplicada. Lo esencial era la expiación... Aquello que interesaba era la salvación personal, y, para obtenerla, se debía expiar mucho."

"De la misma manera, comenzaron las Misas particulares de los monjes, al descubrirse el gran poder expiatorio de la Misa. La Misa se transformó en un medio valiosísimo para expiar. Al poco el abuso aumentó tanto, que un rico podía pagar la propia salvación personal mandando a decir Misas en expiación de los propios pecados."

"Al poco la expiación perdió su carácter esencial, porque aparecieron una serie de abusos, pudiendo ser compensada con limosnas, con Misas y ayunos. A expiación degeneró y perdió su valor. Apareció entonces, como expiación mayor, el hecho de confesar los pecados. La CONFESION de los pecados, por la humillación que comporta y por la vergüenza que se experimenta al hacerla, comenzó a tomar un sentido de expiación. Así entramos en un período en que la CONFESION de los pecados era el centro de la Penitencia."

"Los franciscanos y los dominicanos propagaron, en todo lugar, la CONFESION particular como una devoción. Apareció la CONFESION muy frecuente, al contrario de la Iglesia primitiva."

"Como todo eso era insostenible, se volvió a las confesiones privadas y se hizo de la CONFESION una devoción para la santificación personal, esto duró así hasta nuestros días."

"Así, la CONFESION se transformó en algo tan privado que no se veía la comunidad en ningún lado. El sacramento no era más la expresión de la comunidad eclesial, sino una devoción privada, personal. Todas las degeneraciones nacieron con la perdida del sentido comunitario de la Iglesia como Sacramento. Entonces la Iglesia quedó solamente como un centro jurídico, donde las personas se salvan. La Penitencia, una vez perdida la columna de la comunidad, se transformó en CONFESION individual."

"Así, llegamos al Concilio de Trento. Con este Concilio, del siglo XVI hasta el siglo XX todo permanece bloqueado. Aparecen los confesonarios; las "cajitas" son bien recientes. La necesidad del confesonario nació cuando se comenzó a generalizar la forma de la CONFESION privada, medicinal y de devoción, ocasionada por los monjes. No rían, porque nosotros también la viviremos. La CONFESION como medio de santificación personal, así como la dirección espiritual, todo hace parte del Camino de la perfección. Quien colocó confesonarios en todo lugar fue San Carlos Borromeo. Con detalles que se refieren hasta a la red..."

"Pero, en Trento, se vio todo a la luz de las esencias, de la eficacia y se perdió de vista el valor sacramental de la señal. Por eso, tanto hace que la comunión sea con el pan o con la hostia, que no parece más pan y, sí, papel; que el vino lo beba uno sólo o que beban todos, porque el sacramento se realiza del mismo modo. Se encaró, por tanto, mucho la eficacia del Sacramento de la Penitencia para perdonar los pecados, y la absolución se torna un absoluto. La CONFESION, así, adquirió un sentido mágico, y que la absolución por sí misma es suficiente para perdonar los pecados. La absolución perdona los pecados y usted queda tranquilo."

"Las personas se preguntan si es posible ofender únicamente a Dios. La pregunta es colocada así, porque tenemos una concepción vertical del pecado, individualista: que somos nosotros los que ofendemos, de manera particular a Dios, como si el pecado fuese una ofensa a Dios, en el sentido de robar a Dios a su gloria. Creemos que podemos causar daño a Dios."

"La primera cosa que debemos pensar es que no se puede causar daños a Dios. Dios no puede ser ofendido en el sentido de quitarle la gloria, porque entonces Dios sería vulnerable y no sería más Dios."

"Dios es invulnerable. Usted no puede quitarle la gloria de ninguna manera. Eso dice también un Salmo: ‘estos que levantan su arco contra el cielo, ¿será que creen poder alcanzarme a Mí? ¿No saben que las flechas que lanzan contra Mi van recaer sobre ellos? " Esto sorprende muchísimo a las personas, porque desde pequeños nos dijeron que los pecados hace sufrir al Niño Jesús, si fuéramos malos e indóciles. Y las personas tienen unos conceptos muy sentimentales: piensan que el pecado hace sufrir que el pecado hace sufrir mucho a Jesucristo."

"la práctica de la CONFESION atraviesa, hoy, una crisis absoluta, y, por eso, deseo darles algunas ideas antes de Querigmatizar sobre la conversión, porque el sentido del pecado que la sociedad tiene hoy - sociedad que no es más individualista, sino abierta al sentido comunitario -- hace con que as formas y las maneras con que hoy explicamos este sacramento de la CONFESION no respondan más a las necesidades actuales. Y como no responden a estas necesidades, los jóvenes encontraron la CONFESION sin sentido en lo que respecta a su situación de pecado, porque la CONFESION, así como es hoy, responde a una idea idealista de pecado, no a una idea existencial como hoy la psiquiatría está introduciendo en el mundo. Quiere decir: responde a una idea muy individual de pecado, en cuanto que hoy se están descubriendo los valores comunitarios. Hoy, el sentido de pecado en la justicia social, en la honestidad profesional, en las relaciones con los otros está muy de moda, al paso que el aspecto sexual paso a un segundo plano. Este cambio hace que la explicitación que hoy se hace del Sacramento de la Penitencia, esto es, de la CONFESION, no responde sacramentalmente al sentido que la humanidad tiene del pecado y de la conversión. Por eso, la práctica de la CONFESION está en crisis total. Más aún: veremos luego porqué la CONFESION se transformó en práctica de devoción."

"La Iglesia es una comunidad penitencial; una comunidad penitencial que no se convierte de una vez para siempre... La Iglesia, reconociendo los propios pecados y las propias flaquezas, mostrará la fuerza de Dios, o se comunica a través de ella". "Esta conclusión se refiere al hecho de que la Iglesia es una comunidad en continua metanóia, en conversión, en marcha."

"Por que a Iglesia debe presentarse como una comunidad en conversión, así como era la Iglesia primitiva, donde las personas no se creían ya llegadas o perfectas, eso nace del legalismo, con una manera diferente de ver al sacerdote y a Iglesia."

"En segundo lugar, recupera la Asamblea, que la Iglesia se confiese pecadora. En tercer lugar, recuperar el sentido del Presbítero, como jefe de esta Iglesia. En fin, la importancia de la paz: una persona se siente perdonada en su fondo, cuando se siente en comunión con los hermanos. Por eso es importante el abrazo de la paz. Por eso verán que cuando no estuvieren en paz, es porque su pecado, aunque bien escondido, no los hace sentirse en comunión con los hermanos, porque el pecado es comunitario. Recuperar la comunión con los hermanos es la mayor señal del perdón, del hecho que, verdaderamente, usted encontró la reconciliación."

"Apareciendo la comunidad eclesial, aparecerá también la Penitencia comunitaria. La cosa fundamental es crear la comunidad, y para obtener eso es necesario el proceso catecumenal."

"¿Hasta que punto, para usted, el Presbítero que lo absuelve representa a la comunidad? Las personas dicen que nunca habían pensado en eso. Creen que el Presbítero representa a Jesucristo y a Dios solamente. ¿Pero, a la comunidad? ... ¿Cuál comunidad?"

"Vean como el presbítero no representa solamente a Jesucristo, porque Jesucristo es representado por todo el cuerpo que es la Iglesia. El Obispo y el presbítero representan no sólo a Jesucristo, y sí, a la Iglesia toda, la comunidad. Por eso, el Obispo es quien, en nombre de la Iglesia acoge a quien entra. Eso no se ve mucho como señal hoy."

"Por eso la reforma no consiste en volver a las formas de la Iglesia primitiva, y , sí, manteniendo el Espíritu del Sacramento, su núcleo y su centro, en adecuar las expresiones de manera que estén de acuerdo con el momento presente, a fin de encontrar expresiones que expliciten sacramentalmente el perdón de los pecados y lo realice, o sea, que las personas se sientan en paz. Todo camina en evolución. Así, iremos evolucionando con el Sacramento de la Penitencia para comenzar, una vez encontrado el centro del Camino catecumenal, a entrar verdaderamente en conversión, en un verdadero reconocimiento del pecado."

"Muchos piensan que el ideal sería, como la CONFESION personal es antipática, que hubiese absoluciones generales. Muchos renovadores pensaron eso. Y no crean que eso sería una novedad, porque ya Pío XII dio licencia para absoluciones generales durante la guerra, para todos los soldados. Los grandes liturgicistas dicen que fue una suerte que eso no se impusiera, porque se habría destruido por completo la Penitencia, tornándola aún más mágica. Eso porque el valor del rito no consiste en la absolución, pues en Jesucristo ya estamos perdonados, y si consiste en hacer al hombre capaz de recibir el perdón, que es lo que pretende el proceso catecumenal y el proceso penitencial de la Iglesia primitiva."

"Más tarde, comprendí, que vivir en gracia es vivir en la gratuidad de Dios, con su Amor; es creer en ese perdón y ese amor constante de Dios."

"Aquel tipo de cristianismo marca mucho, porque nos presentamos como perfectos; lo contrario del cristianismo, porque los cristianos no son perfectos, y, sí, iluminados sobre la propia realidad profunda, saben que son pecadores de verdad y experimentan, en este pecado, la misericordia de Dios que perdona y da una vida nueva, fruto de su gracia."


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Fuente: "Orientaciones a los Equipos de Catequistas para la Fase de Conversión" --- Anotaciones sacadas de las grabaciones de los encuentros realizados por Kiko y Carmen, para orientar los equipos de Catequistas de Madrid, en febrero de 1972.

Ahora bien, si queréis conocer el concepto católico del sacramento, recomendamos leer el motu proprio Misericordia Dei sobre algunos aspectos de la celebración del sacramento de la penitencia, que termina: 

"Todo lo que he establecido con la presente Carta apostólica en forma de Motu proprio, ordeno que tenga valor pleno y permanente, y se observe a partir de este día, sin que obste cualquier otra disposición en contra.Lo que he establecido con esta Carta tiene valor también, por su naturaleza, para las venerables Iglesias Orientales Católicas, en conformidad con los respectivos cánones de su propio Código.
Dado en Roma, junto a San Pedro, el 7 de abril, Domingo de la octava de Pascua o de la Divina Misericordia, en el año del Señor 2002, vigésimo cuarto de mi Pontificado. JUAN PABLO II".


domingo, 2 de octubre de 2011

Beato Angélico: predicar con los pinceles


Los grandes pintores hablan más con los pinceles y colores que con las palabras. Fray Juan Angélico de Fiésole, más conocido como Beato Angélico, es uno de ellos. El Papa Pío XII comenta así su predicación:

“La exposición que hace de los temas es sencilla y lineal, modelada al estilo de los mismos evangelistas. Sus personajes revelan siempre una intensa vida íntima, que transfigura los rostros, los gestos, sus actitudes. Narrando y describiendo al pueblo los misterios divinos se manifiesta como el atento “predicador” tal como realmente lo es: busca provocar en un primer momento por los elementos descriptivos y decorativos una admiración inmediata, para a continuación, hablar serenamente a la intimidad de las almas. Por una parte busca inculcar las verdades de la fe, persuadiendo los ánimos con las formas su de belleza; por otra parte se propone inducir a los fieles a la práctica de las virtudes cristianas, proponiendo modelos amables y atrayentes. Por esta segunda finalidad su obra se transforma en un mensaje perenne de cristianismo viviente, y a la vez, también, un mensaje profundamente humano que se apoya sobre la fuerza , trascendente al hombre, de la misma religión. Por esta fuerza todo hombre que se pone en contacto directo con Dios y sus misterios, se transforma a semejanza de Dios en su santidad, belleza y bienaventuranza: se hace, pues, un hombre que refleja el designio original de Dios sobre él. El pincel de Fray Angélico da vida de este modo a un tipo de hombre-modelo, no diverso de los ángeles, en el cual todo es equilibrado, sereno y perfecto: es el modelo de hombres y de cristianos, quizá poco frecuente en las actuales condiciones de vida terrena, pero que deben ser propuestos como modelos a la imitación del pueblo.”

Beato Angélico: predicar con los pinceles


Los grandes pintores hablan más con los pinceles y colores que con las palabras. Fray Juan Angélico de Fiésole, más conocido como Beato Angélico, es uno de ellos. El Papa Pío XII comenta así su predicación:

“La exposición que hace de los temas es sencilla y lineal, modelada al estilo de los mismos evangelistas. Sus personajes revelan siempre una intensa vida íntima, que transfigura los rostros, los gestos, sus actitudes. Narrando y describiendo al pueblo los misterios divinos se manifiesta como el atento “predicador” tal como realmente lo es: busca provocar en un primer momento por los elementos descriptivos y decorativos una admiración inmediata, para a continuación, hablar serenamente a la intimidad de las almas. Por una parte busca inculcar las verdades de la fe, persuadiendo los ánimos con las formas su de belleza; por otra parte se propone inducir a los fieles a la práctica de las virtudes cristianas, proponiendo modelos amables y atrayentes. Por esta segunda finalidad su obra se transforma en un mensaje perenne de cristianismo viviente, y a la vez, también, un mensaje profundamente humano que se apoya sobre la fuerza , trascendente al hombre, de la misma religión. Por esta fuerza todo hombre que se pone en contacto directo con Dios y sus misterios, se transforma a semejanza de Dios en su santidad, belleza y bienaventuranza: se hace, pues, un hombre que refleja el designio original de Dios sobre él. El pincel de Fray Angélico da vida de este modo a un tipo de hombre-modelo, no diverso de los ángeles, en el cual todo es equilibrado, sereno y perfecto: es el modelo de hombres y de cristianos, quizá poco frecuente en las actuales condiciones de vida terrena, pero que deben ser propuestos como modelos a la imitación del pueblo.”

viernes, 30 de septiembre de 2011

Genealogía del voluntarismo



"El voluntarismo es contra la natura ordenada, pero por desgracia es conforme a la natura caída: Caín es el primer voluntarista, el primer cultor de la voluntad de poder: él y sus hijos Tubal y Tubalcaín inventaron la técnica; Nemrod fundó la primera ciudad amurallada; la torre de Babel fue el primer acto de culto tecnolátrico.

El voluntarismo domina la época, empapa toda la Filosofía moderna y desde allí reina en toda la práctica, desde la técnica hasta la religión: los que mandan hoy día no son los contemplativos sino los prácticos; no los sabios, sino los expertos y astutos; no los más inteligentes, sino los más briosos y dominadores. “Dichosos los mansos porque ellos poseerán la tierra” —dijo Cristo. La tierra la poseen hoy día no los mansos sino los violentos. “Voy a destruir la tierra; porque la veo llena de violencia” —dice Dios a Noé. La herejía voluntarista nació en la Cristiandad Occidental en los siglos XVI y XVII, aunque la tendencia a esa desordenación existió siempre, naturalmente. Lutero es voluntarista. En el ámbito de nuestra raza, el voluntarismo está representado por Francisco Suárez, del siglo XVII, que en sus “Disputationes Metaphysícae” hizo una especie de compendio de la Filosofía Cristiana, pero introduciendo en ella el voluntarismo de Duns Scoto y de William Occam. Un jesuita y dos franciscanos: la herejía voluntarista (herejía filosófica, desde luego) comenzó en la Iglesia y después se propagó al Estado. Russell cree que los jesuitas introdujeron el voluntarismo; no los primeros jesuitas ciertamente, puesto que San Ignacio fue un contemplativo, Diego Laínez un especulativo aunque mediocre, Francisco de Borja un místico; pero después vino un práctico, Claudio Acquaviva, “el segundo fundador de nuestra Compañía”, como lo llama el P. Astrain, y comenzó el dominio de los prácticos, de los “briosos sin letras”, como dice el P. Mariana. Pero eso ya no era privativo de los jesuitas sino característica de una época naciente que había de reflejar Descartes. Descartes es tan voluntarista que sostiene que “toda afirmación proviene de la voluntad y no del intelecto”, es decir que toda afirmación no es ciencia sino creencia. Si el P. Mariana hubiese sido General de la Compañía de Jesús en vez del P. Acquaviva, es probable que la Compañía de Jesús hubiese seguido la línea de San Ignacio; pero al P. Mariana lo hubiesen muerto."

Tomado de: Castellani, Leonardo. PSICOLOGÍA HUMANA. p. 198.